Historia de Cuba

Nace la República Cubana

Asamblea de Guáimaro 1869, donde nació la república cubana

El historiador Rolando Rodríguez y el jurista Julio Fernández Bulté, dialogan sobre aquel momento trascendental de nuestra historia en que los próceres componían el alma nacional

Era mañana y feria de almas, escribiría Martí años después en una pieza antológica del periodismo cubano: "Guáimaro libre nunca había estado más hermoso que estos días en que iba a entrar en la gloria y en el sacrificio". A aquella localidad, enclavada en la línea divisoria entre el Camagüey y Oriente, a 78 kilómetros de Puerto Príncipe, acudieron el 10 de abril de 1869 patriotas cubanos del "Oriente, y el Centro, y Las Villas, al abrazo de los fundadores", mientras el machete mambí "esperaba impaciente, antes de desenvainarse mal, la carta de libertades".

Sobre aquel momento en que, al decir del Maestro, nuestros próceres "componían el alma nacional, y entraba la revolución en la república", BOHEMIA convoca a dialogar al historiador y académico Rolando Rodríguez y al jurista Julio Fernández Bulté, Profesor de Mérito de la Universidad de La Habana.

"Tan temprano como a los seis meses justos de la clarinada de Demajagua –señala Fernández Bulté–, se reúnen en Guáimaro para debatir un texto constitucional para la Cuba en armas. Hay varias razones, pero una no puede darse por desestimada: la evidente vocación temprana que tuvo el movimiento revolucionario cubano por su expresión legal. Ese apego al ritmo constitucional se mantuvo durante toda la guerra, incluso después, en la constitución de Baraguá, escrita a silla de caballo, en Jimaguayú, La Yaya."

Como afirma el historiador Rolando Rodríguez, "en la sesión previa a la convención, donde se reúnen Céspedes, ‘representantes de Jiguaní, Holguín, Villa Clara y Sancti Spíritus’ –tal como lo anotaron en el acta–, y del Camagüey, para conferenciar acerca de la unión de todos los departamentos en un gobierno democrático y disponer que la Isla quedara dividida en cuatro estados, Occidente, Las Villas, Camagüey y Oriente, los cuales estarían representados en la Cámara que se crearía. Resulta curioso que, salvo el Hombre del ingenio Demajagua, ninguno de los demás caudillos que le habían dado inicio a la gesta en la región oriental se sentara entre los 14 constituyentes, aunque algunos de aquellos, como Francisco Vicente Aguilera, estaban en el lugar. Sin embargo, la representación camagüeyana reunía a sus más notables insurgentes y, por igual, la junta villaclareña.

"Ya en la convención –prosigue el investigador–, abierta a las cuatro de la tarde del 10 de abril, se tomaron las grandes decisiones que harían imperecedero el cónclave de Guáimaro. La asamblea estableció la unificación de los grupos insurgentes mediante la fundación de la república cubana, que de esa forma vería allí su nacimiento, lo cual permitiría dar un paso rotundo hacia el cuaje de la nación; pero, a decir verdad, no se obtuvo su unidad en cuanto a las concepciones organizativas y métodos para enfrentar la lucha."

La asamblea sesiona

Fernández Bulté subraya que en Guáimaro prevalecieron "en el ritmo de las discusiones, los criterios, las posiciones de los camagüeyanos. Dicen algunos que la constitución fue prácticamente dictada por Zambrana, paseándose inquieto y nervioso de un lugar a otro. Hombre de ideas rápidas, fulminantes y ayudado por la inteligencia de Ignacio Agramonte, rápidamente preparó el articulado".

"De allí salió el texto de 29 artículos, que no tuvo mayores debates. Predominó en él el órgano legislativo, consecuente con las ideas del movimiento revolucionario francés de 1789, sobre todo del girondinismo, de Montesquieu. Es una constitución excesivamente civilista, que amarraba los movimientos del jefe del ejército y del ejecutivo en lo que debía ser una dinámica libre, ya que se estaba en guerra. Esto se pagó en los años posteriores."

Para Rolando Rodríguez, "en la cuestión militar, asunto medular para los intereses de la Revolución, en Guáimaro se estableció una contradicción: el general en jefe estaba subordinado al presidente de la república, a quien debía rendir cuentas, pero le reservaba a la Cámara el derecho de designarlo y removerlo libremente. Por desdicha, una enmienda de Miguel Gerónimo Gutiérrez, que consolidaba ambos cargos, fue desechada.

"Una de las primeras cuestiones a definir debió haber sido cómo modelar el ejército, pero se impuso ante todo el criterio de crear el órgano que lo entorpecería. Es decir, la Cámara. Hay que partir de que, en situación de guerra, el verdadero poder material está en los fusiles. En consecuencia, para dirigir, el legislativo y el ejecutivo tenían que ser solidarios. Si no resultaba de esa manera, en la misma medida en que se hostilizaran y debilitaran, perderían fuerza, autoridad y estarían corroyendo su propio basamento.

"Otra cuestión que pronto daría amargos frutos fue que, en vez de crear soldados, se diera por sentado que los hombres envueltos en la guerra eran ciudadanos militarizados."

El problema social

En Guáimaro se declaró iguales ante la Ley a todos los habitantes de la república, sin fueros ni privilegios. "Un artículo realmente jacobino –en opinión de Fernández Bulté–, con lo que también subyacía el criterio de que la esclavitud debía totalmente desaparecer. Lo cual ya se había expresado con claridad en el alzamiento de Las Clavellinas." Ese artículo "resultaba sin dudas –agrega Rolando Rodríguez–, luego de haber proclamado la república y, por ende, la independencia, la más revolucionaria de sus disposiciones. Removía uno de los más poderosos obstáculos en el camino de la forja de la nación y la nacionalidad: la esclavitud".

Ambos académicos coinciden en caracterizar como una revolución la gesta del 68, porque "en ese momento -puntualiza Fernández Bulté–, los límites y el ámbito de la Constitución de Guáimaro eran profundamente avanzados y sentaban las bases de una transformación social enorme en la solución de los dos problemas fundamentales: el político, la liberación de la colonia; y el social, la libertad de los esclavos. Romper esos dos nudos gordianos era llegar a lo más radical, lo más profundo de la problemática social de Cuba, y hacer una verdadera revolución".

La segunda sesión

El día 11, se acordó que la enseña nacional fuera la que ondeó en Cárdenas en 1850 y Joaquín de Agüero había enarbolado en el Camagüey un año después. Rolando Rodríguez toma la palabra: "Zambrana argumentó que ella era testimonio del largo tiempo que los cubanos llevaban combatiendo la tiranía. Esta elección constituyó otro triunfo de los camagüeyanos, quienes seguían ligados al recuerdo de Agüero".

"Como desagravio a Céspedes por la adopción de la bandera de Narciso López, que, para decirlo con acentos del Apóstol, el pueblo cubano con su sangre se encargaría de lavar sus orígenes, se acordó que la tremolada en Yara se fijaría en la sede de sesiones de la Cámara como tesoro de la república."

Después de esta sesión, se constituyó la Cámara de Representantes y se eligió como su presidente a Salvador Cisneros Betancourt. También se designó a Carlos Manuel de Céspedes presidente de la república. En opinión de Rolando Rodríguez, "la patria y la revolución habían hablado y fueron escuchadas: Céspedes reunía demasiado prestigio para que nadie más pudiera ocupar el lugar preeminente que se le otorgó. Por propuesta de los camagüeyanos, se nombró a Manuel de Quesada general en jefe del ejército. Por su parte, el Hombre del 10 de Octubre propuso, y la Cámara lo recibió con aplausos, la designación de Francisco Vicente Aguilera como secretario de Guerra".

Ante aquella Cámara, Ignacio Agramonte leyó una moción redac-tada por una mujer. Ana Betancourt, la esposa del patriota Ignacio Mora, pedía al cuerpo legislativo que la nueva república que surgía reconociera a las cubanas sus derechos. "Sus palabras se adelantarían en mucho a su tiempo –comenta Rolando Rodríguez–, y resultaron valerosas en medio de aquella sociedad preñada de opresiones y beaterías, en que una mujer no podía siquiera salir a la calle sin ser, en muchas ocasiones, víctima de insultos. Sin embargo, habían sido ellas las que habían alentado con todo fervor a emprender la lucha."

Mirada retrospectiva

Como afirma Fernández Bulté, "se ha dicho que en Guáimaro se trataba de regular una república que solo existía en el sueño de aquellos hombres, yo prefiero decirlo de esta manera: esa república ya existía en los machetes y los fusiles que estaban llevando adelante la gesta libertadora".

"Pudo esta asamblea haber cometido errores –señala a su vez Rodríguez–; y su obra tener imperfecciones, no se trata de negarlos. Pero, hay que valorar que ante sus logros, los errores toman dimen-siones minúsculas. Hay que volver el rostro y admirar ante todo el paso monumental que significó establecer la república y abrirle camino a la independencia, y, por igual, rendirle tributo a cuenta de la trascendencia colosal que tuvo la proclamación de que todos los cubanos eran enteramente libres."

"Tampoco cabe olvidar la falta de experiencia en aquel momento y que, además, las acciones de la convención se correspondían a las circunstancias de la época. Los conceptos se burilan gracias a los hechos y las ideas evolucionan al compás de estos. Los forjadores de la nación y de la conciencia patria fueron hallando poco a poco la solución justa a los problemas de Cuba, y dejaron una lección imperecedera: la verdad emerge siempre a cuenta de lucha, sacrificios y no pocas veces de la sangre, y no del numen de hombres encastillados en ensoñaciones perfectas."

Para Fernández Bulté, "lo que más trasciende de esta constitución es que la república cubana surge con ella, el 10 de abril de 1869, al consagrarse el primer Estado revolucionario, con la República de Cuba en Armas, reiterada después en las de Baraguá, Jimaguayú y La Yaya. En 1902 solo se le dio continuidad al cuerpo republicano nacido muchos años antes, lamentablemente esa continuidad se hizo en una forma mediatizada, sometida al dominio imperialista".

"La nación cubana –prosigue– se consolidó en el curso de la guerra del 68. Para que la nacionalidad cubana cuajara y se elevara al rango de nación, hacía falta la unidad económica y política de nuestro archipiélago, el primer paso serio para lograr la unidad política es la Constitución de Guáimaro."

Y añade Rolando Rodríguez: "No osemos desconocer que en Guáimaro fue donde comenzó a dárseles respuestas institucionales a las demandas de una nación en cuaje, que estaba reventando en su brote. La revolución del 68, que se expresó en la lucha armada, fue su resultado; y Guáimaro, el resultado de su necesidad de buscar una legalidad para la lucha y una personalidad para toda la nación. Esta quedó plasmada en la república que, a pesar de su carácter neocolonial, vería en 1902 emerger el Estado nacional. De dotarlo de independencia absoluta con el alba del Primero de Enero se encargaría una vez más la intransigencia peleadora de los cubanos".

Por: PEDRO ANTONIO GARCÍA - Fuente: Revista Bohemia

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