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Conflictos sociales

Los medios de comunicación cubanos presentan a la población y a los extranjeros que visitan la isla, una especie de Shangri-La, sin embargo, el cubano, vive y ve situaciones violentas y delictivas todos los días, y el extranjero, como siempre, hace que no ve nada aunque lo ve todo.


Robar para vivir

Ladrones enmascarados asaltaron a una mujer al amanecer del pasado viernes cuando transitaba por la avenida Mártires de la Herradura, a escasos metros del Instituto Pre-Universitario de aquí.

El robo con violencia se produjo cuando la mujer caminaba hacia la terminal de ómnibus y dos sujetos con los rostros cubiertos la arrastraron hasta la acera opuesta para despojarla de sus pertenencias. La mujer resultó lesionada. Los malhechores lograron escapar y hasta el momento no han sido identificados.

Un robo con fuerza también fue denunciado en la estación de policía de aquí, en la mañana del viernes 18. Mientras un agricultor se encontraba ausente de su finca, ladrones hasta ahora sin identificar entraron en la propiedad, sustrayendo un arado de discos, un arado subsolador y una rastra de discos, empleada para desmenuzar y alisar el terreno una vez rotulado.

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Dormir o no dormir: El dilema de un campesino

El campesino Elpidio Menéndez confiesa que no duerme, y no es porque padezca de ningún trastorno del sueño. La necesidad lo obliga a permanecer en vela cada noche. Desde el sitio menos pensado, vigila agazapado sin que nadie lo detecte. Su objetivo son los cuatreros que continúan diezmando el ganado, principalmente el vacuno y el equino, para saciar la demanda de consumidores y revendedores.

Los campesinos cubanos que crían estos tipos de animales, corren el riesgo continuo de ser despojados de uno o varios ejemplares, incluso en una misma noche. Basta cualquier fallo en la vigilancia para que se produzcan el hurto y el sacrificio.

La incidencia de este delito se mantiene alta, no obstante haber disminuido en algunas zonas del país gracias a las medidas preventivas tomadas de forma individual o colectiva. Ni las altas penas de cárcel para los ladrones han sido suficientes para impedir la escalada que cada mes afecta a decenas de campesinos en todo el país.

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El sistema judicial cubano

Desde hace tiempo el Gobierno de Cuba se ha dedicado a pregonar que todos los cubanos que se han atrevido a disentir de sus políticas y de su forma de gobernar están "pagados por el Imperio". Cuestión ésta que es totalmente falsa, pues la mayoría de los luchadores por los derechos humanos y por el fin de la dictadura, dentro y fuera de Cuba,
jamás han recibido un centavo del Gobierno de los Estados Unidos.

Sin embargo, todo el andamiaje que tiene el Gobierno de Cuba para proteger sus intereses y salvaguardar la dictadura está compuesto por personas que están, en su totalidad, pagadas por la familia dueña del país, que, de hecho, actúan como si de un imperio se tratase y todos los ciudadanos fueran sus súbditos o sus esclavos. Un ejemplo significativo de esto es el sistema de justicia cubano.

La policía, encargada de detener a presuntos delincuentes, está pagada por el Gobierno. Los instructores del departamento Técnico de Investigaciones (DTI) o de la Seguridad del Estado (G2), son todos asalariados del Gobierno.

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El paraíso de la violencia

Adrián Castellanos Salazar, de 16 años, y su hermano Jorge, de 19 años, paseaban por el parque de Palma Soriano, en la oriental provincia de Santiago de Cuba, cuando fueron atacados por varios jóvenes armados con tubos de metal y palos.

Ana Delsa Salazar, la madre, relató: "Adrián y Jorge se refugiaron en una vivienda. Pidieron auxilio a la policía. "Esperen con calma. Ya hemos recibido como quince llamadas por esa bronca", les respondieron desde la estación policial. Más tarde, una patrulla los recogió. Recibieron asistencia médica e identificaron a uno de los asaltantes. No había aparentes motivos para el ataque. Al parecer hubo desavenencias por apuestas de carreras de bicicletas".

Un abogado jubilado, residente en la Las Tunas, poseía un auto y obtuvo licencia como transportista. Cuando estaba ejerciendo esa labor fuera de la ciudad, tres individuos se le acercaron y le pidieron detener la marcha. La tragedia: todos fueron hallados muertos a tiros. El chofer también iba armado y, aparentemente, se dispararon a otros.

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El turrón

Estafas anónimas

Los "innovadores" graduados con notas sobresalientes en las academias de socialismo real, vuelven a poner en alto sus habilidades para manufacturar una nueva hornada de productos.

El ingenio demostrado en sus propuestas cobra cada día mayor trascendencia y no precisamente por la satisfacción de los clientes.

Basta conocer el drama sufrido por la señora Joana Lima, el pasado 31 de diciembre, para cerciorarse de que todo lo que brilla no es oro, ni el turrón de Gijón una sabrosa golosina.

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El regreso de El Zorro

Hace pocos días el barrio marginal El Palo perdió su tranquilidad, cuando se vio caminar otra vez por sus calles luego de veinte años de encierro, a un individuo llamado Rolando, conocido popularmente como El Zorro.

Rolando padece severos trastornos mentales desde niño y aunque su madre intentó que aprendiera en las escuelas normales, a partir del segundo grado tuvo que asistir a una escuela especial, donde no avanzó nada. Presentaba problemas en el lenguaje y en sus relaciones afectivas. Su única afición era empinar papalotes y que le llamaran El Zorro.

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Abakuás asesinos

A Jorge lo mataron la víspera de Santa Bárbara, de 27 puñaladas, a unos metros de su casa, delante de su madre. Las puñaladas (y los martillazos, puñetazos y las patadas) se las dieron en el suelo. Antes le habían dado un balazo en una pierna. Todo, presuntamente, por profanar una ceremonia abakuá.

Le apodaban Tabaco. No había cumplido los 16 años. Vivía en el Callejón, el caserío de orientales que separa el Reparto Eléctrico de Parcelación Moderna, en Arroyo Naranjo. Volvía del velorio de un abakuá en uno de los edificios al fondo del Reparto Eléctrico conocidos como "el Tercer Mundo". Allí tuvo problemas con unos abakuás recién juramentados. Cuando se fue, lo siguieron hasta las cercanías de su casa.

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Machistas y burdeles

El machismo que no cesa y los burdeles que vendrán

Se podría suponer que en Cuba, luego de más de medio siglo de socialismo y con tanta propaganda acerca de la emancipación de la mujer, se acabó el machismo. Pero no. Es proverbial cuán poco confiable es la propaganda oficial. Usted puede, tranquilamente, olvidarse de lo que digan el Código de la Familia, la Federación de Mujeres Cubanas, el CENESEX y de "las iguales oportunidades para todos sin distinción de género" de que se habla.

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El machismo en Cuba

La violencia de género es una realidad. Los debates sobre el tema ocupan múltiples espacios en toda la nación. El machismo sigue poniendo traspiés a la mujer, y la discriminación por sexo no tiene para cuándo acabar.

Mujeres abusadas física o psíquicamente se ven a montón. Obligadas a trabajar de sirvientas también. Excluidas de funciones sociales por considerarlas ineptas o débiles, esto ocurre cada día en todo el país.

De nada sirve que las telenovelas cubanas de turno revelen la violencia contra la mujer. La gente sólo dice: "Sí, sucede, ¿y qué podemos hacer? Si ella lo aguanta, ese es su maletín. Entre marido y mujer nadie se debe meter".

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Las drogas en La Habana

¿Qué volá? era una expresión cubana que significaba ¿cómo andas? ¿cómo está la cosa? Y digo significaba porque hoy en día es algo más que un simple saludo entre amigos. Su connotación actual está estrechamente relacionada con el narcotráfico, al menos en la capital. En otras palabras, funciona como una identificación entre el expendedor y el comprador.

El traficante o expendedor, por lo regular siempre solo y apartado, vigilante de todo lo que sucede a su alrededor, aparenta siempre estar ausente. Reaccionará ante la frase ¿qué volá?, pronunciada en un tono ascendente. Responderá con la misma expresión, pero en tono descendente, esperando la confirmación del comprador-consumidor, que le dirá: "Está jugando", que significa en el argot: "quiero comprar".

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Estafando

Yo te estafo, tú me estafas, él nos estafa. Y todos nos estafamos. Dentro de ese ámbito social transcurre la vida de los cubanos. Estafar al prójimo es la inducción cotidiana de lo natural, más allá del lucro personal. Es el instinto de supervivencia humana.

Olga tiene 75 años. Su pensión mensual es de 117 pesos, equivalentes a 4 dólares 50 centavos. Una mañana fue al mercado agropecuario, pidió a la vendedora una libra de frijoles negros. Mientras la anciana contaba lentamente los diez pesos que costaba el producto, la pesa marcaba tres cuartos de libra. El incidente pasó inadvertido.

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