Escrito por Víctor Manuel Domínguez
Publicado el 26 Octubre 2011
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La formación vocacional en Cuba está en crisis. El decrecimiento de la motivación por especialidades antes anheladas es una muestra de esta tendencia. Según fuentes del Ministerio de Educación Superior (MES), en información publicada en el semanario Trabajadores, el hecho ocurre pese a que el incremento de las carreras representó 10 veces más plazas en los últimos diez años (de 20 mil en 1998 a 200 mil en 2007).

Sin querer analizar las causas de la debacle, los especialistas creen que junto al salto cuantitativo se ha flexibilizado el sistema de acceso directo a las carreras universitarias. Pero las razones de los interesados son muchas, y van desde la vocación real por determinada especialidad, hasta los resultados prácticos, el prestigio social y el desenvolvimiento económico que deja el hecho de ejercerlas.

Si antes un maestro o un médico eran tomados como referencia de realización personal, hoy la formación en masa de graduados en ambas profesiones, así como los bajos salarios y las condiciones de vida de quienes se desempeñan en esos sectores, hacen la diferencia a la hora de elegir cuál camino emprender hacia el futuro.

El éxodo masivo de especialistas del sector educacional hacia otras labores de menor nivel, pero que permiten una mayor solvencia económica, constituye un medidor de peso a la hora de elegir una carrera. Lo mismo ocurre a quienes ejercen la medicina. Los médicos, imposibilitados por ley de practicar otras labores, son considerados entre los que más trabajan y menos reciben, salvo el sacrificio que implica cumplir misiones internacionalistas, única solución para resarcirse de las penurias materiales.

A un joven cubano del siglo XXI no se le puede andar con romanticismos de prestigios y vocación, cuando desde los zapatos nuevos hasta el acceso a un cabaret o un restaurante, están bien lejos del salario y la profesión de médico, ingeniero, o maestro.

Para un joven que ha crecido en la imposibilidad de acceso a sus lugares preferidos por la dolarización de la economía, nada mejor que optar por un puesto en el denominado sector emergente del turismo.

No son pocos los casos de profesionales de alto nivel que se desempeñan detrás de una barra, de mochila o maleteros de un hotel, entre otros desempeños tradicionalmente ejercidos por personas de bajo nivel educacional.

Si esto es un fenómeno a nivel mundial, no sólo de Cuba; o si lo que sucede es que los estudiantes no tienen la información precisa de lo que pueden hacer un matemático, un físico o un químico, la cuestión es que la mayoría busca un equilibrio justo entre vocación y resultados.

Todas las profesiones y oficios son necesarios, dignos, pero no se puede aplaudir ni juzgar a quienes se desilusionan al ver la inversión de valores existente en la Isla, donde cualquier vendedor semi analfabeto o prostituta, disfrutan de un nivel de vida más elevado que el de un profesional que apura el paso por la acera de enfrente.

La vocación puede esperar; la vida no. Es la disyuntiva que se abre ante los aspirantes a una carrera universitaria.

Domingo, 19 de Abril del 2009

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