Conflictos sociales

La piratería en Cuba

Piratería en Cuba: ¿El principio del fin?

Muchos vaticinan el final de los negocios de ventas de discos de música y películas, además de la desaparición de algunos canales de la televisión cubana, ya que la parrilla de programas de ésta en gran medida se alimenta del llamado “pirateo”

Mientras continúan los avances en las conversaciones entre los gobiernos de los Estados Unidos y Cuba, en las calles de la isla van surgiendo nuevas interrogantes sobre lo que realmente pasará en un futuro de total normalización. Asuntos tan espinosos como las telecomunicaciones, la colaboración policial y el respeto a la propiedad intelectual (llevados a la mesa de diálogo o que se pretende llevar) han disparado las alarmas entre algunos.

De un total de 34 personas interrogadas al azar y que viven de la distribución del llamado “paquete semanal” (divulgación clandestina, mediante dispositivos digitales externos, de programas televisivos extranjeros, libros, revistas, sitios web) o de la venta de música y audiovisuales pirateados, y a las que preguntamos en la calle por las expectativas futuras de su peculiar negocio, a la luz de la normalización de las relaciones con los Estados Unidos, sólo 7 mostraron optimismo mientras que 2 se abstuvieron de opinar. La mayoría vaticina el final de su “carrera” e incluso la desaparición de algunos canales de la televisión cubana, ya que la parrilla de programas de esta en gran medida se alimenta del llamado “pirateo”.

Entre el cúmulo de opiniones, bien diverso, sobresalen algunas que fueron más allá de la simples respuestas afirmativas o negativas para aventurarse con análisis y pronósticos que pudieran arrojar luz sobre el estado de las cosas. Suprimiremos los apellidos de los entrevistados para evitar que puedan ser víctimas de represalias debido a sus puntos de vista.

El negocio de la venta de discos “pirateados”

Noel, residente en Centro Habana, es de los que ofrecieron respuestas optimistas. En su opinión, el negocio de la piratería, aunque no desaparecerá del todo, pasará a la clandestinidad como tantas cosas en Cuba: “lo peor no viene para nosotros que, en última instancia hasta mejoraremos porque ya no tendríamos que pagarle impuestos a la ONAT (Oficina Nacional de Administración Tributaria) ni sobornar a los inspectores, lo peor viene para la televisión, que todas las películas y series que pone son pirateadas. Si nos hacemos amiguitos de los americanos, entonces el ICRT (Instituto Cubano de Radio y Televisión) tendrá que pagar por todo eso que se ha robado.”

“Ya la televisión de por sí está aburrida, cuando no puedan piratear se pondrá peor y la gente dejará de verla, entonces nosotros venderemos más, seremos más y no hay modo de que puedan hacer algo contra nosotros. Además, aunque llegaran a un arreglo con los americanos, que lo dudo porque allá no es como aquí, allá todo tiene dueño y el gobierno no se mete en eso, siempre habrá programas, películas y revistas que aquí estarán prohibidas y la gente va a salir a buscarlas. Lo prohibido es más codiciado y más caro, así que el negocio mejorará”, concluye Noel.

Sin embargo, para Leonardo, residente en Habana Vieja, la situación empeorará cuando el gobierno cubano se encuentre en una encrucijada al tener que demostrar a los Estados Unidos que cumple con los acuerdos de colaboración en materia legal y a la vez tenga que volver rentable, atractiva y hasta competitiva una televisión concebida, prioritariamente, como medio de propaganda ideológica y, de manera bien secundaria, como entretenimiento de masas:

“Si se normalizan las relaciones con Estados Unidos”, dice Leonardo, “esto será una verdadera locura visto desde ese punto de vista. […] El gobierno está obligado a mantener una televisión nacional para continuar con su propaganda ideológica. Si renuncia a la piratería, entonces tendrá que permitir que entren los canales de afuera y que la gente que pueda pagarlos los divulgue mucho más que ahora, entonces ya nadie va a querer ver ni Cubavisión ni TeleRebelde. […] Multivisión, donde todo es robado, desaparecerá. Lo mismo pasará con las revistas y periódicos que entrarán de afuera, ya la gente no va a querer ni leer el Granma […] tendrán que clausurarlo o poner una pantalla gigante en la Plaza para los dos o tres que quieran leerlo y para que parezca que la gente lo lee.”

“Los que vivimos del pirateo tendremos que buscar otra cosa que hacer. Ya yo estoy pensando en eso. También puede suceder que dejen entrar todos los canales y ellos censurarán de algún modo lo que ellos crean que es peligroso, pero entonces si te cogen con esas cosas te partirán las patas. […] Yo no creo que ellos renuncien a la televisión y su propaganda. Buscarán la forma de sacarnos más dinero, con multas, impuestos y todas las cosas que se les ocurra para con ese mismo dinero que la gente paga por ver otras cosas mantener la televisión de ellos y, entre col y col, colarnos el lavado de cerebro de la Mesa Redonda y los Tras la huella [serie policial de producción nacional cuyo contenido es supervisado por el Ministerio del Interior], porque el día que pongan la CNN, ya nadie verá el noticiero. […] Pero el dinero que pierdan pagando por los programas y películas que ahora se roban a la cara, nos lo van a sacar a nosotros del lomo”, finaliza Leonardo.

Matar dos pájaros de un tiro

Para Nora, dueña de un puesto de venta en el Vedado, el futuro es poco prometedor porque, según su opinión, el gobierno cubano encontrará un excelente pretexto para perseguir a quienes distribuyen el “paquete” y a la vez predisponer a la gente contra los Estados Unidos:

“Será como matar dos pájaros de un tiro. Por un lado nos eliminan a todos los vendedores y así controlan algo que se les ha ido de las manos; por la otra, mantienen a los Estados Unidos en el papel de enemigos eternos. Entonces ya no sería que ellos [el gobierno cubano] prohíben el acceso a la información sino que dirán que son las leyes de los Estados Unidos las que los obligan a tomar esas medidas. Los americanos terminarían como los malos. Y por otro lado, todo es pura negociación y dinero por medio. Si ellos [el gobierno cubano] aprietan por esa parte de la piratería pero ceden por otras, tal vez los americanos hasta se hagan de la vista gorda con otras cosas peores, trapos sucios que no conviene sacar.”

“Vamos, llevando la cosa a los extremos, funcionaría así: por un lado me comprometo a luchar contra esto y aquello otro que también me perjudica, es decir, lo del pirateo; pero por la otra tú te olvidas de que yo le di protección a la mujer esa [se refiere a Assata Shakur, buscada por el FBI y asilada en Cuba] o a William Morales. De eso se trata la política, ya seas socialista, capitalista o monje tibetano. […] El día que no puedan poner cosas pirateadas en la televisión será mejor para ellos, porque así ya tienen una justificación para bombardearnos con esos programas malísimos sobre la policía y sobre cómo todo el mundo está vigilado, para que tengas más miedo. Y la gente sí los va a ver porque la gente cuando está aburrida se dispara cualquier cosa y hasta con el tiempo las van a ver interesantes. Tienen a la gente como zombis. Son sesenta años en lo mismo, no son ni uno ni dos”, agrega Nora.

Si el diálogo EE.UU.-Cuba culminara en un rotundo éxito, entonces habría que preguntarse si, en cuestiones de Derecho, dejarían de funcionar ciertas leyes (como aquellas que favorecen a los cubanos que pisan suelo estadounidense o que restringen los intercambios comerciales con Cuba) y comenzarían a tener efecto otras a las que éramos totalmente inmunes debido al conflicto político de más de medio siglo.

Esa situación funcionó como un escudo que, por una parte (la más escabrosa de todas), permitió al gobierno cubano dar amparo, sin mayores consecuencias, a personas clasificadas como The Most Wanted by the FBI y, por la otra (la más jovial) no pagar derechos de autor por la reproducción y difusión de obras concebidas y registradas en el exterior.

Si tuviéramos en cuenta que el objetivo fundamental de los principales dirigentes cubanos ha dejado de ser aquellos planes de construir el socialismo y defender los principios revolucionarios, ahora reemplazados con el aprieto de mantenerse en el poder tanto como sea posible, y que, en consecuencia, poco a poco, sin que parezca una derrota ideológica, terminarán aceptando todas las condiciones, entonces un futuro de entendimiento pleno y de colaboración mutua dejaría de ser tan ilusorio como lo piensan algunos escépticos, y los temores de una mayoría no serían tan infundados.

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