La odisea de Lázara Zuleyda Montejo Peña comenzó cuando le salió un contrato de trabajo para mejorar la vida de ella y sus hijos en Cuba, puesto que su cargo de abogada no le da para mantener la precaria economía familiar puesto que es madre soltera y uno de los hijos es discapacitado.

La casa donde vivía antes de marcharse está puesta a nombre del hijo discapacitado, puesto que su madre se la dejó en herencia al niño. En ese momento todos los hermanos estaban de acuerdo puesto que se trataba de una destartalada casa de madera, la más mala del barrio.
Al salir Zuleyda para España y comenzar a trabajar y enviar dinero las cosas se torcieron, el hermano menor de ella Javier Montejo Peña se metió en la casa y le propino sendas palizas al discapacitado, echó al segundo hijo que tuvo que refugiarse en casa de su padre y el discapacitado tuvo que ir a casa de una vecina.
Ante tal situación Zuleyda regresa a Cuba a reclamar la casa puesto que no podía estar ocupada por alguien que no es su propietario legítimo, mientras que un menor de edad discapacitado estaba en la calle golpeado por su propio tío.
El famoso C.D.R/F.M.C y cuanta sigla exista en Cuba no hizo nada por los menores. Gracias a la vecina, que intervino, Zuleyda, muy a pesar suyo, regresó a Cuba, donde encontró a un jefe de la policía que se ríe de ella, la vivienda no toma cartas en el asunto y en una discusión su propio hermano la machetea quedando gravemente herida en las dos manos.
Javier Montejo Peña no solo maltrató a su sobrino discapacitado y a su hermana, sino que es a mi hermana a la que condenan y meten en la cárcel por quejarse de la pasividad de las autoridades cubanas.
En el pueblo de Güines, para ser exactos, es más delito salir al extranjero a trabajar que maltratar a una mujer y unos niños, Eso sin tener en cuenta la infinidad de papeleos que ha hecho tiempo atrás para obtener el dichoso permiso de obra, que nunca le concedieron a pesar de ser abogada y tener un hijo discapacitado a su cargo.
La casa se cae en trozos, pero ella no tiene otro sitio a donde ir, así que la ha defendido con uñas y dientes.
Aún le quedan juicios porque a pesar de la gravedad de las heridas, necesitan más pruebas del maltrato recibido, no solo el físico sino el sicológico, pero el juicio más descarado e inhumano es que la quieren echar de su propio país por estar dos años en el extranjero, cuando ella nunca renunció a ser cubana y no tiene otra nacionalidad.
Pero si cuba no la quiere yo soy su hermana que desde la distancia la ayudo todo lo que puedo y estoy dispuesta a recibirla con los brazos abiertos una vez más.
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