Humor cubano

Las primeras voces dentro de la cabeza

Cubano 100% (Ribaldo Ortiz Martínez)

Desde que cumplí doce años y me pajeaba en el batey, empecé a oír voces dentro de mi cabeza. Al principio decían cosas bonitas como: "Tienes tremendo rabo" "Eres tremendo negro", pero parece que después cogieron más confianza y pasaron a ofenderme: "Hijoeputa de la resingá de tu madreeeeeeeeeee" Y eso me desesperaba, me ponía como un león enjaulao.

Me daba trastazos contra la pared del bohío y me volvía loco. Me llevaron al médicos de los locos, en el pueblo y el tipo era tremendo maricón. Le dijo a mi mamá que tenía que hacer una cosa de grupo. Si, es un tratamiento donde la gente te sienta en un circulo y empieza a decir lo que le pasa. El tipo cobraba caro la mierda aquella , pero las dos primeras visitas eran gratis. Si daban resultado podía seguir y entonces te cobraba.

Ya dije que con doce años era grandísimo y tenía tremendo rabo. Cuando me bañaba en el río, las guajiritas se volvían loca con el chorizo. Se me tiraban y ellas gozaban y yo las gozaba. Se formaba tremenda gozadera. Mi mamá me decía que las voces eran de Dios porque yo era un pecador, siempre pensando en la templeta.

Pues a la primera consulta en el pueblo con el médico de los locos me llevó la vieja. El médico tenía una casita muy bonita y tremendo carrazo en el garaje. Me pareció un tipo medio mariconsón. Con tremenda peste a colonia francesa y floreros y cuadritos por donde quiera.

Tenía una habitación grande cómo un salón para aquellas reuniones. Mi vieja me dejó allí y se fue. Yo estaba medio acobardaó. Era grandote, pero no sabía nada de la vida. La gente empezó a contar sus líos. Un tipo se paró y dijo que había apuñalado a la jeba porque la había encontrado con otro. Estaba muy alteraó y el médico le dijo que se tranquilizara. Después se paró una jeba y dijo que ella fumaba campana. Ahí me enteré yo de que esa mata daba buena curda. Desde ese día arranqué todas las matas de plátano de mi patio y sembré campanas. Fumaba campana a cualquier hora del día. Me daba por verlo todo bonito y lindo. Te quitaba el hambre. Hasta se lo dí a fumar a las vacas y las chivas que teníamos en casa, desde ese día se mataban menos.

Pues me tocó el turno y dije que oía voces y el médico, medio maricón, me obligaba pa que dijera en público lo que decían. Yo lo dije y las gentes se rieron y ahí le partí pa rriba al tipo que tenía al lado sentado, al tarrú. Lo cogí por cuello y me lo quitaron rápido sino lo dejo muertecito allí mismo.

A los dos días volví a la consulta, pero ya fui solo y aquello no me gustó ni un poquito.

A los cinco minutos de estar allí la gente empezó a encuerarse. Que va, aquello se puso malo, y el médico también encueros, y me decía que era lo último en Europa y que eso aumentaba la amistad.

Me dejé convencer y la jeba, la fumadora de campana tenía buenas tetas y empecé a amasárselas. Eran duras y grandotas, y tremendo bota caca también tenía y dije, negro mete mano. Pero coño cuando estaba calentando a la blancota aquella, siento un cosquilleo en mi espalda y me viro, eran el tarrú y el médico que me la querían colar por el agujero negro.

Mira, cogí una butaca y empecé a repartir trastazos, medio ciego por el empingue. La tetona cogió un batacazo que no le tocaba.

Fui preso y me querían meter en un lugar para educarme. Mi madre no quiso y me mandó pa Bayamo por un tiempo. Allí seguí haciéndome pajas y oyendo voces.

Partía de maricones. Yo siempre lo digo, no hay gusano honrrao ni psicólogo hombre. Todos están enfermos de la cabeza. El tipo quería meter una fiesta de perchero a costilla mía. Singaó.

Cubano 100%. Marzo 2005. Mantilla, La Habana.

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