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Esos que hablan así no merecen ser campeones

Yo nunca he defendido el boxeo-marcha atrás en exceso de Rigondeaux, he defendido al atleta-paisano, de hecho he combatido ese estilo raro como uno de los vicios del boxeo castrista, que apareció como un ajuste que hicieron allá para acomodarlo a la era de la "maquinita" por los poco eficientes y menos visionarios trainers cubanos, que obligaron a los boxeadores del patio a huir, regresar, tirar dos golpes y volver a montarse en patines.

Ahora les pusieron la Serie Mundial en las narices y a "correr liberales", porque allí todo es mentira: ayer "mi pueblo vale más que todos los millones del imperialismo…" hoy, "por un par de pesos cualquier cosa…" ¿Y el famoso pueblo? Bueno, eso no es de nuestra incumbencia, sino del compañero a cargo (Raúl), él sabrá por qué lo hará y todo el mundo "cagao".

Desde hace casi dos años que defiendo a capa y espada a los hombres que, porque han estado 51 años fuera del único circuito de importancia deportiva para el boxeo, el profesional (el olimpismo es una vitrina para exhibir el producto que después firmarán y solo eso), que se lo impusieron por decreto como anexo destructor del pasado glorioso de la ex república cubana a todos los sectores; porque no fueron culpables los atletas del crimen cometido contra Cuba, considero que están siendo abusados por quienes nunca sufrieron un mal semejante.

Esa forma de boxear impuesta, acelerada desde los últimos 20 años, por demás poco atractiva para el fanático hecho al profesionalismo, produjo en el 98 % del pleito amateur entre cubanos-otras nacionalidades contiendas de 10 golpes durante 9 minutos de acción, entonces marcadores de 9-5 o 7-3, que son un bochorno, inundaron las tarjetas de anotaciones del olimpismo.

Semejante barbaridad es la negación absoluta del boxeo cubano reconocido como clase maestra en el mundo, porque clásicos, famosos, legendarios son Black Bill, Chocolate, Galvani, Miguel Acevedo, Mario Raúl Ochoa, Relámpago Saguero, Charol, Lalo, Soldado Díaz, Lastre, Galvani Ultiminio, Legrá, Vaillant, Chico Morales, Manteca…

Aunque sea difícil de digerir para las nuevas generaciones poco conocedoras y menos respetuosas de todo y de todos de cubanos de hoy, la única verdad es esta: ese boxeo que aplauden hoy, muy alejado no solo del cubano, sino del resto del mundo, es un híbrido del mal boxeo concebido sobre las cenizas de la gloria cubana más la contribución del pugilismo feo, extraño aunque de alguna efectividad, que le impusieron los soviéticos al nacional, comenzando por Stevenson, que nunca aprendió a boxear, que fue una palma real en el ring, más parado que los Klitschkos y que desechó la posibilidad de ser una leyenda genuina en el único circuito competitivo que existe, el profesional.

El estilo que Enrique Garmuri bautizó fraudulentamenme como "escuela cubana de boxeo" en un alarde de guataquería ante el tirano en 1975-76, se impuso y entendió como un "ajuste" a los nuevos tiempos por quienes no tienen el menor respeto por nada ni por nadie en el espectro nacional.

En estos momentos, en Cuba están haciendo un llamado urgente a cambiar al sistema "escuela garmuriana" (que es estilo, nada de escuela) hacia el de 1910 hasta 1960, que mantuvieron pobremente con reglas amateur e influencia soviética perjudicial como excesivamente parados, poco uso del jab o menos aún del upper con total ausencia de la defensa, porque defenderse no es correr, sino hacerlo en la media o en infight, esquivando y tirando sobre el fallo enemigo provocado todo lo que se pueda.

El último grito lo dio el propio Félix Savón, antes lo había dicho el entrenador del equipo castrista: HAY QUE DETENER LA CARRERA Y TIRAR MÁS.

Lo que no propusieron es lo obligatorio: tienen que habilitar la eficiencia técnica del estilista-fajador como fueron Sugar Ray Robinson, Pep, Armstrong, Joe Brown, Ike Williams, Gavilán, Mantequilla, Pascual Pérez, Carlos Ortiz, Laguna, Leonard, Finito, Olivares, Arguello, Stable, Tunero, Galvani, Luis Manuel y más de 200 otros posiblemente.

Tienen que hacerlo si quieren que el público les de algún apoyo fuera de Cuba, que es donde se decide la popularidad, el ranking y el dinero: TIENEN QUE COMENZAR A EMPLEAR LOS MOVIMIENTOS PROHIBIDOS EN EL AMATEURISMO COMO SIDE-STEPS o WAIVINGS (TORSO), única defensa en el boxeo, que no admiten alejarse tanto del contrario.

Nonito Donaire no escarmienta, parece que hay un guión preparado por Bob Arum que se debe repetir por los interesados, adaptable solo al "estilo" de quien lo diga.

Desde que Rigondeaux le demostró al asiático que en realidad no es un Flash, dejándole la cara como una masa sanguinolenta y desfigurada, que también descubrió para los escépticos que García, el jefe de la esquina perdedora de boxeo ni la "B" conoce por la estrategia completamente equivocada que mal diseñó y por la forma como no impuso el respeto sobre su peleador, permitiendo que hiciera todo lo que necesitaba el cubano para ganar, como caerle detrás siendo campeón y beneficiado en los momios, se escuchan justificaciones no solo de mal perdedores, sino de cínicos impotentes.

Primero fue Arum, que nadie sabe para qué maneja al cubano si lo maltrata en relación con la cadena HBO cada vez que puede, lo que sugiere que, oficialmente, no hace el menor esfuerzo por defenderlo ante el pulpo, que yo no dudo que se comporten así, porque, desde que comenzó a televisarse el boxeo a finales de los 40's, a la televisión le han gustado los pugilistas que tiren mucho, razón por la que Paret, Luis Manuel, Florentino, Gavilán, Stable o Chuchú Gutiérrez, entre varios cubanos más, estaban a pupilo en la NBC de antes, similar de las cadenas de importancia de hoy, por medio del "costa a costa" hasta Cuba.

Esa deslealtad sin un ripio de vergüenza se la ha impuesto como obligación capital a Donaire, que primero dijo algo antideportivo y sin ética como que el oriental no era atractivo por aburrido, que cambió ahora a "yo boxeo para entretener y Rigondeaux para ganar por puntos".

Está claro que este zopenco de los tiempos que corren, decadentes, confusos y peligrosos para el boxeo no entiende lo que habla.

Nadie puede brillar, dar espectáculo, es decir, boxear para divertir, recibiendo tanto sopapo por la cara, porque su esquina y él mismo no fueron capaces de batir al cubano más que en habilidades prácticas, en inteligencia.

Esa pelea la ganó el cubano con la asesoría de Casamayor y de Ramón Garbey, como lo mostró la televisión, fueron ellos los que orientaban todo lo que había que hacer para ganarle a este globo de gimnasio de poco seso y los que manejaban el "round tras round".

Por lo menos en la inteligencia, en la determinación, en el sentido de respeto a lo que tenía que hacer, Rigo demostró que es paisano de los grandes del boxeo cubano.

Le guste a la gente o no, trate de pararlo y dele como él hace con todo el mundo hasta hoy, y eso que, realmente, no desarrolla un boxeo atractivo para el público ajeno, pero no se le puede ganar.

Donaire, Arum y toda esa caterva de mafiosos deberían meter la cabeza en un cubo, amarrar una pierna artificial a un árbol del patio de sus casas y caerse a patadas por el culo cada vez que sientan deseos de demeritar al cubano, como intentó ridículamente Nonito ayer, que llegó al extremo de sugerir que "no estaba motivado".

Por esa falta de respeto, verdaderamente hacia sí mismo y a la institución boxística, deberían fusilarlo, a él y a quien lo asesora.

Si Rigondeaux no tiene alguna pelea planificada, debe ser porque Bob Arum ha interpuesto alguna "stop, decline" que impida que el cubano boxee con regularidad hasta agotarlo síquicamente y destruirlo por la edad, a fin de cuentas, esa es la marca registrada de este bandolero del pugilismo.

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