“Inventar”, así le llaman los cubanos al sobrevivir el día a día. Inventar es conseguir comida para sus hijos, poder comprar ron, pagar el gas, arreglar las grietas de la casa,… y todo ello a cualquier precio, caiga quien caiga, pase lo que pase, engañe a quien se engañe, muchas veces con una moral dudosa,… Ellos dicen: “Chico, ¿y qué puedo hacer?”. Y así continúan su paseo por esta vida, sintiéndose comprendidos por todos los demás cubanos.

Desde un simple mazo de lechuga hasta un pichón de cocodrilo, valorado en 30 pesos convertibles (33 dólares), se vende en la llamada "candonga para carretilleros", un sitio ubicado a 15 kilómetros del centro de La Habana, en la avenida 114 y autopista de Pinar del Río, en el municipio de Marianao.
Este lugar -de aproximadamente 150 metros cuadrados- habilitado por el Estado, recibe a diario entre 20 y 25 camiones particulares con productos agrícolas, provenientes de todas las provincias del país. Mientras los carretilleros (vendedores de viandas, frutas y hortalizas, extinguidos por la revolución desde hace más de 40 años) están de vuelta en La Habana, los Mercados Agropecuarios Estatales se deprimen. ¿Y por qué razón se deprimen?.
Ante tal interrogante, hace poco decidí visitar este punto de venta mayorista, en la periferia capitalina, hoy equivalente a lo que fueron la plaza de Cuatro Caminos o el mercado de Carlos III antes del triunfo de la Revolución. Este centro de acopio, descontaminado de impagos al productor y de toda la sarta de mecanismos burocráticos propios del socialismo, vende de primera mano todos los productos agrícolas que ofrecen los particulares en la capital, y hasta incluso los que consumen algunos organismos e instituciones del Estado.

Desde marzo, proliferan en portales y parques de ciudades y pueblos de Cuba tarimas, kioscos y mesas en que los vendedores con licencia para trabajar por cuenta propia venden ropa, zapatos y artículos de ferretería y el hogar. La ropa que venden resulta atractiva, sobre todo para los jóvenes, por ser prendas que están de moda.
A diferencia de muchas otras iniciativas privadas, este mercado paralelo no es abastecido con mercancías robadas de los almacenes de las Tiendas de Recuperación de Divisas (TRD). Los productos que venden estos vendedores proceden principalmente de Ecuador, Panamá y Miami y el surgimiento de este mercado paralelo ha sido posible por las facilidades aduanales que permiten la entrada de esos artículos en Cuba. Los que reciben esta mercadería, apoyándose en una eficiente red de distribución, se la hacen llegar a los dueños de tarimas y kioscos.
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