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Me considero artista visual pero el escribir tiene un sentido especial para mi… es esas ganas de decir más concretamente, de reciclar vivencias quizás no inmediatamente traducibles al papel o la arcilla- para eso necesito cierto "asiento" de las ideas-; cada género tiene su lenguaje, no pudiera ilustrar mis propios cuentos porque en palabras están dichos como tampoco podria "explicar" una obra visual siendo el color y las formas quienes lo están expresando todo.
| Roberto Wong | Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. |

Nací y crecí bajo las rojizas barbas de un gigante al que siempre vi vestido de verde, según él para confundirse con los árboles; me alimentó y cuidó sólo exigiéndome lealtad, compromiso válido cuando es sincero y así lo defendí bajo cualquier circunstancia y lo hice con alegría hasta conocer que tan grande era su talla como sus contradicciones y lo mismo defendía a pajarillos de más allá del monte de una legendaria águila como aplastaba a los animales de su propio bosque. No había perdido la mítica costumbre de luchar contra los dioses, ciego a la realidad de la milenaria victoria de estos; además de padecer de una incontenible gigantofagia complicada con impiedad, de manera que devoraba a todo quien amenazaba alcanzar su estatura. En mi condición de gnomo transparente este no era mi caso mas decidí esconderme por un tiempo en las montañas. Ciertamente "esconderse" es un término pretensioso cuando se trata de hacerlo con respecto a este gigante cuya sombra aun hoy me alcanza cada vez que evoco aquellos dias, sobretodo en los atardeceres cuando las sombras se alargan y vienen del oeste enredadas en semirojizos tonos antes de despedir al sol; la realidad es que alcancé las montañas aduciendo que iba a llevar conmigo cantos de mi región, cosa que agradaba al tal personaje pues daba muestra de lo bien educados que estábamos sus súbditos.

Un dragón y un búfalo se encontraron en un comedero donde se iba ha ofrecer un espectáculo de otra bestia recienllegada a la villa, el búfalo trabajaba para la tal acarreando los folklóricos instrumentos de la región de donde provenian y de donde, casualmente, también habia nacido aquel dragón hembra de magnificas cabezas y por lo cual ambos establecieron muy pronto especial comunicación; el búfalo no sabia con quien conversaba más a gusto si con la cabeza poetisa o con la marcadamente más sensual o con otra al parecer más familiar que ostentaba el símbolo de casada entre sus ojos; en un final todas coincidian en un cuerpo de deseables escamas que desa-pareció entre estalactitas y estalagmitas una vez comenzado el espectáculo en la cueva designada para esto.
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