Historia de Cuba

San Juan de los Remedios

San Juan de los Remedios

“la miseria invadía las calles solitarias y desiertas ; los truhanes y malvados , haciendo ....... ..... ......"

Cuando en 1601 se hizo por primera vez una división territorial de la Isla, separándola en dos provincias, Remedios quedó excluido de ambas, seguramente porque su escasa importancia la había sepultado en el olvido, hasta que al advertirse en 1621 esta preterición se agregó a la demarcación y gobierno de La Habana. Ya para entonces el desarrollo de su ganadería y el incremento del comercio de corambres eran lo bastante fuertes como para despertar la codicia de los filibusteros de la Isla Tortuga, de manera tal que en 1658 el pirata Francisco Nau, llamado el Olones, paso a cuchillo frente al puerto de Caibarien a la tripulación de un buque enviado desde La Habana para socorrer a los vecinos de San Juan de los Remedios que habían solicitado ayuda ante la inminencia de un ataque.

Robos, saqueos, incendios y depredaciones fueron durante un largo tiempo el triste sino de los estoicos pobladores, que a veces resistiendo y en ocasiones abandonando la Villa, lograron al fin afianzarse en el lugar.

Desde entonces se dividieron las pretensiones colonizadoras de los vecinos, entre quienes, con el padre González de la Cruz a la cabeza aspiraban a reunirse en un asiento más mediterráneo que los preservara de los asaltos de los piratas; los que pretendían establecerse en un lugar de destino bajo la dirección del padre Bejarano, y finalmente quienes no querían abandonar sus campos, hogares e intereses.

Este capitulo de la historia remediana merece ser relatado, porque aun entre querellas y pasiones que obnubilaban el juicio y oscurecían la razón, emergió la Villa con toda su fuerza tradicional para constituir una de las mas pintorescas municipalidades de la provincia villareña.

Un buen día el párroco de Remedios, González de la Cruz, tomó en sus manos la majestad sacramental y con diez o doce familias partió hacia el centro de su finca El Cupey, alegando que “el demonio se había metido en muchos moradores de la Villa de Remedios” y que aquel sitio iba a sufrir el castigo de una gran catástrofe. Por otra parte, el padre Bejarano abogaba por el traslado a otro lugar que evitase o cuando menos contuviese los ataques de sus enemigos.

Mientras, el gobernador Francisco Rodríguez de Ledesma comisionaba al capital José Delgado para establecer la paz y poner de acuerdo a ambos sacerdotes, la incertidumbre acerca del definitivo asentamiento de la Villa llenó de tristeza y desolación a sus vecinos,, de tal manera que muchas familias deambulaban por los campos con abandono de sus hogares y pertenencias , “la miseria invadía las calles solitarias y desiertas ; los truhanes y malvados ,haciendo de las suyas, asaltaban casas y campos , y ni el mismo templo se libro de los estragos , pues hasta allí llegaron los ladrones y se llevaron los ornamentos sacerdotales y cuanto aprovechable había a mano”.

Fuente: BuenavistaVCuba Blog

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