
La peor suerte vivida por el pueblo cubano, no resulta de la consideración de su máximo dirigente, hoy en retiro por senilidad, donde imaginaba encontrarse al frente de un país habitado por idiotas. Si desagradables y humillantes resultaban aquellos kilométricos discursos, donde trataba tema tan banales que corresponden a comadres de solares. Y no fueron pocas esas ocasiones donde un “primer ministro” tan cazuelero, empleara, no solo su tiempo, sino que ocupara todos los medios de comunicaciones del país para explicar cómo se distribuiría la cerveza, cualidades de los zapatos plásticos, funcionamiento de las ollitas de presión, fabricación de blúmers a partir del bagazo de caña, etc. y etc. Hoy, su prensa, manipulada por elementos que se desarrollaron en ese miserable ambiente, no puede ocultar su convencimiento de que efectivamente, tratan con una manada de imbéciles, razones sobran.
Recorro Internet y encuentro una nota publicada en el papel sanitario cubano de marca “Granma”, donde entre otros detalles, tratan de justificar la incapacidad del régimen para abastecer de “café” a su población e incurren en aquella vieja norma impuesta por su jefe, le explica a los cubanos cómo colar el café, es para orinarse de la risa si el tema no fuera tan serio.
Mi primer contacto con ese grano, tuvo sus orígenes en el año 1961 en las montañas de Baracoa mientras alfabetizaba a la edad de once años. Allí, aprendía a recogerlo para después llevarlo a los secaderos artesanales que poseían los agricultores al lado de sus bohíos. ¿Cómo lo colaban? De la manera más rústica existente en esos tiempos, ponían a hervir en sus fogones de leña un recipiente de agua con azúcar. En un colador confeccionado por cualquiera de las mujeres de la casa, colocaban la cantidad del polvo acostumbrada a consumir. Polvo que por supuesto, se obtenía después de haber tostado el grano y aplastado en un pilón elaborado con una madera bien dura y pesada. Cuando aquella agua hervía, se vertía sobre el polvo depositado en el colador y la primera colada, la más fuerte, era la que consumían las personas mayores. Luego, el café aguado era servido a los niños, casi siempre para acompañar el desayuno, compuesto de un suculento plato de viandas con chicharrones o trozos de morcilla.
En La Habana se hacía diferente, se ponía a hervir el polvo junto al azúcar y luego se pasaba por un colador de inferior tamaño al utilizado en el campo. En este caso, el líquido obtenido era del mismo gusto y textura.
Mi segundo contacto con el café, ocurrió durante la primera zafra “revolucionaria” ocurrida en el año 1962 y a la que fuera movilizado por el plan de becas. Esta vez, se desarrolló en las montañas de Mayarí Arriba, exactamente en el cuartón Margot. Sin embargo, pude visitar plantas despulpadoras existentes en Soledad y otros pueblos de la región. O sea, ya estoy hablando de miles de muchachitos que estuvieron movilizados en varias regiones del país dedicadas a ese cultivo. Los mismos muchachitos que hoy son viejos como yo y continúan tratando como estúpidos.
La Habana y todo el país, poseía cafeterías donde se vendía ese precioso líquido al precio de solo tres centavos. Una de las más famosas de la capital, era el Café de Raúl, localizado en la avenida 51 de Marianao, pero eso no quiere decir que su producto fuera el mejor. Famosas o concurridas existieron en Cuatro Caminos, Esquina de Tejas, Paradero de la Víbora, Virgen del Camino, Esquina de Toyo, etc.
¿Cuándo comenzó el problema con el abastecimiento del café? Eso lo saben todos los de mi edad y los sobrevivientes de la generación anterior. El ciclón Flora sirvió de pretexto para subir los precios no solo de ese grano, lo sufrieron también las cervezas, maltas y cigarros. Lo importante no fue solamente la subida de los precios experimentados, sino que la justificación del desabastecimiento, fue el elegido como excusa durante medio siglo posterior. Todo lo que sucedió en Cuba tenía dos culpables, los ciclones y el bloqueo norteamericano. A partir del Flora no se logró una estabilidad en la distribución del café a la población, sin embargo, la producción se mantuvo una vez superado los daños. ¿Qué ocurría? Lo mismo que le sucedió al tabaco, carnes, ron, pescado y otros productos, se destinaron a la exportación. ¿Dónde se metió aquel café Caturra sembrado en el Cordón de La Habana? Existen muchos argumentos para continuar hablando del café, pero harían interminables estas líneas
Estoy plenamente convencido de que entre las primeras cafeteras expreso importadas a la isla a finales de la década de los sesenta, se encontraba la mía. La compré en España y era de origen italiana, tenía capacidad para seis tasas. Eso pude lograrlo por mi condición de marino, la nueva población cubana no la conocería hasta la década de los setenta cuando aparecieron en el mercado las fabricadas por la IMPUD. ¿Cómo es posible que ese periódico de mierda, mejor dicho, que ese estúpido periodista, pretenda enseñar a los cubanos a colar café? Señores, si en pleno siglo XXI tuvieron que enseñar a los de la isla a operar cazuelitas arroceras, allá todo es posible. Más aún, cuando esas cosas ocurren en el seno de un pueblo que se caga de miedo.
Si indignante resulta leer las pretensiones de ese individuo tratando de enseñar a su población cómo colar café, encojonantes pueden ser las justificaciones cargadas de mentiras para justificar su desabastecimiento y falta de producción del grano. Alega entre otras cosas que las mezclas con chícharos se producen a partir del 2005, bueno, esa parte de la nota es casi incomprensible, pero agrega otros datos más donde menciona café árabe importado, etc., etc. Antes de concluir, quisiera decirle a ese carnero que casi desde siempre, desde hace muchas décadas, el cubano desconoce lo que es beber un café de calidad. Lo vendieron mezclado con chícaros u otros granos para obtener como resultado un polvo que no olía a nada cuando lo colabas, y además, era insípido. Mientras eso sucedía, nuestras naves transportaban el café cubano, hablo de un grano de calidad aceptable, vendido a diferentes países de Europa y las islas Canarias. Luego, con la finalidad de cubrir ese vacío, nuestras propias naves transportaban hacia Cuba granos comprados en África o México de muy inferior calidad. El resultado obtenido con la mezcla de otros granos y producto recibido al hogar de los cubanos, no podía ser peor.
Como quiera que sea, vivo en un país donde el arco iris de ofertas de ese producto es amplísima, y como es de suponer, puede encontrarse café Cubitas y Serrano. Debo imaginar que para su exportación no se encuentre mezclado con ningún tipo de frijol. En resumen, yo compro café colombiano que selecciono entre veinte o treinta ofertas dispuestas ante mí. Lo muelo yo mismo, y cuando lo hago, es delicioso el olor que desprende. Después de haber probado una sola colada del café que pertenece a mi tierra, el resto del envase fue directo al latón de la basura. Es más, prefiero quedarme con La Llave si tuviera que comprarlo molido.
No los demoro más, los dejo con el artículo aparecido en el papel sanitario marca “Granma”.
Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá.
2011-06-12
Artículo del Granma tomado del periódico “Nuevo Acción”
Ajustar la mezcla y la exigenciaPor Yudy Castro Morales- Cubadebate Hasta su origen resulta mítico. Cuentan que lo descubrió un pastor de ovejas etíope en el siglo XVII, y desde entonces han sido disímiles los efectos estimulantes del café. Lo mismo nos convida a saborear la aromática infusión que a participar en una animada controversia, como las que hoy suscita el retorno del café mezclado, decisión de ningún modo arbitraria. Las dificultades económicas de Cuba, el alza de los precios del grano en el mercado internacional y las insuficiencias para producirlo en el país obligaron a tomar esta medida. Junto a ella también se suspendió la cuota normada que se entregaba a los menores de 6 años, se fijó un precio de cuatro pesos la bolsa; y se mantiene un subsidio de aproximadamente 190 millones de pesos anuales. Hace un año -comenta Antonio Alemán, director general del Grupo Empresarial CUBACAFE- la tonelada de café robusta (variedad que se emplea en la mezcla actual) apenas rozaba los 2 000 dólares mientras que hoy los rebasa con amplio margen; en tanto los precios del café arábigo, que se cotizaba a 3 000 dólares la tonelada en el 2010, hoy cuesta el doble. Alemán apunta, además, que de las aproximadamente 15 000 toneladas de café destinadas a la canasta familiar, solo el 30 % es de granos nacionales. De ahí la composición de los nuevos paquetes: 50 % de chícharo y 50 % de robusta. El café en la mira Después de tomarlo puro, el regreso del café mezclado genera múltiples criterios a lo largo del país. En La Habana, por ejemplo, aunque algunos alegan que siempre lo han ingerido con chícharo, otros lo encuentran muy amargo; aducen que no cuela; les parece elevado el costo y hasta más de uno relata incidentes con su cafetera. En busca de explicaciones para tantas inquietudes, Granma visitó las dos fábricas capitalinas dedicadas a la elaboración y distribución del café normado: torrefactoras Antonio Briones Montoto (del Este) y José María Pérez (Pilón). De mayo a la fecha, ambas entidades han desarrollado intensas jornadas, sobre todo para garantizar, en la primera quincena de este mes, la comercialización en las bodegas de unas 226 toneladas. Ahora trabajamos con mucha presión pues la durabilidad en estado óptimo del café mezclado oscila entre 30 y 45 días, por ello no se puede adelantar demasiado la producción y varían los ciclos de distribución, dice Raquel López, directora de la Planta del Este. También los técnicos de calidad han redoblado su labor. Suleidys Hurtado y Raúl Ernesto Báez, especialistas de las unidades del Este y Pilón, respectivamente, aseguran que a cada hora, incluso en menos tiempo, se le hacen estudios de granulometría (tamaño de las partículas) a la mezcla y se efectúa la prueba de colada, cuyo resultado oscila entre los parámetros establecidos. Entonces, si los exámenes de calidad permanecen entre los índices permisibles ¿por qué emergen tantas inconformidades? Lo primero es que el consumidor fija su patrón de comparación en el café puro distribuido hasta abril -explica Suleidys Hurtado-; ahora hablamos de un producto de inferior calidad. “No obstante, antes de comenzar a venderlo así en el 2005, las mezclas contenían una mayor proporción del guisante, solo que la cantidad empleada de granos del arábigo contrarrestaba el amargor y la acidez. Hoy, los altos precios no admiten la utilización de esta variedad. De cumplirse con las recomendaciones litografiadas en los paquetes, no existe riesgo de accidentes -asevera Suleidys- a menos que la cafetera esté en mal estado o se trate de un café adulterado. Aunque buena parte de la población no tiene hábito de leer instrucciones o fechas de vencimiento, urge aguzar la vista. A un lado del envase aparece claramente el modo de preparación: el agua no debe sobrepasar la válvula de la cafetera; el café no puede estar comprimido en el colector pues el espacio libre favorece la hidratación del chícharo, y la cocción deberá ocurrir a fuego lento. Asimismo, para evitar que nos pasen “gato por liebre”, y se nos quiera vender un café “de puro chícharo”, es preciso corroborar que al final del paquete aparezca un cuño seco con el código correspondiente a cada torrefactora. Los embalajes de la capital muestran, indistintamente, los números 5 y 6; las demás provincias también tienen cifras específicas. Pese a estas precauciones, la vuelta al café mezclado demanda mayor exigencia y control de los insumos. No en vano Isidro Fernández, director de la Empresa Torrefactora y Distribuidora de Café La Habana, resalta la automatización de sus dos plantas como “garantía” ante el desvío de recursos. |
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