Antonio Gattorno

Antonio Raimundo Gattorno Águila (1904-1980). Pintor cubano de la vanguardia artística, uno de los iniciadores del criollismo modernista en las artes visuales de su país.

Nació en La Habana el 15 de marzo de 1904. Matriculó pintura en la Academia San Alejandro en 1916, con doce años de edad, y concluyó brillantemente su aprendizaje en 1921. Uno de sus maestros fue Leopoldo Romañach, que se convirtió, además, en su defensor dentro del ámbito académico. Su paso por esa escuela le proporcionó un sólido oficio que demostró en toda su producción plástica.

En 1919, cuando cursaba el tercer año, obtuvo por oposición la Beca de Pintura que concedía la Academia para proseguir estudios de perfeccionamiento en Europa. En Italia residió un año y medio entre Roma y Florencia, allí estableció relación con Felice Carena y visitó con fruición los afamados museos de esas ciudades para estudiar in situ la pintura clásica. Hizo copias de Rafael y Sandro Botticelli, de modo que se nutrió del ingenio de los grandes maestros, especialmente de los primitivos italianos.

Luego permaneció una temporada en España estudiando al Greco y a Goya, entre otros, y por último se trasladó a París, en cuya escuela libre de Montparnasse bullían los debates estéticos en torno a los nuevos derroteros del arte mundial. Se familiarizó con la técnica de Paul Cézanne y Paul Gauguin, trabajó de primera mano con Jules Pascin y Georges Rouault, con quienes entabló amistad.

Las obras de Antonio Gattorno

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Todas las obras © Antonio Gattorno

Durante el tercer año como becario, cuando Gattorno se encontraba en Francia, la Academia intentó retirarle su pensión por el evidente espíritu anticanónico de sus últimos envíos. Frente a esta reacción de varios profesores, salió en su defensa Romañach, quien sostuvo el derecho de todo artista joven a tener la oportunidad de hallar sus propios medios expresivos mediante búsquedas y experimentaciones.

Su experiencia intelectual en el viejo continente fue determinante en el crecimiento del artista, pues asimiló elementos formales de disímiles procedencias para la conformación de su estilo. Así llegaría a ser uno de los gestores de la nueva sensibilidad en el arte cubano de la década del 20.

Regresó a Cuba en 1927 y en marzo de ese año lleva a cabo una exposición personal en la Asociación de Pintores y Escultores de Cuba, en la que presenta al círculo de Bellas Artes los resultados de sus viajes de estudio y también obras hechas en Cuba. Realizada poco antes de la Exposición de Arte Nuevo, la muestra reunió obras aún signadas por la impronta de sus fuentes; sin embargo, fue comentada en el primer número de la Revista de Avance, y Alejo Carpentier, refiriéndose al cuadro Camino de Jerusalén, comentó que veía a un pintor que se asentaba en la tradición primitivista por sus nexos con el misticismo. Gattorno se hallaba plenamente en condiciones de emprender la etapa más trascendente de su creación, puesto que en ese mismo año 1927 pinta Mujeres junto al río, cuadro que se aparta del misticismo y se adentra en la representación de temas afines a la identidad cubana. En esta obra el trabajo con las líneas crea un efecto de estatismo que congela las figuras más allá de la movilidad que distingue la escena en su conjunto. La desproporción figurativa (hiperbolización anatómica al modo de los muralistas mexicanos) procura significar la voluptuosidad de la mujer tropical, muy a semejanza de las tahitianas de Gauguin por el uso del color. Pero, al mismo tiempo, la reflexión sociopolítica ofrece otro alcance conceptual.

Posteriormente exhibió 5 óleos y 18 dibujos en la Sociedad Lyceum el 22 de noviembre de 1933. Presentó en el Salón Nacional de Pintura y Escultura su obra Autorretrato y modelos, por la cual le fue otorgado el primer premio por los dos primeros jurados, que fueron disueltos, y finalmente un tercer jurado decidió adjudicarle el segundo premio mientras el primero quedaba desierto. Dos años más tarde, en 1935, se editó un libro monográfico con sus principales trabajos, en total 36 obras de técnicas diversas. En el volumen aparecieron textos críticos de Ernest Hemingway, John Dos Passos, Ramón Guirao, Alejo Carpentier y otros.

La aplicación de los presupuestos de la pintura moderna europea a temas cubanos, iniciada una vez que regresó de su beca, desembocó en la concepción de los célebres guajiros de los años 30, sobre los que Pablo de la Torriente Brau destacó un evidente sustrato de denuncia social. Una de las obras más conocidas de esa tendencia criollista que recreó críticamente la ruralidad fue ¿Quiere más café, don Ignacio?, premiada en el Salón Nacional de 1938. Aquí se observa uno de sus rasgos formales más recurrentes: la relación dinámica figura-fondo que descentra la focalización del espacio figurativo con varios niveles de representación. Incluso en este cuadro se complejiza su semiosis visual con un nivel elíptico: el supuestamente ocupado por el personaje de don Ignacio, que no aparece como tal pero se sugiere en relación con el espacio del espectador. El regusto primitivista, evocador de Gauguin, caracterizó este periodo que devendría como el más genuino de su trayectoria.

Mientras permaneció en La Habana, sirvió como instructor en San Alejandro, ejecutó murales comisionados en edificios públicos de la ciudad y en casas particulares, entre otras labores de carácter decorativo. Hacia finales de la década del 30 decidió emigrar a los Estados Unidos.

En 1936 expuso algunas de sus obras en la Galería Georgette Passedoit de Nueva York, del 12 de enero al 2 de febrero, con el patrocinio de Hemingway. Ese mismo año ganó el premio Watson Blair por la pieza La chiva blanca en una exposición internacional efectuada en el Instituto de Arte de Chicago. A partir de entonces regresó a Cuba varias veces y realizó obras de ambiente nacional que fueron expuestas exitosamente en el extranjero.

Sus cuadros fueron comentados en las más significativas publicaciones del patio: Bohemia, Carteles, Social, Revista del Colegio de Arquitectos y otras. Tuvo éxito de crítica, además, en revistas internacionales como Esquire (Chicago), Arts y Decoration (Nueva York), así como Studio (Londres).

Pintó un inmenso mural para la Casa Bacardí en Nueva York, que concluyó en febrero de 1938. Desde ese año tuvo a su cargo el Studio of Painting con la impartición de cursos de verano en Nueva York a un grupo de alumnos en sesiones privadas. En 1939 inicia una serie de exposiciones en varias galerías de Estados Unidos: Carnegie Museum en Pittsburgh, la Biblioteca del Congreso de Washington, el Museo de Brooklyn, Riverside, entre otras.

La Segunda Guerra Mundial tuvo un impacto sobrecogedor en el artista. Rememoró aquellos pintores grotescos o avernales del Renacimiento a los que tuvo oportunidad de conocer en su época europea. De ahí que hiciera piezas controvertidas como el Retrato de Hitler, catalogado por Jorge Mañach como “anatema a la vez delicado y tremendo”. En ese momento ya se vislumbraba su propensión surrealista. No en balde se le ha comparado con el italiano Giorgio de Chirico, cuya obra es fundamentalmente metafísica y suele asociarse al surrealismo.

A partir de 1936 y hasta 1955 presentó varias exposiciones personales y otras colectivas en Nueva York. Su obra recorrió otras ciudades norteamericanas como San Francisco, Dallas, Memphis y Wichita; diversos lugares de América Latina, incluyendo Venezuela y Cuba; y Europa.

Gattorno fue el primer artista cubano de su generación en alcanzar un renombre internacional. Su traslado a Estados Unidos provocó no pocas críticas negativas (p. ej., la de José Gómez-Sicre) que le reprochaban el abandono del liderazgo artístico que había logrado, al reorientar su discurso visual hacia el surrealismo y desligarse de la herencia cultural cubana. Ciertamente cedió a los aspectos más pintorescos y exteriores de la pintura criollista para transformarse en un pintor desarraigado, al perder el fundamento cosmogónico que había sostenido lo más auténtico de su praxis. Con ello quedaba contradicha la afirmación de Hemingway de que dondequiera que el artista pintara, llevaría a su isla consigo. Su exclusión de una de las más importantes exposiciones de arte cubano moderno que tuvo lugar en el MOMA en la década del 40 –víctima nuevamente del rechazo que provocó su emigración– motivó que Gattorno escribiera una carta de protesta a Alfred Barr, entonces director del referido museo.

Una muestra retrospectiva que recogió 60 años de trabajo del pintor, fue llevada a cabo en la Universidad de Massachusetts en octubre de 1978.

Gattorno murió en Acushnet, Massachusetts, el 5 de abril de 1980.

Bibliografía

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