A pesar de que el Gobierno Cubano presume hasta la saciedad de su salud pública presentándola a sus ciudadanos como la “única sanidad gratuita del mundo”, a pesar de tanta generosidad para ser siempre los primeros en aportar sus médicos para cualquier catástrofe mundial, a pesar de muchas otras cosas, la verdad es que los cubanos de a pie son atendidos en hospitales sucios y ruinosos, las estanterías de las farmacias permanecen siempre vacías,… Lea en esta sección y sabrá la auténtica realidad del sistema sanitario cubano.

Lydia es una maestra normalista jubilada que padece de hipertensión. Hace pocos días, para colmo, casi le da un infarto sentada ante el televisor, cuando escuchó en el Noticiero Nacional cómo una funcionaria extranjera alababa al supremo creador del sistema de consultorios médicos en Cuba, quien además acababa de recibir un premio por sus aportes a la medicina familiar.
Y no es que Lydia sea malgeniosa, ni cascarrabias, ni nada por el estilo. Es que aún no se le había pasado el disgusto del sábado anterior, cuando fue al policlínico a tomarse la presión.
Desde el estante -no la silla- donde conversaba con dos muchachas, cómodamente sentado, el ¿médico? de guardia -un pepillito más apto para levantar pesas que para llevar bata blanca-, al verla, le preguntó de mal talante a qué consultorio ella pertenecía. Cuando Lydia le respondió, el medicucho, como regaño -¿o tal vez como explicación?- ladró: "Es que la gente tiene la mala costumbre de venir a tomarse la presión al policlínico. ¡¿Por qué no fue a la posta médica?!"

La mejor noticia que recibió mi vecino, Ángel Jesús, en el nuevo año, fue el resultado positivo del test de embarazo que se realizó Yanelis, su novia.
La pareja se sintió bendecida. Hasta que la muchacha comenzó con sangramientos inesperados. Acudieron a la policlínica del barrio, desde donde remitieron a la embarazada para el hospital América Arias, conocido como Maternidad de Línea.
Mi amigo Ángel Jesús convirtió la carrera en taxi, de 0.80 centavos, en cinco dólares, para llegar con urgencia a su destino. Justo al mediodía entraron al cuerpo de guardia del hospital. Había sólo cuatro pacientes esperando. Era una buena señal: la cola sería breve. Lo que no imaginaron es que esas pacientes llevaban entre tres y cuatro horas esperando para ser atendidas.
La consulta de guardia era atendida por una doctora cubana y otra extranjera, que hacia su residencia. Durante la espera, la puerta abierta del consultorio reveló el porqué de la demora.
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