Deportes

Martín Dihigo

Semblanza para un Maestro Inmortal.

Su mirada iba más allá del horizonte, y en ella se dibujaba un rostro de nobleza, hidalguía y, sobre todo, el apego al terruño que lo vio nacer. Montones de arrobas beisboleras arrullaban su cuerpo y él, cual simple mortal, recorría las calles de New York, Matanzas o la capital, con la efigie natural de pelotero bueno que lo acompañó desde los años mozos, hasta la ternura de nietos e hijos en las piernas.

Su vida no se circunscribió al diamante, también disertó en tertulias culturales. El rostro de este hombre aparece en peñas musicales como la del trovador Sirique, hijo de Valentín González, un pelotero de alto nivel en el siglo XIX, de quien había heredado el apodo. A nadie negó un consejo, ni anécdotas de tiempos de glorias, que enriquecerían el acervo cultural de la pelota cubana, y más allá.

Lector voraz de temas disímiles, prefirió hurgar en la historia de su país, quizás para enraizar la autoctonía y mantener la dignidad nacional en cualquier plaza. Martí y Maceo fueron el centro de su atención. De ellos bebió una savia vivificadora de energía, patriotismo y entereza. Algunas peñas llevaron su nombre en pleno apogeo, como aquella de Reina y Belascoaín. A ellas acudió y logró enriquecerlas con el don de la palabra y el respaldo de los hechos.

A nadie quedó mejor el uniforme, ora del Habana, el Cienfuegos, Marianao o Almendares y el fortísimo Leopardos de Santa Clara; los Cuban Stars y el New York Cubans de las Ligas Negras, o el Hilldale Daisies; en equipos mexicanos como el Águila de Veracruz, y tantos otros. Los vestía cual frac de lujo y supo hacerlos respetar en aquellos seis pies con tres pulgadas de estatura (infrecuentes entonces) y unas 190 libras de peso.

Fue lanzador, receptor, jugador de todo el cuadro, jardinero, manager, y profesional de la palabra beisbolera; imposible abarcar más. Hay versiones del lugar de nacimiento. Aceptamos la de Alfredo L. Santana, quien afirma que había nacido el 25 de mayo de 1906, en el ingenio Jesús María (Cidra), actual municipio de Limonar, provincia de Matanzas. Sus padres se nombraban Benito Dihigo, sargento del Ejército Libertador en la Guerra de Independencia y Margarita Llanos.

Para muchos especialistas, está considerado el jugador más completo (all around) que ha pisado un terreno de béisbol. A la ofensiva se echó a sus espaldas las míticas cinco herramientas: inteligencia y decisión, bateo, fildeo, rapidez, excelente brazo, poder… Y sobre la lomita, estuvo entre los mejores. El destacado jugador Buck Leonard, afirmó: “Él fue el mejor de todos los tiempos, blanco o negro. Ustedes escojan a Ruth, Cobb y DiMaggio, que yo me quedo con Dihigo…”

Buck Canel, cronista y locutor deportivo puertorriqueño, lo seleccionó el mejor tercera base de las Ligas Negras. Y que conste, jugó todas las posiciones y no fue la antesala su bastión. A partir de allí, apareció el imprescindible eslabón de utility. Según los documentos de la época, cuando Dihigo entraba a la grama de cualquier estadio, los ojos iban hacia aquel de carisma desbordado.

A los catorce años era una estrella prominente, y a los quince integró una nómina de profesionales en el Palmar del Junco. Participó en veintiuna temporadas de la Liga Profesional Cubana y en dos torneos independientes, desde 1922 hasta 1947, donde dejaría récords infranqueables. Había debutado, con solo diecisiete años, con los Leones del Habana, dirigidos por otro grande: Miguel Ángel González. Ese mismo año se fue a los Estados Unidos con los Cuban Stars, de las Ligas Independientes de Color, o Ligas Negras norteamericanas.

En aquellas lides estuvo durante veintitrés campañas, entre 1923 y 1945, donde defendió todas las posiciones, y dirigió. Había debutado con los Cuban Stars East de 1923. Con el Homestead Grays en 1928, el Hilldale Daisies de 1929 y 1931, así como con el Baltimore Black Sox de 1931. Integró el primer New York Cubans, propiedad de Alejandro Pompez, en 1935, y se mantuvo en 1936 y 1945. Allí, en su primer año, lideró los jonrones, lo que repetiría en 1926 y 1927, con elevados promedios de .421 y .370, respectivamente. En 1929 finalizó segundo en cuadrangulares y bateó .386. Al año siguiente lo hizo para .393. Datos imprecisos nos dicen que como lanzador en ese circuito, alcanzó un balance de 27-21. Jugó en varias Series Mundiales de las Ligas Negras, a donde acudía como lanzador y bateador. 

Dihigo fue, según James A. Riley, en The Biographical Encyclopedia of the Negro Leagues Baseball, p. 234: “El jugador más versátil que haya jugado béisbol. Llegó a los Estados Unidos como segunda base, pero con el tiempo se desempeñó en todo el cuadro y en los jardines. Después se subió al montículo para lanzar y cuando no lo hacía continuaba como factor principal en la alineación…” En 1945 dirigió los New York Cubans. Datos inexactos de toda su carrera nos dicen, según este autor, que el Maestro Inmortal había ganado 261 juegos y perdió 138.

Su labor en México fue fabulosa. Había comenzado con el Águila de Veracruz, después estuvo en otros equipos. También fue brillante su labor en torneos profesionales de Panamá, Venezuela, República Dominicana y Puerto Rico. En más de una ocasión obtuvo los títulos de bateo y de los lanzadores, en el mismo torneo.

Por esas cosas de la vida, ese año había llegado Jackie Robinson a las Mayores y rompería la barrera del color. Martín no pudo hacerlo por la discriminación que arrastró en carne propia, y le faltó tiempo. A pesar de ello, su extraordinaria carrera le deparó muchas satisfacciones. Dirigió en cinco campañas de la Liga Profesional Cubana: 1935-1936, con el Santa Clara (campeón), 1936-1937, con el Marianao (campeón), 1937-1938, con el Marianao (3ro.), 1939-1940, con el Cienfuegos (2do.) y 1946-1947, de nuevo con el Cienfuegos (3ro.). Total: en 271 desafíos, obtuvo un balance de 142-129 (.524). En 1953 estuvo al frente del Caracas, de Venezuela, en la Serie del Caribe, donde obtuvo la 4ta. posición (1-5).

El 3 de febrero de 1977, ya fallecido, se dio a conocer su ingreso al Salón de la Fama de Cooperstown, junto a otros estelares como John Henry Lloyd, Amos Rusic, Ernie Banks, Joe Sewell y el ex manager Alfonso López, de ascendencia cubana. La ceremonia se hizo efectiva el 8 de agosto de ese año. Así reza la placa: “Martín Dihigo El Maestro. Ligas Negras (1923-1947). El más versátil de las estrellas de las Ligas Negras. Jugó béisbol en los campeonatos de verano e invierno. Registró más de 260 victorias como lanzador y cuando no subía a la lomita, actuaba en distintas posiciones para promediar más de 300. También fungió como manager en diversas épocas…”

Además, había sido seleccionado a los Salones de la Fama de Cuba (1951), así como de México y Venezuela (1964). En este último país lanzaría en 27 desafíos, de ellos 25 completos, con un impresionante balance de 21-4 y 0,41 de efectividad. Se proclamó campeón, como manager del Leones de Caracas, en el torneo 1952-1953. Había llegado a la tierra de los morochos en 1932, donde estuvo tres campanas. Allí, el 21 de agosto de 1932, dejó sin hit ni carreras al Cincinnati de La Güaira en la Liga de Verano y ponchó a 15 bateadores, proporcionándole la victoria al Concordia (4 x 0). El 18 de septiembre de ese año, ponchó a 17 jugadores del Caribe, en 10 entradas. En 1933 había alcanzado un record de 6-0 (1,000), con un increíble promedio de carreras limpias (0,15).

En Puerto Rico tocó la leyenda cuando en un juego defendió los tres jardines y al siguiente día participó en un doble, defendiendo el campo corto en el primero y propinando una espesa lechada en el segundo. En el Santo Domingo de 1937, estuvo con las Aguilas Cibaeñas, donde descolló al bate y como lanzador del conjunto. Había finalizado líder jonronero de aquella liga y terminó con .351 de average. Solo el sensacional Satchel Paige ganó más de las 6 victorias, las alcanzadas por Dihigo en un torneo que duró 28 encuentros. 

En 1937 se había desempeñado con el Águila de Veracruz, en la Liga Mexicana, donde dibujaría con pincel de lujo una impresionante trayectoria. El 16 de septiembre, en Veracruz (4 x 0), se convirtió en el primero en lanzar un juego sin hit ni carreras en ese circuito, frente al Nogales. También el prístino que conectó 6 hits en 6 veces consecutivas, contra el Agrario, el 18 de septiembre de 1938, en el Parque Delta, un récord que perdura. Otros lo comparten hoy, incluido el granmense Alfredo Despaigne en el 2013, con los Piratas de Campeche. En 1938 Martín logró otra hazaña, al resultar líder de los bateadores (.387), así como en carreras limpias (0,92), ganados y perdidos (18-2) y en ponches (184).

Allí conserva el récord de ponches en dos juegos consecutivos (34), una proeza alcanzada en 1939, con el Águila, así como de más temporadas (4) liderando los ponches. Comparte las marcas de más años (4) como champion pitcher, en triunfos y derrotas, de más años (2) con el título de carreras limpias, y más ponches en un desafío (18). Como manager, en 1942 llevó a la cima al Torreón. En la tierra de los mariachis y el tequila, su impresionante marca desde el box fue de 119-57, con una efectividad de 2,84. Al bate lo hizo para .317.

Un día de 1947, dijo adiós en ese querido país como jugador activo, con los Tuneros de San Luis y con el Veracruz. Su última aparición oficial fue el 26 de julio de ese año, en el Parque del Seguro Social de Ciudad México.

Por su raigambre presencia, le persiguieron las anécdotas: En México hizo historia, como la hizo en Venezuela y en las Ligas Negras de Estados Unidos. En 1930 lanzó por una selección negra y superó al zurdo Lefty Grove (1 x 0), de los invencibles Elefantes Blancos de Filadelfia, dirigidos por Connie Mack y que acababan de vencer al San Luis en la Serie Mundial. Allí le propinó tres ponches al toletero Jimmy Fox, quien al igual que Grove pertenece al Salón de la Fama. Por entonces se comentó que Connie Mack exclamó: “Si este negro no fuera negro, no habría quien me lo arrebatara”. Este hombre ayudó como pocos a crear la plaza de utility en el All Stars negro de todos los tiempos, por su versatilidad.

Convertido en periodista y comentarista autodidacta, de profundo sentimiento patrio, no pasó por alto un lamentable incidente. Allí brillaría tanto como con el guante, su poderoso brazo y el bate. En la temporada 1949-1950, publicó un artículo titulado Pelota cubana para players cubanos, que se puede leer en el libro citado de Alfredo L. Santana, p. 56: El Inmortal del Béisbol. Martín Dihigo, que bien pudiera rememorar a Martí en su Vindicación de Cuba, al erguirse en defensor de la soberanía nacional ante las indisciplinas de entrenadores y peloteros norteamericanos, en franca demostración de prepotencia, amparados en el Pacto de 1947 entre la Liga Profesional Cubana y el Béisbol Organizado.

El Inmortal refutó con fuerza una insubordinación de peloteros de aquel país en la campaña 1949-1950, ante las orientaciones del manager del Marianao. Los lanzadores norteamericanos Garman Mallory y Ben Wade, incitados por el coach Rollie Hemsley, acostumbraban a desobedecer las órdenes de Reynaldo Cordeiro. El asunto llegó al extremo de intentar golpear al director cuando les llamó la atención, pero se vieron frenados al este tomar un bate en las manos. Ellos serían expulsados y regresaron a su país arrostrando la indignación de todos. Entonces, Dihigo publicó:

Con el espectáculo que acabamos de presenciar en nuestra pelota profesional y ante el poco pudor y la vergüenza de muchos de los jugadores norteamericanos que militan en los equipos de la Liga Cubana, llegamos a la conclusión, no ahora, sino en anteriores trabajos publicados, que nos visitan unos señores que olímpicamente ignoran las múltiples delicadezas de que son objeto en un país donde se les promete ganarse decorosamente la vida durante los meses de invierno. El invierno en los EUA es sumamente riguroso para los atletas y en Cuba, nuestra querida Patria, se abren los brazos hospitalarios a estos señores esperando sus mayores esfuerzos para que los clubes en que militan tengan aspiraciones legítimas para conquistar el pennant, pero nos topamos con Hemsley, decrépito y cobarde, tramando bajo cuerdas sus funestas maquinaciones contra un criollo, contra un atleta cubano, probado por su lealtad y honradez a través de los años que ha estado dentro del béisbol. Reynaldo Cordeiro tiene nuestro apoyo y nuestra confianza, porque sintiendo en cubano y hablando en cubano, ha sido un atleta de vergüenza y honestidad probadas. Frente a lo ocurrido no cabe otra cosa que reclamar la expulsión de los extranjeros perniciosos que perturban con su presencia la sociedad y pretenden malograr nuestras aspiraciones de elevar el deporte. El deprimente espectáculo por varios jugadores yanquis del club Marianao, debe ponerse en guardia para el porvenir, aunque desgraciadamente sabemos que los dirigentes de nuestro béisbol profesional son más norteamericanos que los mismos jugadores que tuvieron que expulsar ante la magnitud del escándalo ofrecido. Por ello es que seguimos insistiendo en nuestra demanda de más cubanos en nuestra pelota. Más players cubanos, para que muchos hogares nuestros sientan el calor y el aliento de sus vecinos, y conciudadanos. ¿Pero a quién estamos haciendo esa petición? ¿A Mike González? ¿A los numerosos dueños del Almendares? Ni pensarlo, porque con raras excepciones, nuestros magnates sienten y obran como los yanquis. Pena da confesar que mientras peloteros jóvenes con probadas condiciones deambulan sin ocupación por el stand del estadio del Cerro, son desplazados por norteamericanos con el probado calificativo de bultos ganando sueldos fabulosos y gastándose el lujo de discriminar a peloteros como Reynaldo Cordeiro. Estos señores que nos visitan tienen aquí cómodas casas de apartamentos en repartos exclusivos, confortables hoteles donde muchos cubanos no son admitidos, ni de broma, por el color de su piel. Y cuánto dolor sentimos, como cubanos, viendo que siempre estos extranjeros tienen la razón cuando actúan en el diamante, mientras que los cubanos son vituperados por sus propios compatriotas. No se olvide que para estos señores somos tierra de mestizos, donde ellos vienen en son de conquista para merecer todos los halagos y consideraciones. Pero, cuando es a la inversa, nos discriminan como en el caso del team Havana Cubans que aparecieron en la lista de pasajeros como negros, o como en el caso de los barcos de la Pand O, en que los peloteros negros aparecen registrados como africanos. Mientras tránsfugas con antecedentes penales, gansters y banqueros de bolita sean dueños de clubes de pelota, nos hemos impuesto el sano propósito de estar alejados del béisbol profesional cubano, aunque no dejemos de reconocer a los hombres honorables que militan en él, y para los que tendremos un lugar preferente, haciéndole justicia cada vez que sea necesario. Y ahora, unas palabras de aliento a Reynaldo Cordeiro: Cordeiro hiciste muy bien, lo que lamentamos es que no hayas podido romperle la crisma a esos desvergonzados yanquis.

A las 7 p. m. del 20 de mayo de 1971, en el Hospital Regional de Cienfuegos, dejó de existir Martín Magdaleno Dihigo Llanos, el hombre que elevó a la cumbre el béisbol de la Isla. Sus restos reposan en el cementerio de Cruces, un pueblo situado a 39 kilómetros de Santa Clara, donde vivió sus últimos años. Una verdadera manifestación popular acompañó el cortejo fúnebre.

       Liga Profesional Cubana:                                                      

JJ VB  H AVE CA 2B 3B HR   BR
673

2093

619

.296

356

100

44

17

70

 

JL JC PROM
248

121

107

56

.656

Récords:

  • -3ro. en temporadas jugadas (22).
  • -3ro. en triples (44).
  • -7mo. en dobles (100) y 8vo. en anotadas (356).
  • -Único jugador cuatro veces seleccionado El Más Valioso: 1927-1928, 1935-1936, 1936-1937 y 1941-1942.
  • -Cuatro dobles en un juego, el 15 de noviembre de 1928.
  • -En 1935-1936 lideró los siguientes departamentos: bateo (.358), anotadas (42), hits (63), triples (8), impulsadas (38).
  • -En tres campeonatos conectó sobre .400: 1926-1927 (.413), 1927-1928 (.415) y en el torneo independiente de 1926-1927 (.450).
  • -Máximo ganador de la Liga Profesional Cubana (107) y en completos (121).
  • -2do. en temporadas lanzadas (19), 4to. en porcentaje (.656) y 9no. en perdidos (56).
  • -Comparte con otros el récord de ganar en cuatro ocasiones 10 o más desafíos.
  • -Encabezó el porcentaje de ganados y perdidos en cuatro ocasiones.
  • -En dos campañas fue quien más juegos lanzó y en otras dos el que más ganó.
  • -En 1935-1936 encabezó los juegos completos (13) y las lechadas (4).
  • -En 1943-1944 fue el pitcher de más efectividad (2,23).

Escarbe usted con uñas afiladas, utilice lupas de amplio grosor, hurgue hasta la saciedad en centenares de textos de papel o digitales, cual polilla incansable, y no desmaye hasta lograr su objetivo; no encontrará otro que haya cruzado el firmamento beisbolero con tal carga de destrezas, orgullo redentor y sabiduría.

Como suele suceder, él abrió caminos y está en el espacio sideral, sin rivales fijos, ni de ocasión. Mas quedará la amarga discriminación que le impidió brillar con luz propia junto a Ruth, DiMaggio y compañía. Un racismo que lo apartó también, en plena efervescencia, de la Liga Nacional Amateur, adscripta a la Unión Atlética de Amateurs de Cuba. Manchas imborrables en la patria, y más allá.

Su figura de mármol se yergue al infinito. Otros vivieron y nacerán, llenarán graderíos con vítores y abucheos, jolgorios y semblantes alicaídos, pero en todos quedará reflejado el rostro de un hombre que está, por derecho propio, en el mundo de los inmarcesibles. Y lo más importante: no se lo creyó, pues estuvo por encima de las vanidades, para dejar una estela imborrable del buen hacer.

¡Gloria eterna al Maestro Inmortal!

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga.
Verano de 2013.

Con documentación de: (Severo Nieto, Alfredo Santana, Raúl Diez Muro, Félix Julio Alfonso López, Roberto González Echevarría, Jesús Alberto Rubio, Ángel Torres, Edwin Kako Vázquez, Jorge Alfonso, Andrés Pascual, Elio Menéndez, Jaime Cervantes, Carlos Castillo Barrio, Marino Martínez, Juan F. Pérez, James A. Riley, Peter Bjarkman, James D. Cockroft, Yasel Porto Gómez, Adonhay Villaverde Blanco, y otras fuentes).

Alfredo L. Santana Alonso: El Inmortal del Béisbol. Editorial Científico-Técnica. La Habana 1997, p. 5.

Ángel Torres: La leyenda del Béisbol Cubano (1878-1997). Library of Congress. Miami, Florida. 1996, p. 72.

Palabras en la Placa Conmemorativa, en el Salón de la Fama de Cooperstown.

 

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