Conflictos sociales

El paraíso de la violencia

Adrián Castellanos Salazar, de 16 años, y su hermano Jorge, de 19 años, paseaban por el parque de Palma Soriano, en la oriental provincia de Santiago de Cuba, cuando fueron atacados por varios jóvenes armados con tubos de metal y palos.

Ana Delsa Salazar, la madre, relató: "Adrián y Jorge se refugiaron en una vivienda. Pidieron auxilio a la policía. "Esperen con calma. Ya hemos recibido como quince llamadas por esa bronca", les respondieron desde la estación policial. Más tarde, una patrulla los recogió. Recibieron asistencia médica e identificaron a uno de los asaltantes. No había aparentes motivos para el ataque. Al parecer hubo desavenencias por apuestas de carreras de bicicletas".

Un abogado jubilado, residente en la Las Tunas, poseía un auto y obtuvo licencia como transportista. Cuando estaba ejerciendo esa labor fuera de la ciudad, tres individuos se le acercaron y le pidieron detener la marcha. La tragedia: todos fueron hallados muertos a tiros. El chofer también iba armado y, aparentemente, se dispararon a otros.

Rodrigo, de 22 años, residente en la provincia de Matanzas, hacía ejercicios en un gimnasio. Otro joven lo conminó a levantarse para ocupar su lugar. Rodrigo dijo que esperara su turno. El otro buscó un tubo de metal y lo atacó. Rodrigo se debate entre la vida y la muerte. Si se salva, dicen los médicos, sus funciones motoras quedarían muy dañadas.

El propietario de un Jeep, residente en Camagüey, decidió venderlo por 8,000 dólares. Aparece un posible comprador que envía al sobrino a buscar al dueño y el vehículo para cerrar el negocio. Cuando han recorrido 25 kilómetros, el sobrino pide al chofer detenerse para orinar mientras el tío esperaba emboscado. Los dos atacan al chofer y lo matan al instante. Pero las evidencias eran demasiadas y la policía detuvo a los asesinos.

Un pisotón accidental en un ómnibus puede ser detonante de una riña tumultuaria, con impredecibles consecuencias. Basta una palabra mal dicha o mal entendida termina en ofensas y golpes. Los ánimos están muy caldeados.

Pero la prensa oficialista -la única permitida en el país- no publica los hechos ni alerta sobre ellos. Es como si nada pasara en este paraíso terrenal.

El gobierno eliminó la crónica roja cuando incautó los medios de prensa en la década de 1960. Desparecieron en el semanario Bohemia -igual que en otros diarios- las secciones con acontecimientos policíacos. Lo mismo ocurrió en la estación radial capitalina CMQ, que obtuvo gran audiencia en las décadas de 1940-1950 con el programa de denuncia El suceso del día, que recreaba casos de la crónica roja.

Los reporteros en estaciones de policía y tribunales fueron eliminados por el nuevo régimen. Se adujo que la divulgación de hechos violentos exacerbaba acciones violentas, pero ahora se ha visto que ocurre lo contrario. Las difíciles condiciones económicas, la desinformación y la desmoralización de la sociedad han disparado los índices de criminalidad.

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