Made in Cuba

Como es costumbre en Cuba, Tony no nos presentó, de manera que lo hicimos nosotras mismas. Así conoci a Bertica la trovadora y a Made la gastronómica y "enfermera" de Bertica. Recuerdo que Made llevaba puesto un pulóver de rayas, o listas, como dicen ellos, blancas y negras, un chol de mezclilla , impecable, unos tenis Nike blancos, relucientes, y una gorra de color kaki .

Antes de levantarme a pedir otra Mayabe, pregunté si a alguien le apetecía algo, que yo invitaba. Supongo que les dió pena, pues nadie quiso nada en ese momento. Más tarde, Bertica por fin se rindió ante una Cristal, y Made tomó un jugo de piña. De lo que tomó Tony, no me acuerdo. Made se sentó a mi izquierda, y Bertica, frente a mí, comenzó su recital semi-privado. Un caudal de voz se desbordó desde la primera canción. No la dejé irse hasta cuatro horas después. Eso sí, le di un descanso de diez minutos, mientras iba corriendo hasta casa de Barby para anunciarle a Amanda mi "descubrimiento".

Casualmente, Amanda estaba asistiendo en casa de Barby a otro concierto, el de Yaya, la hermana de Omal . Le encanta la música folklórica española y sus recitales tampoco pasan desapercibidos, sobre todo por lo simpática que es la mujer, con su puro invariablemente encendido y el ron siempre listo para, como ella dice, "limpiar los cabezales" entre canción y canción. De modo que ya no podía coger y decirle a Amanda: "Vente, tía, que hay una chica con nosotros en el Torres que canta ¡de puta madre!", pues habría desacreditado a la pobre Yaya, que se estaba desgañitando para complacer a Amanda, la turista. Pero Amanda se unió a nosotros tan sólo unos minutos más tarde. Cuando cantó Bertica, Amanda se estremeció tanto como yo.

En estas situaciones, Made siempre pasa desapercibida. En las descargas de Bertica, como en un tablero de ajedrez, la trovadora es, irremediablemente, la luz y Made, la sombra. Que Made sea parcialmente ignorada es lógico hasta cierto punto, porque a pesar de su simpatía, no se hace notar. Deja que sea la trovadora quien ilumine la estancia con su presencia y el derroche de su voz, que, junto con la propia Made, es su más preciado tesoro. Made jamás interfiere en su protagonismo. Acompaña a Bertica y su guitarra a todas partes, excepto al Cayo (ya saben que los cubanos que no trabajan allá tienen la entrada prohibida). En definitiva, Made, para el turista que conoce a ambas a un tiempo, es, sin excepción, "la amiga de Bertica". Algo adjunto. Un accesorio.

Por ejemplo, cuando ambas conocen a algún turista - de los que sí escriben - quien recibe las cartas es Bertica, con saludos para Made. La primera carta que yo les escribí, efectivamente, la envié a la dirección de Bertica en Sanguilý. También es cierto que la carta estaba dirigida a ambas, pero no es mi intención justificarme. Escribí esa carta desde Cienfuegos, tan sólo dos días después de haber abandonado Viñales por primera vez. Sentía tanta nostalgia, que necesitaba entrar en contacto nuevamente con la gente de allá, así que empecé a escribir a todos cuantos conocía y de quienes tenía dirección. A pesar de tener la dirección de ambas, para Made y Bertica sólo hubo una carta. Es gracioso como a veces se considera a dos personas como un sólo "ente".

A pesar de que dice ser como "un libro abietto ", Made no es transparente, ni mucho menos. Lo único que deja entrever a simple vista, en una primera impresión, es su simpatía, eso no se lo niega nadie, su adoración y enorme cariño por Bertica y una actitud que se podría calificar de frívola, poco seria, inmadura. Pero este "personajillo" que puede pasar inadvertido si lo conoces a la sombra de Bertica, como al final te entre por los poros, es difícil que vuelva a salir.

Cuando la conocí, no me fiaba de ella ni un pelo. Quizá al considerarla la sombra de Bertica, siempre a su lado, no sólo vi sombra, sino tinieblas. Pensaba que era la parte no angelical del "ente Berti-Made". Había algo en ella, quizá esa frivolidad, esa superficialidad aparentes, que me hacían tener algunas reservas. Sobre todo con las máquinas que corre.

Ya he mencionado antes que uno de sus pasatiempos favoritos es correr máquinas, o sea, meter bolas o inventar historias por darse el gusto, por pasar el rato, por observar las reacciones de la gente. Este pasatiempo se ha convertido en una costumbre para Made, de tal modo que nunca sabes si te está corriendo una máquina o no, a no ser que la conozcas bastante. El cincuenta por ciento de lo que habla son máquinas, y la verdad es que yo me parto de risa con ella por lo ocurrente, rápida e ingeniosa que es. Su cerebro trabaja a la velocidad de la luz cuando tiene (o quiere) inventar algo, de modo que jamás sospechas que te esté metiendo tremenda bola , pues la ha elaborado en su mente al milímetro en décimas de segundo. Al principio de conocerla sobre todo, tú te crees todo lo que te dice como una pardilla, porque no conoces a esta persona, no conoces la cultura, estás en un país donde no conoces realmente a nadie, te sientes desprotegida. Cuando nos empatábamos con sus amigos en el bar o por las calles de Viñales, y les aseguraba en mi presencia que me estaba jineteando, ¿qué iba a pensar yo, más que me estaba jineteando?

En el primer mes que pasé en Viñales antes de irme a México, Made venía a buscarme casi siempre a mediodía, pero yo generalmente tenía algo que hacer, como escribir alguna carta, o ver a Tony, o charlar con algún turista. A veces pasaba por casa de Barby con alguno de sus amigos cuando iba al bar por las noches, toda emperifollada. Yo, como esperaba a Tony, nunca bajé con ella. Si no hubiera habido un Tony, me habría buscado alguna otra excusa. Claro que de vez en cuando salía con Made, por pasar un rato. Me parecía divertida, simpática y servicial. Pero esas sospechas mías acerca de algo que no lograba descifrar por completo, me impedían confiar plenamente en ella. De modo que hacía lo posible por no verla muy a menudo, a no ser que estuviese Bertica con ella. Entonces sí. Como si la presencia de Bertica fuese a salvarme de introducirme en las tinieblas del conflicto, sin dudarlo un segundo recogía la caja de cigarros y mi fosforera y me unía a ellas. Con, o sin guitarra.

Recuerdo un domingo que Tony, Made y yo nos encontrábamos en el Torres, sentados en la terraza. Estabamos ostinaos , oséase, más que aburridos. Desesperadamente aburridos. Los domingos en Viñales son más coñazo que un programa de Torrebruno, más tediosos que una exposición de sombreros de época, más soporíferos que un spaghetti-western , más sosos que un consomé sin pollo, más desesperantes que un partido de golf, y se hacen más largos que una Mesa Redonda. Bueno, casi. A nadie se le ocurría nada que decir. A pesar de la imagen que tenemos de los cubanos como personas extremadamente extrovertidas, - cierto -, divertidas, - cierto - y dicharacheras - cierto -, en realidad no son gente que saque ningún tema de conversación medianamente interesante aparte de la situasión , algún chisme, o alguna jodedera. Seguramente estoy generalizando sobre la experiencia que yo he tenido en Viñales, pero ¿qué otra cosa puedo hacer? En total, que vaya tres. Tony, que habla menos todavía que la media y, no es que no saque tema, es que aunque tú lo saques, contesta con monosílabos. Made, que, fuera de correr máquinas y jodel , jamás habla de ella misma y, como no te conozca bien y confíe bastante en tí, no hay quien le saque un cuento, una opinión o una preocupación de la que hablar. Y yo, que no domino las artes del coloquio y/o mucho menos las de sacar temas de conversación. Yo me preguntaba cuál es la causa de ese desinterés general del cubano por todo. Nunca te preguntan por tí, tu vida, lo que haces, cómo te sientes, cómo es tu familia o tus amigos. Por qué decidiste dejar tu trabajo, o visitar Cuba. O qué piensas del país, de sus habitantes en general. Una soberana falta de interés por saber. Son tremendos. Así mismo se lo champé a ambos, a ver si causaba alguna reacción, algo que activara un resorte en sus molleras. En lugar de empezar a preguntar, o de rebatir mi afirmación, que es lo que yo esperaba, mis dos interlocutores, por llamarlos de alguna manera, sencillamente asintieron. A pesar de que seguramente había miles de cosas que podría haberles preguntado sobre ellos mismos, tampoco se me ocurría nada realmente interesante. En las ocasiones que lo había intentado solamente obtuve monosílabos o frases cortas como respuesta, más que una conversación atractiva. Así pues, y fallido el intento anterior, propuse un tema de conversación fácil, el primero que se me ocurrió: el machismo. Siendo tanto los hombres como las mujeres bastante machistas, en mi opinión, estaba segura de que con este tema sí habría discusión, que era lo que yo andaba buscando. Buscaba guerra, no podía más. Necesitaba algún estímulo para mi cerebro. Nada. Ni por esas. Aquel fue el domingo más frustrante y aburrido que he pasado en el pueblo de Viñales.

"Joder Made, es que no se puede tener una conversación contigo". Es una de mis frases favoritas cuando intento conversar con ella.

Comentario sin respuesta. Solamente arquea las cejas y se encoge de hombros, como diciendo: "Qué le vamos a hacer", y continúa pintarrajeando en un pedazo de papel, mirando al infinito o haciendo lo que sea que esté haciendo, mientras sonríe. Eso sí, Made siempre sonríe. Siempre está de buen humor. Su conducta no refleja sus días malos. Cualquiera diría que es que no los tiene, porque da la impresión, y esto es muy importante, de que constantemente está alegre. Cuando te relata alguna historia de su niñez o de su adolescencia, o algún cuento acerca de algún conocido, siempre lo hace con una habilidad exquisita que te absorbe por completo. No es una persona a la que yo calificaría de carismática y sin embargo, sí tiene, a mi modo de ver, un don especial para captar la atención del interlocutor inmediatamente, por la gracia de su estilo al hablar, de su lenguaje, de sus movimientos. En definitiva, por cómo sabe expresar cómicamente hechos que, contados por otro, no pasarían de corrientes.

Cuando Made te relata una historia, rara vez te das cuenta de que muchos de los detalles son inventados sobre la marcha, de que en realidad te está corriendo una máquina a medias. Inventa esos detalles, unas veces para darle más gracia al relato, otras porque sencillamente le apetece y otras para encubrir algo. Tergiversa los hechos como le viene en gana, incluso cuando cuenta historias de otras personas. Eso sí, las personas siempre están allí para defenderse si lo desean. Recuerdo una noche en el Cupet de Viñales, que acabé con dolor de estómago de las carcajadas. Bertica, Made y yo habíamos bajado a comprarme un bocadito de jamón y queso (por aquel entonces yo todavía no pensaba que aquello era un robo) y estábamos sentadas a la mesa mientras registrábamos estupideces en mi grabadora. Así, Made comenzó a mortificar a Bertica, cosa bastante corriente. En esta ocasión el tema era un supuesto amante de Bertica, a lo que se añadieron detalles "cómicos" sobre la diabetes que ella padece, todo inter-relacionado, tergiversado y manipulado según un patrón ficticio que Made se acababa de inventar. Había elementos de realidad, el marco general de la historia y los detalles sobre la diabetes de que también padecía su entonces marido; mientras que las flores, o cardos más bien, que Made agregó, en parte para hacer el cuento más chistoso, en parte para ocultar algún detalle que en ese momento yo no debía conocer, eran su versión libre, elaborada exclusivamente para mí, de lo que en realidad había acontecido. Contándolo yo no tendría gracia, así que voy a pasar. El caso es que hacía tiempo que no gozaba y me reía tanto con una historia, y lo mejor de todo es que conservo la grabación completa, incluyendo el momento en que Bertica, también muerta de la risa, tuvo que ponerle una servilleta de papel en la boca a Made para que se callara de una vez, con dos objetivos: que no hablase más de la cuenta (Bertica es muy reservada) y también que dejase de hacerla reír, pues al día siguiente tenía clase de solfeo y si reía demasiado, le afectaba la garganta. A cuadros, me dejo Bertica. ¡Qué vida más dura, la del trovador, que no debe ni reirse!

"Ya ettá, no me río má", decía Bertica intentando ponerse seria. Pero no duraba ni un segundo en este estado y después de otra carcajada volvía a asegurar:

"No, de veddaa? No me río má, ¡que mañana tengo clase!".

Así estuvimos toda la noche hasta que por fín Bertica logró colocarle la servilleta enterita en la boca a Made, aunque ésto no le impidió chapurrear algunas palabras más, que nadie pudo llegar a descifrar.

Made es una de las personas más coquetas que he conocido. Su gusto no coincide con el mío para nada, pero creo que eso es cultural. Se hace arreglar las uñas todas las semanas, se baña dos veces al día, se cuida mucho el pelo, su apariencia física es siempre impecable, lava los tenis todos los días, porque el fango del Bosteso se los deja podríos de churre, usa hidratante después del baño. Digo hidratante, por decir, porque como son cremas regaladas por turistas, generalmente no de habla española, Made se las ve y se las desea para adivinar qué dice en los tubitos sobre su empleo, así que a veces se pone crema de protección solar en el pelo, suavizante para el cabello en las piernas, y dos o tres perfumes a un tiempo, (incluyendo alguno pour homme ). Se afeita las piernas todos los días (¿cera? La mayoría no saben ni lo que es la cera). Voy a tomarme la libertad de descubrir lo siguiente, aun a riesgo de ganarme un palo pol la cabesa: recientemente le dijeron que en España está de moda afeitarse la chocha completa, así que ahora también lo hace. En fin, muy coqueta y muy higiénica ella. Sin embargo, su apariencia no es muy femenina, sino más bien brusca, o tosca, como ellos dicen. Si uno se fija en su modo de hablar, que no es exquisito ni mucho menos, su voz desgarrada no ayuda, pero parece que la excusa. La voz de Made parece que se rasga como un pedazo de lienzo en blanco. Para mí, su voz es una de sus peculiaridades principales, una de tantas que la hacen única. Curiosamente, igual que Bertica, aunque por razones muy distintas. Su modo de moverse es súbito y áspero, muy natural en una muchacha que ha crecido junto con tres o cuatro muchachos más en medio de la nada, rodeada de poco más que árboles que trepar, ríos a los que saltar, montañas que atravesar. Aun así, resulta un tanto extraño, pues su menudez y sus rasgos físicos sugieren delicadeza. No da una imagen masculina, pero su aspecto recuerda un poco a un chiquillo por sus ademanes. Ahora, no a riesgo de ganarme un palo pol la cabesa , sino de que me corte las manos o algo peor, diré una de sus propias expresiones, que usa muy frecuentemente pero no para sí misma. Diré que tiene, en cierto sentido, y a pesar de su indudable femineidad, un porte de machito con tetas . ¡Alabao! Me quedé sin manos.

No se si se debe a que ya la conozco mucho, o si sera así para todo el mundo, pero creo que mucho más visibles que sus ademanes bruscos, son sus ojos. Tan expresivos como ella y en concordancia casi siempre con su sonrisa. Made sonríe tanto con los ojos, que emiten un brillo especial, difícil de describir. Es un brillo de esos que una pensaba que sólo se encontraba en las pulidas fuentes de plata de la abuela, donde, en un destello fugaz pero intenso, tu propia imagen te devuelve la mirada con un guiño. Pese a haber rellenado ya varios volúmenes de la vida en sólo veinticuatro años, la mirada de Made, todavía positiva ante los muchos que le quedan por escribir, refleja optimismo y valor. Made es fuerte y resiste, a pesar de tener un padre y un hermano enfermos, a pesar de verse obligada a llevar una vida sin estímulos de ninguna clase, a pesar de verse prácticamente sola en el mundo, si no fuera por Bertica. Parece que los azares escritos en esas páginas no resten ánimo, ni pasión, sino que cada día añadan más determinación, más coraje, más brillo. Si Made te clava los ojos en los tuyos, es difícil que se te olvide.

Contando sus experiencias y aventuras sexuales, Made no tiene precio. Tanto por su soltura, como por su ingenio, como por su falta de tapujos en el tema. Llegó un momento en que yo me preguntaba si quedaría algún guajiro en Viñales a quien Made no se hubiese pisado, pero luego los contamos y en total "sólo" fueron veintitrés, creo recordar. Conocí a varios de ellos, y desde luego esto confirmó mi opinión de que el gusto de las mujeres cubanas en general y de Made en concreto, no coincide en absoluto con el mío, ni creo que concordase con el gusto de las mujeres del "mundo occidental". Hace poco conocí a el Papas , que debido a la pronunciación perezosa, se convierte en el Papa. Cuando llegamos al campamento de las cuevas del Moncada y me lo presentó, Made me avisó bajito:

"Ette ehel que me pisé arriba la moto en medio la carretera el campimmo que luego no caímo al piso".

"Ah. ¿es éste? Ah, bueno, pues de los que he visto es el que menos mal está.".

"¡Cht! Callatelaboca ¡hosicúa! "

Según me había relatado Made hace tiempo, ella y el Papa se pusieron manos a la obra sobre la moto, en la carretera que va hacia el Campismo Dos Hermanas. Cayeron al suelo, pero siguieron allí mismo sin importarles nada hasta que alguien les hizo conscientes de que estaban obstaculizando el tráfico. Poco, pero haberlo, haylo. Menudo papelón. El día que le vimos, el Papa no dejó de insinuársele a Made durante la hora, la cerveza y el café que compartimos con él. En cuanto nos dejaba a solas para ir a por algo a la cocina, Made me insitía en un susurro que yo le dijera al Papa que sí, que sí íbamos a venir a que nos enseñara las cuevas al día siguiente, para que la dejara en paz. Nada más lejos de nuestras intenciones.

"E que no ve que lo que quiere e singalme?"

Era evidente. Le prometimos (yo bajo coacción de mis libertades, pues no me gusta ser una malqueda) que nos veríamos allí mismo, a los pies del Moncada, al día siguiente, a las cinco. La montaña está a unos veinte kilómetros de Viñales. Creo que Made no ha vuelto a verle desde ese día.

Made es extremadamente natural y se caracteriza también por su falta total de complejos. Su naturalidad puede llegar a ser insultante para algunas personas, e incluso les puede parecer que raya la grosería. Pero es precisamente ésto lo que a mí más me gusta de Made. Su comportamiento sin tapujos; su manera de decir lo que piensa tal y como lo piensa, así, de sopetón; su habilidad para expresarse con palabras o frases, para algunos "malsonantes", pero que, sorprendentemente, no resultan vulgares o groseras, sino joviales y chistosas. Es tan natural porque no tiene un sólo complejo. "Yo soy un cuerpo y una cara" , dice mientras adquiere alguna pose magnífica para realzar alguna parte de su cuerpo. Sabe quién es y cómo es, y tanto por fuera como por dentro, se presenta de ese modo, con tal confianza en sí misma que raya en el descaro, en la osadía. A quien no le guste, que no mire. No le interesa, para nada, lo que piensen los demás, sobre todo si no tienen nada que ver con ella. Cuando empezaron a correr los bulos en Viñales, primero acerca de su orientación sexual y la de Bertica, y luego acerca de la mía también, ella decía: "Yo me limpio el culo con lo que digan". Lo cual me parece una excelente filosofía, a pesar de no ser nueva para nadie, pues ya lo dice (con otro tipo de lenguaje) el refrán español: "A palabras necias.". Le encanta reírse, sobre todo de ella misma, y le encanta mortificar a los demás. "Tú sí ere feita, narg'eperro ", me decía al principio de conocernos. "Dime tú, cargal con esta godda al retortero tré mese má. ¡Etto no hay quien lo sopotte!". "Tuuuu, nasiste en otoño: qué fea ere coño".

Recuerdo el día que le dije a Made que le iba a hacer una carta de invitación igual que a Bertica. Esto no provocó una reacción obvia, lo cual me proporcionó la primera dosis de aprendizaje respecto a su escepticismo y desconfianza en la gente. Claro que, cuántas veces no le habrán dicho lo mismo, o algo parecido. Yo, totalmente ingenua, esperaba una reacción efusiva, mientras que lo que Made demostró fue duda e incredulidad, que yo, erróneamente, percibí en aquel momento como desconfianza y apatía. Yo me preguntaba a mí misma, atónita, cómo se podía quedar totalmente neutra ante lo que le estaba ofreciendo. La libertad, aunque fuese tan sólo por una temporada, dos, tres, seis meses. Lo que fuera. "Una oferta tan fantástica no te la hacen todos los días. Esto no son las rebajas del Corte Inglés, rica" , pensé. Pero al día siguiente me demostró lo acertada que fue su aparente indiferencia, cuando le dije que después de pensarlo de nuevo, no podía formalizar la invitación todavía, pues no podría mantener dos personas a un tiempo en Inglaterra, sólo a una. Esa noche, cuando se lo dije, me demostró dos cosas: que su indiferencia en estos asuntos está muy justificada y que era mucho más generosa y comprensiva de lo que yo pensaba. Su reacción ante las malas nuevas fue otra vez de aparente indiferencia, como si nada hubiese ocurrido, mientras que yo lloraba desconsolada sentada en una silla de su casa antes de comer. Maritza trataba de consolarme, pero no le fue fácil. No sólo lloraba porque no podía llevarme a Made todavía y porque me sentía una verdadera bocazas, sino que creo que también el hecho de no obtener una simple reacción por parte de Made me frustraba. Aparentemente le daba igual todo. Tanto si salía del país, como si no. Pero no, no era eso. Era sentido común, pues no consideraba justo echarme nada en cara, y a la vez era escepticismo. Otra lección que aprender para mi. Le han dicho lo mismo tantas veces, le han prometido tantas cosas, y tan pocas se han hecho realidad, que mucho menos iba a creer que yo le fuera a hacer una carta de invitación así, por las buenas. Para demostrarle que mi propuesta sí era seria, aunque tuviese que esperar un poco más para verla realizada, al día siguiente fuimos a Pinar para rellenar las planillas del pasaporte, y pagar el documento, claro. Creo que aun así, Made conservó buena parte de su escepticismo, pero éste ha ido reduciéndose cada vez más, con el tiempo y el roce. Creo que ahora sí se lo cree, aunque sabe que ha de pasar un tiempo antes de que pueda llevarla conmigo a la Gran Bretaña, tierra de pastos verdes, nubes grises y personillas rosadas. Esa es su esperanza y la mía. Poder reunirnos un día, fuera de la isla. Me dijo una vez que una de las cosas que había aprendido de mi, fue a tener sueños y a volver a confiar un poco en la raza humana. ¿O quizá quiere decir "la raza yuma"?

Recientemente el Toti, su papá, tuvo que pasar por el quirófano en un hospital de La Habana y esto desató una fuerte presión sobre Made por parte de toda la familia. Tíos, tías, mami, Albertico. Todos esperaban de ella mucho más de lo debido, supongo que porque ella misma les ha malacostumbrado, a pesar de no poder quitarse ciertos carteles. Ella fue la que se ocupó de Alber mientras sus padres estaban en el hospital. Ella fue la que tuvo que remover cielos y tierra para encontrar un medio de transporte para ir a la capital el día de la operación. Ella fue la que tuvo que encargarse de conseguir no se cuántos kilos de viandas para llevar a La Habana. Ella fue la que acabó mareada de tanto ir de aquí para allá buscando transporte para traer a Toti de vuelta a casa después de un mes. Sin embargo nunca nadie se ocupó de ella y de lo que ella necesitaba, más que ella misma, y Bertica. Toti jamás ha pasado por casa de Maritza para preguntar por Made, ni se ha preocupado nunca de sus necesidades como hija suya que es. Y a pesar de ello, en los momentos dificiles, es ella la que siempre resuelve las papeletas de todos. Lo más lindo del caso, es que a nadie se le ha ocurrido nunca agradecérselo.

Durante el mes y pico que Toti estuvo ingresado, Made era una olla a presión andante a fuego lento. Gracias a la válvula, la presión pasa desapercibida, hasta que, una de dos, o apagas el fuego o la olla explota. La noche anterior a su partida para La Habana, en mi cuarto de casa del Pipy, por fin explotó. La tensión a la que se había visto sometida desde hacía semana y pico no era para menos. Creo que la llantina la llevaba guardada desde hacía mucho tiempo y que los últimos días fueron sólo la gota que colmó el vaso. A pesar de su caracter extrovertido y dicharachero, Made se encuentra sola cuando Bertica no está a su lado. No tiene a nadie más en quien apoyarse. No confía en nadie más. Ni siquiera puede contar con el apoyo de su propia madre, pues sus relaciones son bastante turbulentas. En el fondo son iguales, les encanta pincharse e irritarse mutuamente. La peor situación que recuerdo en casa de Made, perdón, de Maritza, fue una noche que Made amenazó con envenenar a la perra de Felo, el esposo de Martiza. Por supuesto que no estaba hablando en serio, parece mentira que su propia madre no sepa que sólo estaba mortificándola. El caso es que Maritza se puso nerviosa, supongo, por el comentario, y comenzó a echar sapos, culebras y espumarajos por la boca, diciendo que Made allí no era nadie, que ella le permitía a la perra lo que le venía en gana porque "¡Esta es MI casa! ¡Esta es MI casa! ¡Esta es MI casa!" . Quizá alguien recuerde la escena de Fresa y Chocolate donde Diego y su amigo artista están discutiendo por culpa de las dichosas esculturas. Al amigo le da un ataque de ira y empieza a destruírlas, gritando: "¡Son MÍAS! ¡Son MÍAS! ¡Son MÍAS! ¡Son MÍAS!" . Pues algo parecido. Esto fue sólo el principio. Durante el resto de la discusión, yo tuve que morderme la lengua, literalmente, para no sacarle la cara a Made. Después de todo, yo no era quién para inmiscuirme en problemas familiares, defendiendo a ninguna de las partes, a pesar de que Maritza dice que ya es como si yo fuese hija suya. El altercado terminó con Made llorando y lanzando furiosa el radio-cassette contra el piso, Bertica agachando la cabeza con tremenda pena, Maritza avergonzada por haber discutido tan a lo bestia delante de mí, y yo con los labios cortados y escocidos. Había presenciado otras discusiones del mismo estilo, pero ésta se llevó la palma. Aparentemente no era la primera de aquel calibre ni mucho menos. Made se siente de más en su "propia casa", una extraña, a pesar de ser una esclava en ella. Aquella fue una de las pocas noches que pude ver a Made realmente seria, pensativa y callada, cuando bajamos las tres para mi casa. Lo de "¡ésta es MI casa!" se convirtió en una frase comodín, de esas que se usan sarcásticamente para quitarle seriedad al asunto.

"Ehthel, dame la candela". "Pero devuélveme la fosforera. Esta es MI fosforera"

"Made, préstame un momento la crema ésa". "Pero no te pongas mucha. Esta es MI crema".

Por todo ésto, supongo que cuando yo aparecí, y en las prolongadas ausencias de Bertica, Made vió en mí su tabla de salvación, su pasatiempo preferido, su amiga perfecta que estaba ahí siempre que me necesitase, o siempre, punto. Por otro lado, y después de mis reservas al principio de conocerla, ella también se convirtió en mi Cruz Roja particular, pues con Bertica quince días en el Cayo, yo no se que habría hecho en Viñales sin Made. Seguramente, no quedarme.

La dura cal con la que Made se embadurna todas las mañanas nada más levantarse, es una capa relativamente fácil de arrancar, si tienes interés. No es nada difícil advertir que Made es una persona extremadamente generosa, trabajadora y activa, de gran fortaleza e inteligente. Sin embargo hay muchas otras cualidades bajo esa capa, donde se esconde una persona mucho más sensible, frágil y tierna. Lo que puedo asegurar es que, si empiezas a conocerla, la tarea de ir quitando capas se convierte en una adicción. Poco a poco esa droga va penetrando en tu sistema hasta que llega un momento que te engancha, como si la tarea de descubrir quién hay debajo fuese algo esencial. Es una ardua tarea y supongo que por eso mismo me atrajo. Este personaje tan entrañable no pasa desapercibido por la vida de una persona. O bien es ignorado por completo desde el principio, o se convierte en un torbellino que llega a tu vida armando tremendo revuelo. Eso sí, si llega, lo hace para quedarse. Cuba, sin Made, no sería lo mismo.

"Sueña, que yo te enseñé a soñar. Cree. Vive. Vuela. No cambies"

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