Al final del camino

Alejandro Gilberto Soto Marrero espera de pie y con la vista perdida, junto a la puerta de la que solía ser una casa familiar en los años sesenta. Hoy es un hombre de aproximadamente 67 años, con el cuerpo delgadísimo. Su piel llagada nos muestra el hueso casi al desnudo. Su mente, pese a la desatención y la penuria, aún se encuentra lúcida.
Su padre español, incitado por deseos de conquista, emigró a Cuba desde su natal Tenerife, a finales del siglo XIX. Su madre era cubana de nacimiento. Ambos fallecieron. Él solo heredó la pobreza.
Según Soto Marrero, hace más de 15 años perdió parte del techo de la casa y comenzaron las filtraciones; el agua acumulada creó un foco de larvas de mosquitos, su hermano y él se quejaron a muchas instituciones. Pedimos ayuda al gobierno de Guanabacoa -lugar donde vive-, a la Dirección Municipal de Vivienda, al Departamento de Seguridad Social, pero ninguno les dio respuesta.












