Conflictos sociales

La delincuencia en Cuba

La delincuencia en Cuba es difícil de cuantificar porque el gobierno no ofrece datos al respecto. Tampoco en los periódicos aparecen los hechos delictivos cotidianos. Sólo se publican ocasionalmente cuando la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) descubre redes que han efectuado grandes robos. Sin embargo, en los programas televisivos Día y Noche (que salen al aire ocasionalmente) se resaltan los logros de la PNR.

Pero el cubano común cuenta diariamente sus experiencias sobre asaltos, robos y carterismos sufridos. Entre las más frecuentes acciones criminales se encuentra el desgarramiento de cuellos por cadenas de oros arrebatadas a sus dueños, prendas que ingenuas mujeres todavía usan en su afán de lucir más hermosas o de llevar sobre sí la medalla del santo de su devoción. Muchas de estas personas han terminado en hospitales con caderas, clavículas y otros huesos fracturados, o con graves heridas, principalmente porque caen al suelo durante el forcejeo con el ladrón.

Otra modalidad de delito es el engaño, muy extendido en derredor de las Casa de Cambio de divisas sobre todo cuando interrumpen el servicio de electricidad (llamado "apagón" en Cuba) y estos establecimientos cierran. El modo de operar es el siguiente: hay mujeres que insistentemente solicitan cambiar dólares por pesos para resolver una necesidad urgente y su apariencia de inocencia siempre causa que algún ingenuo en vez de cambiar en el establecimiento estatal acceda a hacer la transacción con ellas. Cuando esto sucede, por lo regular aparece el presunto esposo de la mujer para confirmar la justeza de la operación y ahí, precisamente, se pierde todo porque le arrebatan el dinero a quien sea y salen raudos en bicicleta o corriendo entre los transeúntes. La pericia de estos delincuentes es impresionante.

El robo de bicicletas es tan habitual que apenas resulta relevante. No importa que estos aparatos se aten con cadenas y candados a una cerca de hierro o se dejen en locales destinados a su cuidado previo pago, los delincuentes tienen mejores instrumentos y mañas que Houdini.

Se dice que los carteristas trabajan en equipo en los ómnibus y en los camellos: gigantes camiones habilitados para el transporte público en Ciudad La Habana, con capacidad para más de 250 pasajeros hacinados. En estos monstruos rodantes se pierde el sentido de individualidad para formar parte de otros cuerpos sudorosos, atormentados, por lo que las condiciones son óptimas para los carteristas aunque no se trate de Rafles, el ladrón de las manos de seda.

A diario se conoce en la cuadra que una casa fue robada y se llevaron los pocos objetos valiosos que el morador del inmueble poseía. No tiene que estar vacía la vivienda, incluso roban si se encuentra la familia durmiendo, la que al despertar recibe la colapsante sorpresa. ¿Cómo explicarse no haber escuchado nada? A veces alguien se siente dichoso de que así haya sido pues en la probable trifulca con el ladrón hasta la vida se podría perder como le ha sucedido a ancianos que vivían solos.

Quien ose dejar colgada alguna pieza de ropa en un balcón o patio puede estar seguro de que las posibilidades de perderla son inmensas, incluso en pleno día. Siempre alguna vecina se pregunta si el delincuente tenía cualidades de felino, porque no se explica cómo hasta las bicicletas son sacadas de balcones en pisos altos.

No por gusto han proliferado las rejas de hierro en ventanas, puertas y patios pero a veces ni eso detiene a los ladrones, porque han sido abiertas mediante el uso de complejos instrumentos para separar los barrotes.

Por tanto, quienes tienen mayor poder adquisitivo recurren a las alarmas colocadas por toda la casa. Es una pena que sólo una minoría alcance ese lujo.

Los ejemplos pueden ser muchísimos, lamentablemente, y de más envergadura como robos en tiendas, almacenes y fábricas para la venta de las sustracciones en el mercado negro, con redes de distribución y comercialización, según se ha podido confirmar.

En realidad, las causas de la criminalidad (evidentemente en crecimiento) tienen una explicación tradicional: a medida que se han agudizado las dificultades económicas se ha incrementado el delito. El desconcierto del agredido no asimila fácilmente esta explicación pero, si no se eleva el poder adquisitivo de la población, más cubanos caerán en esta nefasta degradación: unos pararán en la cárcel, otros quedarán impunes y continuará el círculo vicioso. Difícilmente se reivindica la persona que ha caído en tan degradantes prácticas.

Viernes, 19 de Julio del 2002

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