Una profesión poco apreciada

Encontré a Oneida tarde en la noche en la esquina de la calzada donde se encuentra la iglesia católica de Mantilla, barrio al sur de la capital cubana donde vivo. Mayor sorpresa me produjo reconocer en su rostro las huellas de agotamiento que encontrarla a esa hora de la noche en la calle.
Pensé decirle que podríamos compartir el agotamiento de cada uno en lugar de cargarlos por separado. Mas ella se adelantó cuando me explicó que regresaba después de trabajar 36 horas ininterrumpidas, que ingirió durante ese tiempo más líquidos que sólidos, y que volvería a salir con el mismo objetivo luego de 12 horas de descanso.
Si usted tiene duda de que algún trabajador labore esa cantidad de horas seguidas, tal duda se evaporará cuando le explique que Oneida es enfermera.
Hoy por hoy una de las profesiones menos apreciadas por cualquier joven que desee estudiar una carrera, es la enfermería. La única razón que los mueve a matricularla es el temor al desempleo.
Oneida hacía un turno de trabajo tan largo porque una de las otras dos colegas de su turno pidió vacaciones y, al no haber sustituta, la otra compañera y ella debieron cubrir el trabajo de la enfermera ausente.
Respondiendo a mis preguntas, me comentó que no había personal de enfermería suficiente, y que los jóvenes recién incorporados no estaban preparados para atender pacientes complicados como los que ellas atendían. Me dijo que además los pocos que culminaban sus estudios abandonaban los puestos de trabajo en un corto plazo.
Sin embargo, nada de lo que me contó hasta ese momento me impactó tanto como la declaración con la cual prosiguió la conversación. Afirmó que ya no tiene vida propia, ni descanso real, ni mucho menos algún tipo de recreación. A esa hora regresaba a su casa a preparar algo de comer, asearse, cenar a la carrera y meterse en la cama. Ya no daba para más.
Al despedirnos sentenció: "Cualquier día dejo este trabajo y me dedico a vender pizzas a diez pesos".
Así me habló esta mujer que conozco hace años y de la que siempre guardé una imagen positiva y optimista, de dedicación a su trabajo. Hoy es el reflejo de la frustración que representa para ella su oficio. Un sentimiento que no es particular, pues es compartido por muchos de sus colegas, gracias a las condiciones tan duras que están obligados a enfrentar.
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