Opinando sobre Cuba

La carroza fúnebre se paró de golpe

El coche empujado del difunto Fidel Castro

Cinco jóvenes uniformados impulsaron el remolque que llevaba las cenizas del último revolucionario

El incidente fue silenciado por medios de la isla

La pintoresca carroza fúnebre se apagó de golpe a media mañana, camino del camposanto. Pero a ninguno de los presentes les extrañó. Durante unos segundos el viejo jeep ruso tuvo que ser empujado por los cinco "jóvenes oficiales revolucionarios" que a pie escoltaban las cenizas del líder, que viajaban dentro de una urna de cedro, recubierta con la bandera de Cuba. A nadie del público, presente en todo el recorrido coreando "¡Yo soy Fidel!", le sorprendió.

Los cubanos llevan toda la vida observando cómo los almendrones (antiguos coches americanos de los años 50) sobreviven gracias a la pericia de los mecánicos de la isla y cómo los ladas y los moskovis soviéticos chirrían en cada curva. Pero esta vez la escena era otra. La caravana con las cenizas de Fidel Castro se quedó varada en seco donde todo había empezado décadas antes: en las calles de Santiago, cerca del Cuartel Moncada, el escenario de su primera "gesta heroica", en 1953. Seis años después, el 8 de enero, tras derrocar al entonces presidente Batista, Fidel entraba victorioso en La Habana.

Los cinco jóvenes uniformados que escoltaron las cenizas del último revolucionario apretaron los dientes para impulsar con todas sus fuerzas el remolque, sabedores de que estaban ante la misión más importante de su vida militar.

Era más que una foto. Era una metáfora de Cuba, que posteriormente iba a ser silenciada por los medios de la isla. Y para inmortalizar el momento (el 3 de diciembre), allí estaba el fotógrafo Iván Alvarado, minutos antes del entierro en el cementerio de Santa Ifigenia.

Los 900 kilómetros desde La Habana hasta el oriente de la isla resultaron una misión demasiado exigente para los jeeps rusos UAZ-3151, construidos en la Fábrica Ulianovsk, que no son utilizados por Moscú desde principios de siglo (dejaron de producirse en 2003), y que en la isla se reparan en un taller creado expresamente para estos vehículos.

"El propio Fidel los usaba con frecuencia", desvela el historiador cubano Álvaro Alba, especialista en la antigua Unión Soviética y un estudioso de los países del Este de Europa. "Raúl siempre fue el más soviético de los militares cubanos, siente idolatría por la parafernalia soviética. Estos vehículos han participado en los desfiles militares, hacen mucho ruido, son lentos pero fiables", concluye el historiador.

Los tres generales al frente del Ejército cubano permanecieron vigilantes durante toda la operación. A la cabeza, el ministro Leopoldo Cintra Frías, el héroe de la guerra de Angola. Y junto a él, sus viceministros, Ramón Espinosa y Joaquín Quintas Solá. Todos ellos, de absoluta confianza de Raúl, encargados por su jefe de atravesar la isla de occidente a oriente con los restos de su hermano. "Ellos son los cancerberos del aparato, encargados de controlar y velar por las ideas de Raúl Castro", añade Alba.

Al triunvirato no parece importarle que su comandante elija a un civil, quizás al vicepresidente y oscuro burócrata Miguel Díaz-Canel, como su sucesor al frente del Gobierno en febrero de 2018. Aunque el poder lo seguirán manteniendo el Ejército y el Partido Comunista, seguramente con la presencia destacada del propio hijo de Raúl y el todopoderoso zar de los servicios secretos, el coronel Alejandro Castro.

"El elegido tendrá que compartir con ellos el poder, porque el pilar del régimen son los militares y no el aparatichick (aparato) como sí ocurría en los países socialistas de Europa", concluye Alba.

El último viaje de Fidel Castro, a bordo de un vehículo de sus antiguos aliados soviéticos, encierra una paradoja final tan parecida a los constantes contratiempos sufridos por los antihéroes de la odisea inventada por Tomás Gutiérrez Alea en su filme Guantanamera. Un trayecto muy parecido, pero al revés, la del atípico cortejo fúnebre de los familiares de la protagonista de esta película, aplastados por el fin de una era, por la caída de la URSS, y por la burocracia comunista, quienes ironizan con las dificultades de su vida.

La muerte de Fidel -como el coche detenido en pleno funeral, como lo que ocurre en Guantanamera- representa el ocaso de una idea de país.

Por Daniel Lozano

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