Escrito por Toni Miralles
Publicado el 24 Octubre 2011
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Las marcas del tabaco

Una de las primeras iniciativas de Fidel Castro tras la toma del poder en Cuba fue la nacionalización del azúcar y los cigarros, los dos principales recursos de la Isla. Además, deseaba terminar con la época de las grandes firmas, y sus sobrecargados adornos de oro y púrpura. Se reemplazarían las novecientas sesenta marcas de cigarros existentes por un cigarro popular, disponible en tres o cuatro dimensiones como máximo.

Puede suponerse con cuánto entres yo seguía los acontecimientos desde Ginebra. En los tiempos de mi aprendizaje en esa bendita tierra había calibrado la importancia de la calidad de su suelo. Era evidente que la naturaleza de la tierra y la existencia de diversos microclimas provocaban la aparición de una gran variedad de calidades y que esta diferenciación se acrecentaba por largos años de cuidados y por una experiencia y un sabiduría- en parte instintivas y en parte técnicas- que sólo los plantadores podían haber adquirido. Se produjo una rápida reacción que me alegró profundamente. Me habían enseñado que, en materia de tabaco, la diversidad es un elemento importante y que era absolutamente preciso que cada marca conservara la individualidad que condicionaría se éxito. Era necesario avanzar por ese camino, trazado a costa de tantos esfuerzos.

Por supuesto no resultó fácil esta victoria de los plantadores y de la ciencia tabaquista de los expertos. Algunos propietarios desposeídos intentaron acciones judiciales ante el Tribunal de La Haya. Otros decidieron explotar su marca en el exilio, en tierras de Virginia, de Florida, de Filipinas, en Canarias, en Oriente. Este fue el caso de Henrry Clay, La Corona, cabañas, Murias, cuyos cigarros se encuentran hoy en el mercado pero ya no son habanos.

Circularon muchos rumores. Se dijo que ciertos propietarios habían arrancado sus mejores plantas para aclimatarlas bajo otros cielos; que habían procurado destruir para siempre las plantaciones antes de abandonar Cuba; que sin ellos el cuadrilátero sagrado de Vuelta Abajo nunca más produciría grandes capas, hojas de alta calidad.

Todo esto demostraba el desconocimiento de la extraordinaria vitalidad del pueblo cubano y minimizaba la profundidad de sus conocimientos . Porque todo el mundo se puso a trabajar con tenacidad.

Zino Davidoff.

Mi opinión al respecto de la medida que tenía la revolución cubana de haber echo tres o cuatro tipos de tabacos populares nada más.

Cierto es que para el fumador como para el aficionado de cualquier cosa es fundamental la variedad, el poder elegir sea el producto que sea. Imaginemos por un momento en una casa oficial de vehículos y que en ella hubiera de todas las marcas. Diríamos,¡ que coño de seriedad es esta!, en las fabricas de tabaco de la Isla de Cuba encuentras todas la marcas, no se para que quieren decir... En Partagas, en H. Upman. En La Corona etc. ¡He comprado tales tabacos!, da igual los hacen según demanda del mercado.

La revolución se dio cuenta a tiempo del error que suponía "matarle" al fumador su predilección por las marcas de toda la vida, y sin embargo ahora existen nuevas marcas desde aquella "osadía" que estuvo a punto de dar al traste con el gusto del fumador de poder elegir sus preferencias respecto de los tabacos habanos. No le hacía falta hacer tan "socialista medida". Si se convirtió el dueño de las fabricas, de las tierras tabaqueras, disponía de la manos de obra junto con la materia prima, es decir. ¡ Le pusieron los pollos!.

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