Cuba es un cuento, compay

Una sección de Esteban Casañas Lostal

Ponía un ejemplo una famosa periodista española, sobre la diferencia que existe entre los españoles y el resto del mundo, decía que si a alguien le atropellaba un coche y a éste le fracturaba una pierna, el herido exclamaba: "¡¡¡Dios mío, me he quedado sin una pierna!!!!, mientras que el español diría: "Buffff, menos mal que no me ha fracturado la otra".

Esta periodista hablaba desde el conocimiento de haber estado de corresponsal siempre fuera de España, pero estoy seguro que su corresponsalía nunca se encontró en Cuba, porque si fuese así, sabría que el cubano es exactamente igual que el español en éste y en otros muchos aspectos, como puede ser el poseer el suficiente sentido del humor para reírse de sus propias desgracias, y ese es "mi hermano" Esteban,… ESTEBAN CASAÑAS ES CUBA, la auténtica Cuba sin muchas florituras, con sus grandezas y sus miserias, con sus lágrimas y sus risas.

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Sugerir la lectura de la obra de Esteban, es sugerir un viaje a Cuba a través del espacio y del tiempo, un viaje al recóndito interior del corazón de la cubanidad; un viaje mágico a ese país que lo parece, pero que no es un cuento.


Escrito por Esteban Casañas Lostal
Publicado el 28 Abril 2012
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Lo conocía desde hacía solo unos días y para serles franco, no me simpatizó desde la primera oportunidad. Para tratar con cubanos acabados de llegar de la isla hay que tener una inmensa reserva de paciencia, no es sencillo lograr comprenderlos. Cuando los escuchas exponer cualquier argumento, viajas involuntariamente hasta una nave espacial y los observas descender. Pocos minutos después de ese aterrizaje, no tienes duda alguna de encontrarte en presencia de un extraterrestre. No debo ser injusto, existen muchas excepciones.

Mi antipatía nace cuando el individuo, solo unos minutos después de la formal presentación, muestra unas cartas credenciales que resultarían objeto de admiración para cualquiera que no naciera en nuestra tierra.

-Yo gano unos dieciséis mil dólares mensuales! Expresó sin nadie preguntarle por su oficio, profesión o estado económico. Creo más bien, fue una carta de presentación utilizada en planes de conquista.

 
Escrito por Esteban Casañas Lostal
Publicado el 01 Abril 2012
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Nunca imaginó de viva que sería famosa después de muerta o cuando menos, se mencionara su nombre con alguna frecuencia. Alba era una mujer muy sencilla, algo campechana para vivir en La Habana, despreocupada del mundo y el mundo tratando de enterrarla dentro de aquel viejo edificio que aún se resiste a morir como ella. Los otros días regresé a las viejas borracheras de mis tiempos de marinos, ¡vaya caprichos o coincidencias etílicas las mías y las de Eduardo! Luego de disfrutar de los mejores espectáculos que brindaban los cabarets de La Habana, cualquiera de ellos, tomábamos un taxi y siempre le pedíamos que nos dejaran en Jesús Peregrino e Infanta. Casi siempre andábamos con una botella en la mano para hacer el resumen a pico de botella, escapábamos por horas de nuestras penosas realidades, éramos felices, gozábamos de esa alegría que solo ofrece el alcohol.

La primera vez resultó un acto simpático para todos los vecinos, algunos nos aplaudieron por sacarlos de esa oxidada monotonía que se respiraba y todavía se respira con peores dificultades.

 
Escrito por Esteban Casañas Lostal
Publicado el 04 Enero 2012
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-¿No va a marchar con nuestro pueblo a colocar flores en la estatua de nuestro "querido líder? Fui sorprendido por aquella pregunta a mi espalda y reconocí su voz inmediatamente, embarcaba casi a diario con algún regaño. -¡Dígale a sus marineros que no le arrojen cigarrillos a los trabajadores! Yo era uno de ellos, vigilábamos cuando el guardia de la escala se encontraba entretenido para lanzarle una cajetilla de Populares a los estibadores que se encontraban dentro de los vagones del tren situado a nuestro costado. -¡Dígale a sus marineros que no le digan nada a las muchachas cuando pasen cerca del buque! Yo era uno de ellos, las chicas reían sin virar el rostro, las vigilaban o entre ellas marchaba alguna comisaria, era una de las escasas distracciones que teníamos en aquel aburrido país. ¡Capitán, no me lo llevo preso porque ustedes son de un país hermano! ¿A quién se le ocurre limpiarse el trasero con la imagen de nuestro "querido líder"? Sobre el buró del Capitán reposaba tranquilamente el pedazo de periódico con el rostro cagado de Kim Jong Il. Se había agotado al máximo nuestros suministros y la gente se limpiaba con lo que encontrara a mano. Aquel represivo comisario tenía la paciencia o tarea de revisar diariamente nuestras bolsas de basura en la popa del buque. Como todos ellos, incluyendo a los cubanos, aquel comisario de mierda era detestable, sumamente represivo.

 
Escrito por Esteban Casañas Lostal
Publicado el 04 Enero 2012
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Primera parte.

No creo haya existido un marino cubano más deseoso por conocer el "campo socialista" que yo, arrastraba en mi estela más de una veintena de países visitados y solo tres de ellos no podían calificar como capitalistas. Viet Nam estaba hecho talco, hacía solo dos años que habían salido de una guerra. Yo estuve con ellos en el setenta o setenta y uno, la memoria comienza a borrarse y debo apurarme. China traicionó todas las ideas que me habían vendido sobre ella y desprecié la posibilidad de que Cuba la imitara. Nuestro país andaba peleadito con ellos y de Luna de Miel con los rusitos. Los de ojitos rasgados acusaban a los bolos de "revisionistas" y ellos le pateaban la bola con igual acusación. Nos pedían mucha prudencia y discreción cuando la visitábamos. No podíamos hablar mal de los bolos, ni darles la razón a los asiáticos. ¡Qué clase de drama para el que gustaba tomarse una cerveza y después de la tercera tratar de arreglar el mundo! Todos vestían igualitos, muy uniformados, gris o azul con una medalla roja y la figura dorada del amado Mao en el pecho. Shangai se encontraba pintado color de churre, muy enmohecido por la ausencia de pintura desde que el vejete llegó al poder y ausencia total de putas que nos dieran la bienvenida. Viajes casi diarios hasta el Seaman Club a jugar ping pong entre nosotros y beber alguna cerveza Tsingtao. Ausencia total de pobladores, solo los empleados que seguramente trabajaban para la inteligencia china, como en la isla. Alguno de ellos siempre se encargaba de llevarnos hasta la librería del local y nos decía que podíamos servirnos con cualquier ejemplar de los existentes. Todos eran gratis y de un solo autor, Mao. Para ponernos a tono con la población, nos dejaban agarrar cualquier medallón del viejo. Los había de todos tamaños, colores y temas. Mao con un tren a su espalda, ese no me cuadraba, yo no era ferroviario. Mao con un avión que nadie podía volar, tampoco me cuadraba, yo no era piloto. Mao con un bus, una chiva, una vaca, una universidad. ¡Coño! ¿No hay ninguno del abuelito con una puta? Buscaba, buscaba y luego me conformaba con uno que tenía la proa de un barco. Cargaba varios de ellos para regalarlo a los fiñes de la cuadra y de paso le llevaran uno al chino bodeguero. Podíamos andar "libremente" por la calle, sí, entre comillas. Pocos metros a la salida del Seaman Club, alguno de ellos nos seguían y no podíamos identificarlos. Es tan difícil hacerlo con un chino en China como con un negro en África, todos se parecen. Caminábamos por estirar las piernas porque en la calle no existía nada agradable que mirar y a pocas cuadras nos seguía todo un ejército de curiosos que nos observaban como terraterrestres. Nada de eso me convenía para Cuba, no lo imaginaba.

 
Escrito por Esteban Casañas Lostal
Publicado el 20 Diciembre 2011
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No encuentro justificadas razones para desearle felicidades a quien es crónicamente infeliz, no creo, creo yo, la felicidad pueda sintetizarse en un solo día, o dos, o tres, o en la encantadora armonía representada por figuritas que antes eran de yeso y hoy son plásticas. La felicidad no puede resumirse en ese pesebre imaginario donde a veces no existe suficiente paja para acomodar un cuerpo, menos el de un niño tan explotado. ¡Ah! Pero si es obligatorio y formal, si se debe responder a una vieja tradición, vieja y bastante falsa para los tiempos que corren. ¡Felicidades, señores! Felicidades a los sin tierra, felicidades a los sin esperanzas de regresar, felicidades a los que no pueden escapar.

 
Escrito por Esteban Casañas Lostal
Publicado el 03 Diciembre 2011
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Cuento infantil para tiempos de Guerra

Me enteré por fuentes "confidenciales" (como María Elvira), que al tipo lo partieron en su propia cama. Ya saben ustedes todo el corre-corre que hay en la isla cuando se forma una burumba como esta. Dicen que las banderas estarán a un tercio del asta y que el luto se mantendrá cinco años, ¡dime tú!, si se rompe el hermano y se suman los dos lutos, hay pa'rato, porque en estas cosas esa gente anda en serio.

Como les dije, la cosa está en llama en La Habana, el tipo del chivito y la sonrisa cínica convocó a la plana mayor de la "agentura" (esa palabrita también me la aprendí en el programa de María Elvira) Fue una reunión relámpago en uno de los edificios del "aparato", ahora me detengo un instante y debo llegar hasta el foro "Secretos de Cuba", allí hay de todo como en botica… Demasiados edificios mis amigos, la gente del aparato tienen ocupada media Habana y Miami, que si Línea, el Herald, 100 y Aldabó, Villa Marista, el DNI… no estoy pa'eso. ¡Metan la reunión en cualquier lugar!

 
Escrito por Esteban Casañas Lostal
Publicado el 25 Noviembre 2011
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Con mucho cariño a Manuel Balsa Larrinaga (Manolito)

Dicen que cuando se para junto a la ventana su mirada viaja perdida entre las olas, como tratando de descifrar ese inquieto coqueteo de colores. Sus pupilas se contraen y dilatan constantemente en ese enfermizo manoseo donde insiste en atrapar algo y no puede. Después, se escuchan unos gemidos casi infantiles, imperceptibles para quienes lo rodean y se mantienen concentrados en una pequeña pantalla, indiferente para quienes se identifican con la trama de lo que ocurre solamente entre transistores.

 
Escrito por Esteban Casañas Lostal
Publicado el 25 Noviembre 2011
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Nuestro primer viaje a bordo del buque angoleño "N'Gola, fue desde el puerto de Luanda hasta Argelia cargado con ocho mil toneladas de café, tres mil de las cuales eran para ese país, otro poco para Bélgica y el resto para Polonia.

Argelia ha sido uno de los países que más he visitado en el continente africano, fueron muchos los viajes que di a distintos puertos, se destacan Orán, Mostaghanem, Annaba, Argel y éste último de nombre Bejaia, un poco al Este de Argel. Llegamos en pleno Ramadán, tiempo durante el cual los practicantes de la religión musulmana, quienes son mayoría en ese país, no comen ni beben durante el tiempo que el sol se encuentra vigilándolos.

 
Escrito por Esteban Casañas Lostal
Publicado el 24 Noviembre 2011
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Ha pasado el tiempo y se puede hablar sin perjudicar a nadie, no existe aquella marina de la que un día me sentí orgulloso pertenecer, desapareció la empresa a la que tantos años dedicara de mi vida. La gente ha ido muriendo poco a poco, quizás la angustia por verlo todo perdido acelerara el final de sus vidas. No es sencillo prepararse con el sueño de gastar la existencia en algo que tú amas y más tarde todo sea lanzado a un barranco profundo de la noche a la mañana. Me han contado que mucha de aquella gente andaba vendiendo pizzas caseras, hoy se lo han prohibido también, cada día resulta más difícil vivir del invento y se hace más extensa la agonía.

 
Escrito por Esteban Casañas Lostal
Publicado el 21 Noviembre 2011
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Siempre me agradaron las reuniones familiares, no solo entre familia, me encantó en todo momento compartir con mis amigos, creo haber sido un tipo muy sociable en mi vida. Hoy no pierdo esas costumbres de antes, cada vez que tenemos un filito nos reunimos. El año pasado nos mudamos y todas las largas tertulias las hicimos en el patio, mi yerno es un muchacho extremadamente carnívoro y no hubo un solo fin de semana que no asáramos algo en el "barbiqiú". Allí, en la frescura de la noche nos sorprendía las dos o tres de la mañana, varias cajas de cerveza vacías y una que otra botella de ron sin fondo. El invierno es muy distinto, todos los días miro por la ventana de la cocina esperando a que se derrita el hielo mientras deshojo páginas del almanaque, siempre me doy aliento y digo; ¡Ya falta poco!

 

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