
- ¡Van a dar teléfonos!
Con este grito ilusionado, ha comenzado en el barrio una vorágine de intranquilidades, historias, cuentos y recuentos, pues la noticia de que a todo el municipio Diez de Octubre, que tiene una población de aproximadamente un millón de habitantes, le tocan 127 líneas telefónicas, revive en los vecinos una inolvidable pesadilla.
Es que hace algunos años - y por primera vez desde 1959 - el Gobierno decidió "magnánimamente", otorgar el derecho a competir por la instalación de una línea telefónica en casa a quienes tuvieran méritos incuestionables, la debida integración revolucionaria, y pudieran "justificar la necesidad real de este servicio". Ahí mismo comenzó el maratón de llenar planillas, conseguir cartas testimoniales de buena conducta revolucionaria del Comité de Defensa de la Revolución y del centro laboral, y redactar aquellos "cuéntame-tu-vida" para destacar los méritos propios primero, y luego -como jugar limpio no siempre da buenos resultados- la carrera fue por tratar de disminuir los méritos ajenos, o, dicho en buen cubano, "sacar los trapos sucios" de los demás competidores por los escasos telefonos.
Fue memorable el caso de Bertico, que trabajaba de noche en la radio, y hasta había combatido en la guerra de Angola. Pero como la presidenta del Comité era nueva y no sabía ni dónde estaba parada, durante la verificación dijo que él no trabajaba - pues lo veía siempre de día en la cuadra - y que no tenía méritos.
¡La que se armó! Bertico hizo una carta de reclamación exponiendo todas sus virtudes laborales y de revolucionario ejemplar, pero por si acaso con eso no bastaba, se le ocurrió además "echar p'alante" a otros que sí habían recibido teléfonos, a pesar de no merecerlos en su opinión: uno que vendía carne, otro que tenía una antena parabólica y le había pasado el cable de TV a unos cuantos vecinos, al del banco de apuntaciones… Finalmente Bertico consiguió que le instalaran el teléfono, pero se buscó el odio de muchos y el recelo de todos en el barrio.
Supuestamente, las líneas que ahora van a ser asignadas han quedado disponibles a raíz del reordenamiento empresarial consecuencia de la nueva división político-administrativa. Los locales donde antes estaban ubicados distintos organismos han sido convertidos en albergues para personas sin hogar y sus antiguos teléfonos serán distribuidos entre la población.
Pero hay algunos afortunados que no tendrán que fajarse con el populacho para lograr el ansiado teléfono. Se trata de los "cuadros", un grupo para el cual se ha reservado el veinte porciento de las capacidades de cada localidad.
La palabra "cuadros" en el sui generis argot oficial, sirve para designar informalmente a los dirigentes o a los representantes de las distintas organizaciones progubernamentales; todos ellos, por supuesto, miembros del Partido Comunista.
En esta oportunidad los "cuadros" no tendrán que chivatear a sus vecinos para conseguir el codiciado aparatico. Ya lo han estado haciendo hasta por gusto durante toda su vida, no faltaba más.
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