Educación

Repasadores

El nuevo rol de los "repasadores". La crisis del sistema educativo cubano afecta gravemente a las nuevas generaciones

En Cuba la nulidad de los salarios, las pésimas condiciones de trabajo y el brusco vuelco producido en la moral de los ciudadanos durante el denominado Período Especial, han afectado considerablemente al sistema educacional. En los años más difíciles de la década de 1990 se hizo evidente un dramático descenso en la nómina de los profesores en todos los niveles de enseñanza, ora por la emigración de estos profesionales hacia otros países -fundamentalmente Estados Unidos-, ora por su desplazamiento hacia empleos mejor remunerados.

La escasez de maestros se reveló crítica en los primeros años del siglo XXI, y el gobierno cubano debió trazar estrategias urgentes con el fin de evitar un colapso en el sistema educacional. La primera medida, implementada en el curso académico 2000-2001, fue el Plan de Maestros Emergentes para los niveles educativos de primaria y secundaria. Además fueron convocados profesores jubilados o distanciados temporalmente de la enseñanza para que volvieran a las aulas, a cambio de una irrisoria elevación de los salarios. Ambas iniciativas funcionaron solo a medias y no con los resultados esperados, pues la severidad del déficit exigió que cada profesor impartiera dos y hasta tres asignaturas, sin percibir un aumento proporcional en su remuneración.

La oleada de profesores emergentes representó un saldo desastroso para la educación cubana. No solo faltaba vocación a la mayoría de aquellos jóvenes, sino que apenas eran cinco o seis años mayores que sus alumnos de escuela secundaria. Los problemas generados en tan difícil coyuntura fueron desde escarceos sexuales con adolescentes, hasta situaciones de violencia que, en más de una ocasión, tuvieron consecuencias fatales.

La solución de los padres ante la obvia incompetencia del sistema ha sido colocar la educación de sus hijos en manos de los repasadores. La cifra que hace algunos años no superaba la decena de estudiantes por clase ha ascendido a veinte e incluso treinta que acuden, dos o tres veces por semana, a aprender -no repasar- el contenido de sus materias en casa de un maestro privado.

La repasadora María Eugenia Bode imparte clases de Física y Matemática a una matrícula numerosa, compuesta por niños y adolescentes de varios municipios de La Habana. Según comentó para este reportaje, las principales razones que motivan a los padres a contratar los servicios de los repasadores son: primero, la posibilidad de que sus hijos reciban una mejor preparación, sustentada en la calidad de las clases y el tratamiento diferenciado que ofrece el enseñante privado a los alumnos menos aventajados; segundo, el déficit de maestros, sobre todo en las escuelas secundarias; y tercero, la inestabilidad de los claustros, que provoca que los estudiantes pasen meses -a veces el curso completo- sin recibir alguna de las asignaturas incluidas en el plan de estudios.

Gran parte de los maestros no manifiesta vocación ni interés hacia su profesión; dificultad que se agudiza si se ponderan los bajísimos salarios adjudicados al sector educacional. De ello se ha desprendido el grave -y al aparecer, irreversible- mal de la corrupción, que se expresa desde la práctica privada del magisterio por parte de profesores activos en el sistema cubano de educación, hasta la venta de hojas de ejercicios -entre los cuales van incluidos los que saldrán en el examen-, seminarios, controles parciales y finales.

Muchos profesores que en las escuelas no imparten buenas lecciones, ofrecen clases particulares en horario nocturno para los mismos estudiantes que a diario deberían instruir en horario regular docente. Ello representa un negocio redondo y proporcional a la remuneración recibida según el caso: los salarios miserables que paga el gobierno cubano son correspondidos con la docencia mediocre que se da en las escuelas; mientras las lecciones privadas suponen un beneficio que asciende, en una hora y media de clases para una matrícula de diez alumnos (1 CUC o 0.87 USD per cápita), a la mitad del salario mensual que ganan los maestros. Todo ello con el bono adicional de que, entre los ejercicios que el maestro privado les explica, aparecen aquellos que serán evaluados en el examen. Así, el profesor no solo garantiza un mejor sostén económico para sí, sino también la promoción "con esfuerzo propio" de sus pupilos.

La venta de hojas con ejercicios "target" al módico precio de 1 CUC constituye otra de las prácticas más comunes de la corrupción de los educadores cubanos, siendo la actitud de los padres lo más alarmante ante tal realidad. En lugar de acudir con la denuncia al Ministerio Municipal de Educación, prefieren hacer la vista gorda porque temen represalias contra sus hijos. Coquetean con el descalabro ético que supone pagar horas extras al mismo profesor de la escuela; sin comprender que, de modo colateral, están comprando el aprobado de los muchachos.

De acuerdo a un informe publicado en 2014 por el Banco Mundial, Cuba es el país que más dinero invierte en Educación y es la única nación en América Latina cuyos resultados en esta esfera alcanzan parámetros mundiales. Cabría entonces preguntarse: si son los propios estudiantes quienes deben ir a limpiar sus centros escolares, si los padres deben reunir el dinero para comprar artículos de limpieza y ventiladores con el fin de que sus hijos no se mueran de calor en las aulas, ¿a dónde van los millones que destina el gobierno cubano al sistema educativo? ¿Cuántos de esos millones acaban en malversación, si ni siquiera hay fondos para la inversión básica que ha de garantizar la higiene y la ventilación de las escuelas?

Con este trasfondo, la repasadora María Eugenia no cree que exista un futuro decoroso para la juventud cubana. A propósito subraya: "los adolescentes se están formando sobre la base del fraude, la corrupción, el finalismo y la falta de estudios".

Cuando se intenta focalizar la raíz del problema, todo conduce a la abismal desproporción existente entre el poder adquisitivo de los ciudadanos y el elevado costo de la vida. La caída en picada de la autoestima de los profesores, su creciente descrédito a causa de los fraudes y el agobio de una realidad harto difícil, debilita su sentido de la responsabilidad y el compromiso hacia una profesión considerada medular para el desarrollo de cualquier sociedad.

Por otra parte, los padres no podrían, aunque quisieran, dedicar el tiempo necesario a compartir la instrucción de sus hijos. Requerimientos tan pueriles como garantizar la alimentación, el aseo y la ropa los mantienen doblando turnos en negocios privados o bregando por las calles de La Habana hasta altas horas de la noche. La asistencia de sus hijos a las lecciones de la profesora María Eugenia, no solo supone un beneficio desde el punto de vista académico, sino que permite el contacto con una profesional de recia catadura moral, capaz de ampliar el horizonte cultural de sus alumnos y transmitirles valores prácticamente desaparecidos de la sociedad cubana como el respeto, la disciplina, la cortesía y la honestidad.

Mucho se discute y especula sobre el futuro de la nación cubana a la luz de un envejecimiento poblacional acelerado, una emigración en aumento y una economía agonizante. Si a todo ello agregamos las fallas de la educación, la prioridad número uno no sería ya repensar el modelo político y económico de la nación. La inquietud esencial sería dilucidar si las nuevas generaciones, constantemente acechadas por la ignorancia, la corrupción y la alienación, serían un capital humano con el cual contar para construir una Cuba mejor

CubaNet

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