El tabaco cubano

Miami, epicentro de los habanos falsos

Escrito por Joaquim Utset.Publicado en El tabaco cubano Imprimir

A los ojos del principiante, parecen idénticos a los auténticos. Largos, robustos, de color cobrizo y con las inconfundibles etiquetas que durante décadas han identificado a los cubanos como los mejores puros del mundo.

Sólo cuando lo enciende es que el aventurado comprador descubre que los tabacos ''cubanos'' que adquirió en una esquina de La Pequeña Habana o en una bodeguita de South Beach son una burda copia que no vale ni los apenas $5 que pagó por cada uno de ellos.

Estos falsos habanos, además de posiblemente herir el amor propio de los consumidores estafados, son una espina en los zapatos de las grandes tabacaleras que cuentan con los derechos en Estados Unidos de las históricas marcas cubanas.

Tras años de cabildeo, las grandes compañías han conseguido en los últimos tiempos que las autoridades estatales y federales les empiecen a hacer caso en la lucha contra una industria ilegal que cada año mueve centenares de millones de dólares y tiene a Miami como su principal centro de producción en Estados Unidos, según los expertos.

No es casualidad que la mayor redada en años en contra de la industria de los tabacos falsos se efectuara el pasado diciembre en nueve puntos diferentes de Miami-Dade, en los que se confiscaron de golpe unos $100,000 en productos y se arrestaron a ocho integrantes de una red.

A cinco de ellos, esta semana se les agregaron cargos federales a los estatales que ya encaraban. En total, pudieran ser sentenciados hasta a dos años de cárcel y $2 millones de multa.

Un mes antes, en febrero, la oficina del alguacil de Broward arrestó a los dos dueños de sendas tiendas de tabaco por vender habanos falsificados. Además, desde el 16 de marzo, el Congreso convirtió en delito federal la posesión y producción de empaquetado falsificado.

''Esto representa la mayor actividad vista en muchos años, ahora contamos con impulso'', señaló el abogado Jorge Espinosa, el representante de la filial estadounidense de la multinacional tabacalera Altadis. ``Al fin las autoridades se interesaron''.

Espinosa explicó que Altadis USA, con sede en Fort Lauderdale, durante años trató de combatir a los fabricantes de falsos puros cubanos a través de demandas, en tribunales civiles, por la violación de una marca registrada.

Pero, aunque se fallara en contra de los demandados, los productores ilegales solían valerse de artimañas para no pagar compensaciones. Por eso, las tabacaleras presionaron a las autoridades para que usaran la vía penal para combatir a su ilegal competencia.

En una gran parte de los casos, como sucedió en el arresto de los dos comerciantes de Broward, las mismas tabacaleras envían a informantes para que se hagan pasar por compradores o infiltren las redes de producción. Luego pasan esa información a las autoridades. ''La policía tiene mucho trabajo y pocas personas para hacerlo'', apuntó Espinosa.

Altadis tiene los derechos en Estados Unidos de famosas marcas cubanas como Montecristo, H. Upmann, Romeo y Julieta, Trinidad o Por Larrañaga, luego que su subsidiaria Cuban Cigars Brands las comprara a sus dueños exiliados.

Estos, a su vez, habían conservado los derechos luego de un extenso litigio en el que los tribunales federales terminaron por fallar que los dueños exiliados mantenían la propiedad de las marcas, a pesar de que sus empresas originales hubieran sido confiscadas por el gobierno cubano.

Desde entonces, Altadis USA comercializa dentro de Estados Unidos tabacos bajo esas marcas célebres elaborados con hoja dominicana o centroamericana, los cuales gracias al embargo no tienen que competir con los fabricados por la compañía gubernamental de la isla Cubatabaco que vende esos mismos sellos en el resto del mundo.

Con la que sí se tienen que disputar el mercado es con una activa producción local que es capaz de replicar los anillos, las etiquetas y hasta el timbre oficial con que se sellan las cajas para garantizar su autenticidad.

Algunos falsificadores copian las marcas legalmente comercializadas en Estados Unidos, como las de Altadis, mientras que otra versión del delito es copiar las que se producen en Cuba haciéndolas pasar como si fuera tabaco de la isla traído de contrabando.

''Son capaces de replicar las cajas que se elaboran en Cuba'', explicó un portavoz de la agencia federal de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), Zachary Mann, quien tiene experiencia personal en la persecución de este tipo de delito.

''Un verdadero conocedor los puede identificar, pero para los otros representa la oportunidad de comprar un puro cubano a buen precio. Algunos son visitantes de otras partes del país, que se los llevan de vuelta a su casa para poder alardear con los amigos'', explicó Mann.

Los productores ilegales suelen funcionar de forma muy compartimentada, cada uno especializado en una tarea concreta. Así, en una pequeña imprenta de Hialeah se elaboran los anillos y los timbres, en una casa de Kendall se montan las cajas, y otro importa los tabacos de baja calidad.

''Las operaciones suelen ser relativamente pequeñas'', explicó Mann. ''No se dedican a enrollar los habanos, lo único que hacen es empaquetarlos como si fueran el producto real'', agregó.

Una de las claves detrás de las últimas operaciones son las delaciones de personas involucradas en la producción ilegal y de potenciales compradores, algunos de los cuales por su posición anticastrista denuncian a quienes les tratan de vender productos cubanos en aparente violación del embargo, explicó el abogado Espinosa.

''Lo que siempre me he preguntado es, ¿cómo en una sociedad cerrada y bajo un aparente férreo control se pueden sacar paquetes y paquetes de las fábricas cubanas?'', dijo el letrado. ''Eso me recuerda lo que decía mi abuelo, que por dinero baila el mono'', agregó.

El Nuevo Herald - Miami,FL,USA

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