Andando por esas calles cubanas, un frenazo me hizo saltar del susto. ”¡Lo mató!” gritó entre risas un grupo de jodedores que estaba cerca del casi-accidente. Por suerte, la sangre no llegó al río, pero poco faltó. Los frenazos, los gritos y quizás hasta los accidentes que no presencié son comunes en la intersección de las calles Linea y G en La Habana.

- ¡La de meses llevamos pidiendo que arreglen este semáforo! Pero na´, el delegado ese es un trapo e´ culo- se detuvo a explicarme una anciana, como si me conociera de toda la vida. Entonces fue que me di cuenta del modo sui generis de mostrar las luces de ese semáforo.

de noche…

de día…