Escrito por Guillermo Ferrer Sánchez
Publicado el 25 Noviembre 2011
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De todos los confines de su universo fueron convocados. Durante miles de años el ciclo se repetía y una vez en su vida demostraran su valía. Una vez, su destino será cumplido de forma inexorable y nuevos guerreros en futuras batallas mantendrán el ciclo hasta el final de los tiempos.

Lentamente se congregan, hijos de un mismo linaje, imperceptibles son sus diferencias, todos de antemano sabían que muy pocos llegarían a la meta, uno o tal vez unos pocos triunfarían.

La hueste se va nutriendo, nuevos entes se compactan y la horda late de ansiedad y angustia. De un lugar desconocido, desde la profundidad de sus genes los ancestros ordenan el cumplimiento de un destino incierto.

Breves señales, rápidas vibraciones y cambios químicos en su atmósfera los alertan.

Inesperadamente, un sismo de magnitudes cósmicas se anuncia en la lejanía, la horda se alinea y preparada espera en apretadas filas.

Una explosión muy singular los obliga a lanzarse hacia delante, las falanges no respetan orden y solo el vigor de cada uno habla por su dueño.

Sus ancestros desde la profundidad de los tiempos, observan.

En pocos minutos de su tiempo galáctico la genética se impone, algunos mueren, otros se debilitan y pese a todo ponen su vigor en juego.

Al fin, de un pequeño grupo, con fuertes movimientos de su cimbreante cuerpo, un titán marca la distancia y ante la impotencia del grupo se aleja mostrando su valía. Casi derrotados, su instinto los impulsa hacia el foco lejano que los llama.

En el último momento, atónitos, perciben como el mejor de ellos detiene su carrera, frena el impulso aun en contra de su instinto y trata de girar sobre si mismo, mientras, intenta alertarlos de algo que no comprenden.

Una masa pútrida alcanza al titán, lo envuelve y ahoga, los demás con brío continúan al encuentro de "aquello "que se acerca.

Finalmente, perciben un cambio químico anunciando que su destino había variado. Asustados, entienden la burla. Lentamente la lava alcanza a los dispersos grupos de los últimos sobrevivientes que cansados y furiosos por el esfuerzo y la ilusión pérdida van muriendo poco a poco sin posibilidad de cambiar su destino.

Los moribundos espermatozoides, traicionados y frustrados esperan sin esperanza que las eses los envuelvan, los exterminen y ruegan que una nueva generación en la próxima batalla tenga mejor suerte.

Muy cerca de allí, Dorita, dueña de ese universo y patrona de un monumental trasero, es el escenario del singular conflicto. Sonríe picara y dolorida, satisfecha en su lujuria sin reparar en la tragedia que ha originado su tan famoso apetito en toda la flota.

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