Escrito por Osmar Laffita Rojas - CubaNet
Publicado el 26 Octubre 2011
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En Ciudad de La Habana, con una población de dos millones de habitantes, la demanda de alimentos es cada día mayor, pero la respuesta de los encargados de garantizar el suministro de productos agrícolas a la red minorista, dista mucho de satisfacer la demanda. En la capital funcionan 308 mercados agropecuarios estatales y un número similar de puntos de venta vinculados a la agricultura urbana.

En agosto del año pasado el gobierno encargó la comercialización de los productos del agro al Ministerio de Comercio Interior (MINCIN). Todo apuntaba a que se terminaba con la pesadilla de las empresas de acopio del Ministerio de Agricultura. Los más optimistas respiraron tranquilos. Por fin los capitalinos podrían comprar viandas, frutas, vegetales y carne. Pero otra vez se reactivaron los ineficientes centros de acopio y, por el momento, funcionan 5 en la periferia de la capital. Su cometido es acopiar y distribuir los productos del agro producidos por campesinos independientes y cooperativistas, procedentes de los 14 municipios de provincia Habana.

El cuello de botella se produce cuando hay altas producciones de plátano, boniato, yuca, tomate o cebolla. Esto ocurre por la limitada capacidad de almacenamiento y los ineficientes mecanismos de distribución. Los camiones cargados (de productos perecederos) tienen que esperar uno o dos días para ser descargados y luego volver a ser cargados para distribuir la mercancía a los mercados agropecuarios de la capital.

Esta locura hace que las viandas, vegetales y frutas, de primera calidad, cosechados por los campesinos y las cooperativas, lleguen a los mostradores de los mercados convertidos en rastrojos semi podridos, de tercera, debido a la innecesaria demora y a la sucesiva manipulación y maltrato, durante los almacenamientos y la transportación. Eso es, si llegan, ya que frecuentemente la producción se pierde en los vericuetos de este absurdo sistema.

Esta demencial política de un Estado que quiere controlarlo todo, propicia la corrupción, los robos, y la pérdida de miles de quintales de productos procedentes del campo. El abastecimiento en los mercados agropecuarios propiedad del estado va de mal en peor. A veces se encuentran algunas viandas; las frutas son aún más difíciles de hallar. La piña desapareció. De los vegetales, ni hablar. El boniato tradicional alimento de pobres y perros, aparece a veces, a tres pesos la libra… y vuela de las tarimas. La yuca ha pasado a ser un producto de lujo. Nadie explica qué ha ocurrido con las calabazas, los limones, la naranja dulce y la agria.

En noviembre de 2009, como parte de la campaña gubernamental de "eliminación de gratuidades", la papa fue eliminada de la cuota subsidiada vendida a través de la libreta de racionamiento. A principios de marzo reapareció en venta libre, pero cuando llegan papas a un mercado, algo que ocurre de modo muy irregular y sorpresivo, el caos sugiere que más que vender papas, van a regalar filetes de carne de res. Los tumultos y las broncas, generados por el arribo de las papas, son de tal magnitud, que el ciudadano que logra comprar un par de libras se puede considerar un verdadero triunfador.

En el mercado agropecuario EJT, de Tulipán, Nuevo Vedado, que tiene 45 mostradores, lo normal es que no hay más de cuatro o cinco productos. Los que más duran, no llegan a dos horas en las tarimas. El que logra comprar algo, lo hace después de pasar horas en una cola gigantesca.

Para lograr una comida balanceada, no le queda al habanero otra opción que ir a los mercados de oferta y demanda. A ellos se va consciente de que hay que gastar 100 ó 200 pesos, para adquirir sólo lo indispensable. Esto, en un país donde el sueldo de un profesional universitario es alrededor de 500 pesos mensuales.

Sábado, 27 de Marzo del 2010

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