Conflictos sociales

¿Seguro que no hay drogas en Cuba?

Escrito por Luis Cino Álvarez.Publicado en Conflictos sociales Imprimir

A juzgar por la afirmación del general Raúl Castro, en su discurso en la cumbre de la CELAC,  de que “en Cuba no hay drogas, sino sólo un poquito de marihuana que alguna gente siembra en macetas”,  uno pudiera pensar que el mandatario, demasiado ocupado con la actualización del modelo económico –Lineamientos del Partido Comunista mediante-, está cada vez más distanciado de la realidad, o que en el MININT lo desinforman diciéndole solo lo que quiere  escuchar, es decir, que el sobrecumplimiento de la legalidad socialista va de maravillas. 

No debe ser ninguna de las dos eventualidades,  porque en el mismo discurso, el general advirtió que combatirá el narcotráfico “a sangre y fuego” e incluso esbozó un amago de terminar con la  moratoria de la pena de muerte.

Es para preocuparse, tanto si la Cuba oficial juega al avestruz, pretendiendo ignorar el problema de las drogas, como si se le va la mano en el enfrentamiento al flagelo, en momentos en que la tendencia mundial es a optar cada vez menos por los métodos puramente represivos.  

Me temo que el general Raúl Castro no se supo explicar, que lo que quiso decir fue que en Cuba el problema no tiene las proporciones que en México o Colombia. Lo cual es totalmente cierto, reconozcámosle el mérito. De todas formas, no es para dormirse en los laureles, porque sí hay droga y bastante.  

Supongo que  la marihuana sembrada en macetas que dice el general  no es con la que hacen los cigarros de la “yuma, la buena” que ahora mismo se pueden comprar en 5 cuc en cualquier barrio de la ciudad (la yerba de parque, la nacional, que nunca ha faltado, es mucho más barata).

También hay coca, solo que luego de la Operación Coraza, de hace 10 años, se ha más que duplicado su precio: un gramo no cuesta menos de 80 cuc (unos 2 000 pesos). Pocos pueden pagarla.  Pero los que no pueden esnifar coca porque no tienen dinero para comprarla, no renuncian a  “arrebatarse”, como dicen ellos. Aunque se jueguen la vida en las experimentaciones, que  no son solo con anfetaminas.

Los adictos, casi todos adolescentes y jóvenes, tanto hembras como varones,  ya no saben con qué más se van a drogar. Inhalan metilfenidato, se lo fuman en un bazuco, ligado con la picadura de tabaco o la marihuana. También está el crack, la melca o la piedra; las combinaciones de medicamentos que llaman “tres con dos”, habituales en las fiestas de adolescentes; un anestésico veterinario llamado  ketamina, el parkisonil, la amitriptilina, el amicodex, el desartedrón. Y hasta la homatropina, unas gotas para los ojos, utilizadas para dilatar la pupila, que ligan con la bebida.

En mi barrio, un muchacho de 18 años casi muere de un empastillamiento con carbasepamina. Llegó a la casa al amanecer, presuntamente de una fiesta, y se acostó a dormir. Los padres pensaban que estaba borracho, pero como ya era por la tarde y no se despertaba, tuvieron que correr con él para el hospital. Los médicos le dijeron que si hubieran demorado un poco más,  pudo haber muerto.   

En los hospitales de La Habana, los casos de muchachos y muchachas “empastillados” hace años que son de rutina.

Si en Cuba no hay drogas, ¿por qué tanto anuncio en la TV sobre las drogas? ¿Por qué la línea telefónica confidencial de ayuda a los adictos? ¿Por qué existe un tan activo cuerpo policial antidrogas, tan dado a las redadas?    

Esto de asegurar enfáticamente que en Cuba no hay droga, con tanta yerba, piedra, polvo y pastillas como hay en la calle y tanto joven que se cuela la droga en la sangre, los pulmones y el cerebro por casi todos los orificios del cuerpo,  es demasiado fuerte. Y lo que es peor, bastante irresponsable.

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