La fecunda muerte de Eloy Gutiérrez Menoyo

Debo comenzar diciendo que si alguna vez moví un teclado para referirme a Menoyo, lo hice para criticar esa posición suya dirigida al diálogo con sus verdugos. Extraña es la naturaleza del ser humano, impredecible, diría yo, cuando se trata de un tema tan complejo como lo es el caso "cubano". Inconcebible que un hombre condenado por sus ideas y cumpliera 22 años de su vida en prisión, luego inclinara otra parte de su existencia en tratar de dialogar y quizás convencer al autor de sus desgracias y destructor de un sueño muy particular.
Menoyo muere, pero antes de hacerlo y gozando aún de lucidez, nos deja un legado muy útil. Su testamento debe ser considerado un tema de enseñanza para todos aquellos que promueven ideas de un pacifismo a lo Gandhi en una geografía equivocada y con una población que no respeta la sagrada existencia de las vacas.












