Generalidades de la música cubana

La Guaracha

Género de canción, normalmente humorística y de doble sentido, con frecuentes alusiones pícaras y ritmo de son. Surgió con cuartetas diferentes que en muchos casos se improvisaban haciendo referencia a sucesos en forma satírica intercalando un estribillo. La fórmula pura de inspiración y coro fue desapareciendo y la GUARACHA moderna posee un desarrollo inicial de un tema para luego entrar en la fórmula tradicional de coro con inspiraciones. El acompañamiento recae en la guitarra y el tres, adoptando un aire y un ritmo que recurre al tradicional ritmo de tango de Cuba

Es a mediados del siglo XIX cuando se observa la presencia de la guaracha dentro del teatro bufo habanero. Forma musical deudora de la tonadilla escénica hispánica, aunque permeada por la rumba antillana, fue desde sus inicios portavoz del espíritu festivo y satírico del cubano. Estuvo unida a la catarsis criolla, incluso en la plasmación de sus ideales independentistas, ya que el pueblo la utilizaba para criticar, en tono burlón, a gobernantes coloniales y a situaciones derivadas del régimen opresor peninsular. El 13 de enero de 1869, en el teatro Villanueva, en La Habana, se canta una guaracha que parece contener los elementos de ataque solapado: Ya cayó, en alusión a la guerra liberadora que se desarrollaba en tierras orientales.

Las guarachas se acompañaban de guitarras, junto a sonajeros como el güiro y las maracas. Luego se le incorpora el tres. Las voces de los guaracheros reiteraban el estribillo, donde el coro daba cobertura temática a las coplas entonadas por un solista. Crítica de costumbres, el gracejo cubano halló en ellas marco ideal para su estro humorístico.

El coro exponía el propósito, como en la clásica pieza La Belén:

Cantadores, a cantar,
esta noche sí que vamos a gozar,
repiquen los tambores,
cantemos con primor,
cantadores, a cantar,
esta noche sí que vamos a gozar.

Mientras el solista entraba de lleno en el asunto jocoso:

¿Qué tienes tú mi negrita
que siempre te he de encontrar?
Ven, para que no me busques,
a vivir con tu moruá.

La guaracha y el humor

En la lírica de la música popular cubana se reflejan los rasgos definitorios de nuestra identidad. Uno de ellos es sin lugar a duda, nuestra capacidad de reírnos y hacer reír. Es posible encontrar resonancias humorísticas en muchos géneros nacidos aquí, pero el territorio más propicio es la guaracha.

Los especialistas coinciden en que su origen está ligado, al igual que otras relevantes músicas del país, en el cruzamiento de las vertientes hispanas y africanas, cobrando ya en la medianía del siglo XIX carta de ciudadanía de criatura natural de la mayor de las Antillas.

Las primeras guarachas que se conocieron formaban parte del teatro bufo, y a partir de los argumentos costumbristas que lo caracteriza, con mucha frecuencia los versos de estas canciones tenían intenciones humorísticas. De tal modo, cuando la guaracha se independiza del teatro bufo y entra en los salones de baile, conserva esa manifiesta intención de llamar a la risa. Esto sucede ya en el siglo XX y tiene muy buenas consecuencias para el género musical, porque en virtud del interés de compositores de diversos tipos de agrupaciones orquestales, la guaracha empieza inicialmente a ser tocada y cantada junto a otros géneros, y luego surge la idea de hacer composiciones, donde esta se mezcla orgánicamente con ellos. Aparece así la guaracha son y la guaracha conga, por ejemplo.

Hay muy importantes compositores cubanos que se dedicaron sobre todo a la composición de guarachas, como es el caso de Ñico Saquito, pero lo habitual es que los compositores populares, ya desde el siglo XIX, hicieran este género y también otros. Un trovador  tan grande como Manuel Corona, a quien se deben emblemáticos boleros tradicionales, como Longina y Santa Cecilia, compuso guarachas muy sonadas a inicios del siglo XX, entre las que se encuentran “Acelera Ñico, acelera” y “El servicio obligatorio”.

Desde entonces, hasta nuestros días, la guaracha no ha dejado de aparecer en el flujo creativo de nuestros compositores, reflejando siempre aspectos del ambiente del hombre común y situaciones o acontecimientos que tuvieran elocuente repercusión en su momento. En las últimas décadas del siglo XX, el mayor exponente de la guaracha es Pedro Luis Ferrer. El trovador que ha sido capaz de composiciones de tan intenso lirismo, ha dado muestras desbordadas de su cubanía, ocupándose de acudir a muchas formas de nuestra música. Ha logrado con sabrosa certidumbre guarachas, que como toda pieza clásica de su género, han pasado a formar parte del acervo colectivo. Pienso en “La glotona”, “Como me gusta hablar español” y “Mario Agüé.”

Se acompaña esta memoria gozadora, con dos guarachas de Osvaldo Farrés (autor también de boleros tan recordados como “No sé qué voy hacer” y “Quizás, quizás”): “Mis cinco hijos”, en la voz legendaria de Miguelito Valdés, acompañado en la década del 40, por el Conjunto Casino de la Playa. Y “Un caramelo para Margot”, interpretado por Pacho Alonso, en los años 70. También “Tumbao acaramelao”, de la autoría de Senén Suárez e interpretado por su propio conjunto. Y por último, una guaracha en la voz de uno de los más importantes cultores de la obra de Ñico Saquito: Eliades Ochoa. La pieza se llama: Un negrito en La Habana.

Fuente; La Jiribilla

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