
La organización creada por el mismísimo Fidel Castro en 1962 para espiar al pueblo, o más bien para que los cubanos se espiaran y delataran entre sí, y medir su lealtad ideológica, agoniza. Los Comités de Defensa de la Revolución (C.D.R.), han sido destruidos por el propio miedo que sembraron en la población.
A nivel de barrio, los C.D.R. quedaron abandonados en manos de dirigentes que ostentan el cargo a conveniencia. Ante el desengaño de los cederistas consagrados y verdaderamente leales al régimen, los puestos claves (presidente, secretario ideológico y vigilancia) fueron tomados por simuladores para cubrir todo tipo de ilegalidades.
La población sintió alivio. Las investigaciones que se realizan a los ciudadanos a través de esta organización, se volvieron ineficaces. Las verificaciones para obtener un puesto de trabajo o un viaje al exterior, se transformaron en trueques de influencias en los barrios que se resolvían con un soborno o un favor.

Seis años después de que Che Guevara, dijera desafiante y orgulloso, en 1964, en las Naciones Unidas que en Cuba: "Hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando", su promesa se cumplía y en Cuba se continuaba fusilando.
En 1971 fue fusilado Nelson, un joven escritor que, con los ojos vendados, murió ante una ráfaga de tiros en los fosos de la Fortaleza de la Cabaña, quizás en el mismo sitio donde había caído el poeta Juan Clemente Zenea, en el siglo XIX.
Nelson Rodríguez Leyva tenía 27 años cuando el gobierno castrista, tras un juicio sumario, apenas sin abogado defensor, lo condenó a la pena de muerte por haber intentado escapar del comunismo en una avioneta de fumigación. Han transcurrido 41 años y todavía queda mucho por saber sobre aquel crimen, cometido contra un joven que se dio a conocer en la narrativa cubana siendo menor de edad, con verdadero talento.
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