Escrito por Isabel Sánchez
Publicado el 16 Septiembre 2011
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De pierna cruzada en el muro del Malecón de La Habana, su delgadez masculina ceñida en un diminuto vestido rojo, ‘Malú’ sueña con ir al quirófano ahora que el cambio de sexo tiene vía libre en Cuba, luego de una época oscura de marginación a los homosexuales.

“Espero lograrlo. Me siento mujer, pero… ¿cómo le puedo demostrar a un hombre que lo soy si tengo un pene ‘alante’ (adelante)?”, dice a la AFP con sonrisa maliciosa este trigueño de 25 años.

Dos décadas después de suspendidas esas cirugías por la polémica que causó un único y exitoso caso, en Cuba, donde en los años 60 y 70 se recluyó en campos de trabajo a homosexuales, comenzaron las operaciones que suprimen o añaden rasgos y partes propias de un sexo, para un cambio total.

“Hemos empezado a hacer cirugías feminizantes y masculinizantes con miras a hacer la reasignación sexual completa”, anunció esta semana la sexóloga Mariela Castro, hija del presidente Raúl Castro y directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex).

La luz verde la dio una resolución aprobada hace un año por el Ministerio de Salud, que establece un plan de atención a transexuales dentro del sistema de salud, gratuito en Cuba.

De 100 casos bajo análisis de una comisión de especialistas, 28 son ‘trans’ confirmados, 19 de estos listos para cirugía, ocho no cumplen condiciones de salud y el otro es el operado en 1988, que hoy vive como mujer.

Diagnosticada, Angelí Bravo se dice “encantada” a la espera de su operación: “Soy una mujer en toda la extensión de la palabra”, afirma esta promotora de salud de 41 años, que con orgullo exhibe su nombre femenino estampado en el carné de identidad.

Pero Malú, quien estudió diseño computarizado, debe armarse de paciencia. Lleva nueve meses con médicos y sicólogos en un proceso de diagnóstico que tarda unos dos años.

Yoaris Scull, de 23 años, toma hormonas desde que tenía 12. “Jamás he tenido relación con una mujer, no me gustan”, dice agitando su larga peluca rubia, frente a los curiosos en un parque junto al mar.

“¡Puta. Descara’o!”, le grita uno de ellos a la flaca vestida de encendido color naranja que se contonea imperturbable.

De “descara’o, nada”, expresa Yoaris. De día trabaja de bodeguero en La Habana Vieja. De noche, el fin de semana, en un show travesti. Vive “formalmente” con su celoso novio, un barrendero de 25 años.

“Estamos enamorados. Hacemos linda pareja, pero se apena cuando vamos juntos y nos gritan groserías. Si me operaran lo que más le gustaría es que me pusieran senos, ojalá talla 36″, se carcajea, llevándose las manos a un pecho casi plano.

Apoyada por su padre, Mariela lidera una cruzada nacional. “Tenemos que educar mucho más, hay gente que acepta y otra que no. Nos consta por las cartas que llegan” al Partido Comunista, dijo bailando conga en la calle con gays, travestis y ‘trans’, hace una semana en una jornada contra la homofobia.

Mientras perfila sus cejas ante un espejo roto en su sombría vivienda de Centro Habana, Yalorde, de 23 años, lamenta que “Mariela dice una cosa y la policía hace otra: recogidas (redadas) y persecución”.

Viéndola acomodarse unos senos de trapo, su amiga Yoaris, que pasó a visitarla, coincide en que “todavía falta mucho por cambiar” pues muchos los “recriminan y desprecian”.

“Aún hay homofobia y debemos enfrentarlo. Cambiar de sexo es algo muy serio, no es una moda. Queremos realizarnos como persona, integrarnos a la sociedad”, opina Angelí.

Para la Iglesia católica, Cuba “tocó fondo”. “Somos hombres o somos mujeres. Cada uno debe aprender a vivir con la naturaleza que Dios le ha dado”, declaró a la AFP el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Dionisio García.

Malú cree que “Dios debería respetar” su orientación sexual: “No hago daño a nadie. Solo quiere estabilizarme con una pareja y vivir tranquila como la mujer linda que soy”.

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