Publicado el 25 Noviembre 2011
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Es la pregunta recurrente para todo ciudadano, viva dentro o fuera de la isla. ¿Qué está pasando con una revolución socialista que proclamó la estatización como forma de justicia social y ahora privatiza lo que antes confiscó a sus legítimos dueños? ¿Qué sucede con una clase dirigente que antes se erigía en acervo crítico de los propietarios de los negocios, y ahora colocan sus hijos y nietos a adueñarse de esas mismas empresas, como forma -dicen-- de tirarlos de la quiebra en que la estatización forzosa castrista los sumió irreversiblemente?

Hay que reconocer que la oposición democrática cubana perdió la guerra civil que escenificó contra la dictadura en Cuba en los años sesenta. Guerra civil que dejó más de 9 mil cubanos fusilados y 250 mil jóvenes presos, que perdieron su juventud pasando 15, 20, 25 años en las cárceles castristas, justamente para evitar la estatización y la implantación de una dictadura.

Desde el punto de vista ético, no hay fuerza -que no sea la de las armas-- que justifique dentro de la dictadura castrista, después de destruir el país económica, política y moralmente, el enarbolamiento de la bandera de los "cambios" hacia los mismos horizontes que propugnaron antes los jóvenes fusilados y presos en los años sesenta, aplastados entonces en nombre del socialismo castrista (ya auto-derrotado) defendiendo ahora hipócritamente la paternidad del "cambio".

¡Claro que estamos ante la derrota ideológica del socialismo castrista! Esto incluso ha sido reconocido por sus principales personeros -Fidel y Raúl-- en conocidas intervenciones públicas. El problema ahora es que aquellos que se adueñaron del estado cubano por la fuerza de las armas proclamando la necesidad de destruir la sociedad cubana para construir una nación más "justa", se perdieron por el camino del poder absoluto, hundiendo la isla en el peor lodazal que nunca antes país latinoamericano conoció: dictadura desmoralizadora, con hambre y con terror.

¿Se puede confiar el futuro del país a un bando guerrillero -ahora viejo y envilecido por el poder absoluto-- cuyos hijos y nietos (malcriados) pretenden erigirse en herederos de negocios que sus padres confiscaron de sus legítimos propietarios, para iniciar un capitalismo feudal, donde los dueños serían la prole ambiciosa de terratenientes rurales y asaltantes de caminos? ¡Jamás!

Todos sabemos que las fuerzas del mercado crean líderes económicos, que con esfuerzos y sacrificios consiguen estructurar negocios de todo tipo, exactamente como venía sucediendo en la Cuba de la primera mitad del siglo XX. Esos líderes económicos cubanos, que sufrieron la confiscación del castrismo, edificaron en Miami lo que podría haber sido una Cuba sin Castro.

¿Cómo entonces pretende el castrismo hacer crecer la isla sin esos líderes económicos? Los líderes en el mundo de los negocios no nacen precisamente en el seno de las familias que gobiernan, como pretenden hacer los generales de Raúl. Se necesita libertad económica para desarrollar la potencialidad efectiva esparcida en el seno de la población. Nunca serán "los hijitos de papá" los que llevarán la isla por el camino de la riqueza colectiva, como no fueron antes los "incondicionales del partido" que dirigieron la economía en los últimos 50 años.

Un panorama sombrío se cierne sobre la Nación Cubana. Los mismos que fusilaron y encarcelaron en nombre de la estatización antes, ahora fusilarán y encarcelarán sin siquiera sonrojarse en nombre del mercado. Un sueño con la sociedad futura se me hace insoportable: "Una pseudo-democracia controlada desde el estado, donde los líderes económicos sean los actuales "hijitos de papá" --que nada saben de negocios-- manejados tras bambalinas por capitalistas extranjeros ambiciosos e insaciables por el lucro fácil que se garantiza al tener la fuerza del estado represivo -el ejército y policía política de hoy-- de su parte". ¡Una verdadera vergüenza!

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