El viaje que tumbó Jesús

-¿Se enteraron de la pira de Jesús? Solté la pregunta al aire sin saber las posteriores consecuencias. No recuerdo a quién andaba visitando en Párraga ese día, mi recorrido en ese barrio era bastante amplio y no me encontraba aún afectado por el síndrome del salitre y la lejanía. También, otras de las razones por las que dejamos de frecuentar a nuestros amigos y de lo que nadie comenta, era ese constante asedio de peticiones como si tú, ganando solamente $0.75 centavos diarios, podías resolverle el problema a todo un país cuando no alcanzaba para el de tu propia familia. ¡Qué falso eres! Te disparaban a boca de jarro en cualquier parada de guagua cuando coincidías con cualquier conocido.
Siempre me bajaba en La Curva y caminaba por San Agustín hasta Estela. Felicito Valdés Amable vivía en esa calle, no recuerdo si antes de llegar a Isabel, creo que sí. Allí hacía una media prolongada conversando con la vieja y sus hermanos. Aquella visita fue fatal, me enteré que uno de ellos se había ahorcado en la propia casa. Alí, un perro que llevamos para su casa cuando nos desmovilizamos del Servicio Militar Obligatorio, permanecía amarrado en el patio y se convirtió en una verdadera fiera, no me reconoció y estaba demasiado agresivo. La vieja era un pan de dulce, siempre tratando de organizar el nido de su retahíla de hijos, todos machos.












