Escrito por andres pascual
Publicado el 07 Enero 2012
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El cabo de la Policía Constitucional de la República de Cuba en La Habana, Eladio Higinio Vergara, pertenece al grupo de ex militares de la causa # 1/59, tristemente célebre no solo porque nunca debieron ser ejecutados, sino porque se filmaron los fusilamientos para "disfrute de los fidelistas"; pero a Vergara no lo mataron, logró esconderse y estuvo en fuga hasta 1973, cuando, como ocurrió en otros casos, un "glorioso miembro chivato del CDR" lo vio a través de una ventana y lo echó pa'lante". Igual suerte corrieron el camagueyano Arsenio Ramos Lechuga, guardia rural hermano de un asaltante al cuartel Goicuría y el policía de Caimito del Guayabal Juan Campa Romay, "Ciclón".

A Vergara lo acusaban de haber asesinado a Lidya y a Clodomira, dos terroristas activas del M-26-7 y de otro crimen cometido en el interior del país; sin embargo, en la prisión se supo que otro individuo había sido acusado y fusilado por ese crimen. Higinio nunca había estado en el pueblo en el que le radicaron una de las causas ni el día de la muerte de las dos militantes castrocomunistas aseguraron que hubiera estado.

En 1973 le pidieron la pena de muerte a Vergara y se la mantuvieron pendiente durante 15 años, en que salió rumbo a Costa Rica en viaje que culminó en Miami, ni lo fusilaron ni le conmutaron la sanción.

A principios de los 80's comenzaron a contaminar el presidio político con delincuentes, jóvenes y adultos, el 80 % de raza negra, ninguno con intereses políticos ni definiciones equivalentes ni en la intención ni en el hecho: robo y vandalismo en el llamado Parque Lenin; piratería marítima de naves como El Cometa o un remolcador de Regla; robo de luces de bengala para quemar a personas en bailes como los del Salón Mambí, o vandalismo de teléfonos públicos para robarse un micrófono con los que hacer guitarras eléctricas rústicas, fueron las causas que convirtieron en "sabotaje o conspiración en grupos contra los poderes del estado" para desestabilizar la prisión política.

Entre los jóvenes, uno de Santiago de Cuba, Ramón Díaz Echevarría, que cayó por "romper teléfonos", robarse los micrófonos y vendérselos a los "guitarreros" a 5 pesos cada uno.

A Ramón lo sancionaron a 15 años por el delito de sabotaje y a 5 por "organizarse para atentar contra la seguridad del estado", la banda de negritos incluía a otros 6 ó 7 jóvenes delincuentes, entre los que recuerdo a Titico, a Lamas, a Cheo (falleció aplastado por un carro de caballos en la calle Cristina hace ocho ó diez años), a Barbarito (sobrino de un coronel del G-2), a Pancho y a Armandito, realmente, las perlas de Oriente, ¡Y qué perlas! Como les llamaba mi amigo Edmigio López Castillo, fallecido hace poco.

La curiosidad, sin embargo, radica en que, cuando este grupo que mencioné antes llegó a La Cabaña, ya existía otro preso al que le pedían 8 por los destrozos del mismo teléfono el mismo día; el tipo mantenía en su poder una petición exacta a la que le dieron a Ramón; es decir, hubo sanción doble a personas diferentes por el supuesto delito.

En cuatro días, el individuo fue enviado a un frente abierto (granja de rigor intermedio con trabajo en la agricultura) llamado Valle Grande, la sanción que le impusieron fue de 2 1/2 años y la acusación para la sentencia firme se la cambiaron a Daños a la Economía, el equivalente por delito común del sabotaje en política; lo que son el desacato o la difamación a la propaganda enemiga.

A Alan Gross no le consta en la sanción que haya entregado "material de espionaje CIA" a nadie de la oposición, entonces, ¿A quién intentaba abastecer de artefactos de alto voltaje en la lucha anticastrista? Por supuesto que a nadie.

Sin embargo, en declaraciones que hizo hace poco, el contratista se inculpó y responsabilizó a la agencia que le entregó los vulgares celulares. Como van las cosas, en cualquier momento aparecen un par de acusaciones: le disparó a Lidya y a Clodomira y rompió el teléfono en Santos Suárez por el que halaron 7 años Ramón y sus muchachos.

Estos detalles son frecuentes en la jurisprudencia castrista, pero se olvidan o no se pregonan ni exponen en foros al efecto hasta el cansancio, porque son miles; por esa razón dos presentadores de noticias del 41 se horrorizaron cuando leyeron lo que decía la sanción de Alan Gross… Si supieran otras cosas se mueren del susto.

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