Historia de Cuba

Duelo de armas cubanas

La tarde del miércoles 18 de noviembre de 1896 tuvo lugar el último de los más de 120 combates en que participó el adalid espirituano Serafín Sánchez Valdivia durante los casi 12 años que permaneció en la manigua redentora.

El héroe de las tres guerras por la independencia de Cuba en el siglo XIX sabía que ese día las tropas del Coronel español Armiñán, con las cuales había tenido un encuentro la víspera, tratarían de interceptar a las huestes mambisas sobre el río Zaza, en la demarcación de Sancti Spíritus.

En la finca de La Larga, en el lugar conocido por Paso de las Damas, dispuso el enfrentamiento, para el que adoptó varias medidas tácticas con el objetivo de evitar sorpresas en aquellos parajes donde tantas veces había librado batallas.

La composición de hombres y armas entre los grupos contrincantes resultaba desigual. Al coronel peninsular se le sumaron las fuerzas del General López Amor, en total eran más de dos mil 600 efectivos, mientras que las de Serafín apenas llegaban a 800 insurrectos y de ellos solo la mitad pudo entrar en acción.

A la una de la tarde y bajo un radiante sol comienza el fuego, que se prolongó por más de cuatro horas. El cuartel general se instaló sobre una elevación, desde la cual el guerrero mambí constantemente daba órdenes y observaba el campo de batalla sobre su cabalgadura.

El historiador Gerardo Castellanos describió así algunas circunstancias de aquellos momentos y el estado anímico del Mayor General: “Este día no montaba (se refería a Serafín) su habitual

caballo de guerra, que era de más alzada y resistencia que el que llevaba. Estaba muy charlador. Se había acordado de toda la familia, señaladamente de los seres queridos muertos”.

Acto seguido el cronista comentó: “ Tal parece que en el hondo misterio de su alma latía la dolorosa premonición de lo que (…) iba a ocurrirle, puesto que además del recuerdo de sus seres queridos ya fallecidos, insistió mucho en torno al tema de la muerte”.

Eran las cuatro y cinco de la tarde cuando el paladín espirituano se volvió para observar los movimientos del enemigo, una bala homicida salida de un Máuser lo atravesó del hombro derecho al izquierdo, de su boca salía sangre y a los pocos segundos expiró. Había dejado de existir uno de los hombres más grandes de las epopeyas mambisas.

La República, que en su encabezamiento se identificaba como Periódico Revolucionario de Las Villas, en su edición del 30 de noviembre de 1896 daba la noticia y sintetizaba la consternación de las tropas insurrectas cubanas:

“Dolorosamente impresionados por la muerte de uno de nuestros guerreros más ilustres, el General Serafín Sánchez, acaecida en el campo de batalla el día 18 del actual, la Redacción de la República comunica al pueblo de Cuba tan infausta nueva y se asocia al sentimiento de general tristeza que embarga los ánimos”.

Máximo Gómez, General en Jefe del Ejército Libertador, resumió el dolor provocado por el deceso del patriota: “Si la fe en el triunfo de la Revolución hubiera podido morir con un hombre habría muerto con el General Sánchez”.

Fue el comandante Raimundo Sánchez Valdivia, hermano de sangre de Serafín y jefe de su despacho, quien ofreció la impresión más conmovedora del aciago hecho al escribirle a su esposa una carta 48 horas después del suceso:

“…hoy es con corazón desgarrado por el dolor, con los ojos vertiendo copioso llanto por la muerte nunca bien sentida de nuestro querido Serafín. Murió como un valiente en el campo de la acción al golpe rudo de una maldita bala penetrando por el omóplato derecho y saliendo por (…) clavícula izquierda.

“Hoy me encuentro huérfano, solo en el mundo pues he perdido en él a un hermano y a un padre cariñoso. La Patria también ha perdido a un hijo irreparable”.

El Cuartel General del Ejército Libertador emitió la siguiente orden el 28 de noviembre de 1896:

“A este Cuartel ha llegado la noticia de haber muerto el 18 del que cursa, en combate contra el enemigo, el austero patriota, Inspector General del Ejército, Mayor General Serafín Sánchez.

“Su muerte –que deja huérfano para siempre un hogar levantado sobre la arena del suelo extranjero- ha sido un golpe rudo para el Ejército Libertador, que pierde en el General Serafín Sánchez a uno de los más preclaros servidores de la patria.

“… este Cuartel General ordena 5 días de luto en los campos cubanos tan pronto llegue a conocimiento de todos la triste nueva”.

A 120 años de aquel infausto día, las últimas frases del gran amigo de José Martí, de Antonio Maceo y de Máximo Gómez siguen alentando al pueblo cubano por el que tanto luchó en su medio siglo de existencia: ¡Me han matado. No es nada, Siga la marcha!

Israel Hernández Alvarez

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