Los medios de comunicación cubanos presentan a la población y a los extranjeros que visitan la isla, una especie de Shangri-La, sin embargo, el cubano, vive y ve situaciones violentas y delictivas todos los días, y el extranjero, como siempre, hace que no ve nada aunque lo ve todo.

El campesino Elpidio Menéndez confiesa que no duerme, y no es porque padezca de ningún trastorno del sueño. La necesidad lo obliga a permanecer en vela cada noche. Desde el sitio menos pensado, vigila agazapado sin que nadie lo detecte. Su objetivo son los cuatreros que continúan diezmando el ganado, principalmente el vacuno y el equino, para saciar la demanda de consumidores y revendedores.
Los campesinos cubanos que crían estos tipos de animales, corren el riesgo continuo de ser despojados de uno o varios ejemplares, incluso en una misma noche. Basta cualquier fallo en la vigilancia para que se produzcan el hurto y el sacrificio.
La incidencia de este delito se mantiene alta, no obstante haber disminuido en algunas zonas del país gracias a las medidas preventivas tomadas de forma individual o colectiva. Ni las altas penas de cárcel para los ladrones han sido suficientes para impedir la escalada que cada mes afecta a decenas de campesinos en todo el país.

Desde hace tiempo el Gobierno de Cuba se ha dedicado a pregonar que todos los cubanos que se han atrevido a disentir de sus políticas y de su forma de gobernar están "pagados por el Imperio". Cuestión ésta que es totalmente falsa, pues la mayoría de los luchadores por los derechos humanos y por el fin de la dictadura, dentro y fuera de Cuba,
jamás han recibido un centavo del Gobierno de los Estados Unidos.
Sin embargo, todo el andamiaje que tiene el Gobierno de Cuba para proteger sus intereses y salvaguardar la dictadura está compuesto por personas que están, en su totalidad, pagadas por la familia dueña del país, que, de hecho, actúan como si de un imperio se tratase y todos los ciudadanos fueran sus súbditos o sus esclavos. Un ejemplo significativo de esto es el sistema de justicia cubano.
La policía, encargada de detener a presuntos delincuentes, está pagada por el Gobierno. Los instructores del departamento Técnico de Investigaciones (DTI) o de la Seguridad del Estado (G2), son todos asalariados del Gobierno.
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