Historia de Cuba

Historia de una espía castrista

Algunas historias están destinadas a convertirse en primera plana de los periódicos. Otras, están condenadas a ser enterradas para siempre en el bote de basura.

Esta, es una de esas historias. Tiene que ver con Ana Belén Montes, una puertorriqueña que, durante 16 años, espió para el régimen de Fidel Castro desde su puesto en la Agencia de Inteligencia del Departamento de Defensa, donde llegó a ser una de las más notables expertas en temas de inteligencia sobre Cuba.

Scott W. Carmichael, el sagaz agente de contra inteligencia que rastreó sus antecedentes y la arrestó en Septiembre del 2001 está indignado por la falta de publicidad que ha tenido el caso “True Believer” concebido como un esfuerzo por corregir el descuido de los medios de comunicación.

Solamente el diario Washington Times publicó un comentario sobre el libro. Ni siquiera fue mencionado en el New York Times o el Washington Post. En el Sur de la Florida, de todos los periódicos en inglés, únicamente uno mencionó el libro.

Es como si tener una persona convicta de haber espiado a favor de un gobierno extranjero, durante 16 años, no fuera una historia suficientemente válida. Lo que Carmichael escribe, aunque no abunda en detalles, por razones de seguridad nacional, no es una historia inventada.

Ana Belén Montes fue una informante del gobierno cubano infiltrada en el aparato de inteligencia americano que trabajaba a favor del régimen de La Habana porque admiraba a Fidel Castro y porque creía que la política de Estados Unidos hacia la Isla es incorrecta. Ella no aceptó dinero por cumplir su cometido.

Carmichael no culpa a la prensa por ignorar la historia. Retrata a Ana Belén Montes como una funcionaria pública atractiva y sumamente competente. Cuando fue atrapada, menos de una semana después de los atentados terroristas del 11 de Septiembre del 2001, Ana Belén Montes era una de las más respetadas agentes de inteligencia de Estados Unidos, especializada en Cuba, alguien que presentaba informes al Secretario de Defensa, a la cúpula de la CIA y hasta a funcionarios de alto nivel de la Casa Blanca.

Montes fue sentenciada a 25 años de prisión, al ser declarada culpable, el 16 de octubre del 2002, del cargo de haber conspirado para cometer espionaje. Carmichael explica por qué la historia del arresto, confesión y declaratoria de culpabilidad de esta espía pasó inadvertida la primera vez. En aquellos días, era muy difícil para los medios de comunicación americanos ocuparse de ninguna otra cosa que no tuviera relación con Al Quaeda.

Por eso es que Carmichael escribió el libro, en un empeño por llamar la atención de cuán fácil resulta infiltrar un espía cubano en el corazón del gobierno de Estados Unidos. Su libro es de una fascinante lectura y parece una novela de espionaje que, ciertamente, deja muchas preguntas sin respuesta. Carmichael especula con cierto nivel de especificidad acerca de secretos de seguridad que pudieran haber ido a parar a manos de gobiernos que quieren destruir a los Estados Unidos e incluso aventura que, quizás, algunas personas hayan perdido la vida como consecuencia del trabajo de la espía. Desafortunadamente, no ofrece detalles, debido a los términos del acuerdo con la condenada. Por lo mismo, no se puede saber con precisión qué clase de información Ana Belén Montes llegó a traspasar al gobierno cubano.

El libro plantea inquietantes preguntas y expone excelentes puntos. Carmichael dice que no todos los que dicen que la política norteamericana hacia Cuba esta equivocada son espías cubanos. Algunos, o muchos, creen en lo que dicen y actúan dentro de la ley.

Después del arresto, Carmichael se reunió y habló con un grupo de investigadores de alto rango, dedicados a operaciones de contra inteligencia. Su punto fue hacerles reflexionar acerca de lo fácil que había sido para la inteligencia Cubana “plantar” a Ana Montes dentro del Departamento de Defensa y considerar que “debemos asumir que los Servicios de Inteligencia Cubanos lo han vuelto a hacer en otras agencias”.

En el Sur de la Florida sabemos sobre los cinco espías arrestados en el operativo Wasp Network. Estamos al tanto de un espía cubano que logró penetrar la organización Hermanos al Rescate y proporcionó información que condujo al derribo de un avión desarmado, por parte de un Mig Cubano, matando a tres cubano-americanos. Sabemos de dos profesores de la Universidad Internacional de la Florida que resultaron convictos de ser agentes al servicio de Cuba.

La pregunta es simple: ¿Por qué el Gobierno y los medios de comunicación de Estados Unidos no toman seriamente la amenaza del espionaje cubano?

Guillermo I. Martínez reside en el sur de la Florida. Su dirección electrónica es .Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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