Ningún foráneo puede entender como esos coches de los años cincuenta aún puedan moverse por las calles y carreteras de Cuba, y sin embargo lo hacen. El transporte en Cuba también es especial, desde taxistas ilegales siempre esquivando a la policía, pasando por el transporte familiar a la playa o a sus pueblos en cajas de camiones destartalados, el acondicionar bicicletas para transportar viajeros, enormes camiones convertidos en autobuses a los que llaman camellos, hacer auto-stop (botella) la mayoría de la población, aviones que se mantienen en el aire como por arte de magia,…

Seis muertos y 30 lesionados fue el saldo del choque entre un ómnibus y un camión, en Camagüey, al oriente de Cuba. Tenían documentos falsos. "El ómnibus tenía mucho desgaste del sistema de dirección, que, unido a las adaptaciones, lo convirtieron en un peligro en la carretera", reveló la investigación.
Otro choque, en Holguín, originó más de cuarenta lesionados, muchos de gravedad. Uno más, en Santiago de Cuba, causó sesenta heridos y un fallecido.
En febrero pasado, cinco vehículos quedaron parcial o totalmente destruidos, con un número no revelado de heridos y fallecidos, por una colisión en la intersección de la Autopista Nacional y Alamar, en La Habana. Los vehículos involucrados tenían problemas mecánicos.
Los medios oficiales (únicos) publican escasas noticias sobre el asunto, solo en casos de inocultables accidentes masivos, pero existe una preocupante situación de peligro en las vías.

Abundan las bromas entre los clientes de la única línea de autobuses nacionales, la ASTRO, que a pesar de su nombre cada día pierde más brillo, porque las guaguas envejecen sin recibir mucho mantenimiento, los espaldares de los estrechos asientos, por ejemplo, adolecen de los bolsillos de malla para colocar pomos con agua o algún otro objeto que debamos llevar a la mano que otrora poseían. En muchos de los ómnibus las cortinas cuelgan con roturas o es imposible recogerlas acordonándolas con los broches destinados para ello, así que o viaja tomando el caliente sol cubano, si es de día, o se resfría con la luz de la luna que atraviesa los cristales, si es de noche, o simplemente no puede ver el exterior durante todo el viaje, cuestión esta muy negativa para los claustrofóbicos. Si añadimos la pestilencia que se desprende del baño sumado a la monotonía de los viajes porque las pantallas para proyectar filmes o musicales cuelgan inservibles durante todo el trayecto. Pero lo más incómodo continúa siendo la estrechez entre los asientos.
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