2008
No era el único que huía del sofocante calor que ahogaba la ciudad. Antes que yo varias personas se refugiaban en el local y bajo pretexto de comprar alguna cosa recorrían lentamente los estantes sin prestar atención a sus contenidos. Se podría estar allí diez minutos, media hora o sencillamente hasta que cerrara la tienda sin comprar absolutamente nada. Lo importante era el aire acondicionado. Porque una vez de vuelta a La Habana real, nos esperaba el abrazo del verano.

Ella empujó la puerta y caminó directamente al mostrador, habló a la empleada quien, después de oírla atentamente, asintió con la cabeza y marchó a la trastienda en busca de la encomienda. Quedó sola, examinando detenidamente las piezas bajo el cristal del mostrador, luego se incorporó y fue repasando sucesivamente cada centímetro de los muebles expositores cercanos y cada persona en el local. Llegado mi turno, su vista atrapó la mía y quedamos conectados.
Estaba seguro que nos conocíamos, que nos habíamos amado hacía muchísimo tiempo. Recordaba su cuerpo desnudo y la luz de lejanos amaneceres en los que prometí no olvidar su nombre jamás. Pero he aquí que mi cabeza se negó a darme el nombre de aquella a quien tanto había amado en el pasado y no me quedó otro remedio que balbucear un ¿Tú…?
— Sí, yo…
Hicimos caso omiso a nuestra falta de memoria y decidimos charlar en un café cercano, en uno de esos pintorescos lugares que sólo existen en La Habana Vieja, en donde la cena más romántica es martillada brutalmente por aquella tonada omnipresente …de tú querida presencia, Comandante Che Guevara… y encima te reclaman propina por ello. ¡Yo les propuse un negocio en el que ganamos todos!
— Te los compro todos si cogen una pausa…
Ya no es la misma que conocí hace veinte años. El tiempo y millones de ¿qué comeremos mañana? no pasan por gusto. Pero aún su falta de sofisticación, o la incipiente celulitis en sus apetitosos muslos hacen mella en su imagen.
Durante casi media hora estuve oyendo en silencio el resumen de la década que me había perdido. Sus descripciones era tan reales, que hubo un momento en que tuve la sensación de que nunca me fui, que todo no había sido sino un grotesco espejismo adornado con mujeres seudo bellas o seudo mujeres bellas o… ¡Ya ni sé!
Terminada su exposición, respiró profundo y quedó a la espera de mi larga lista de triunfos, pero yo no supe qué decir. Tuve la sensación de estar sobre un escenario iluminado por potentes reflectores frente a un público que espera acción y yo, mal actor, había olvidado la letra…
La contemplé mucho tiempo sin decir palabra, como si temiera no volverla a ver en otra decenio. No sé cuantas mujeres traje a mi mente, las de los fines de semana, las que presionaron el acelerador para llamar la atención, las que se marcharon saciadas sin decir su nombre, las feministas, las de los vacilones, todas. Comparé y eché a un lado a media humanidad para al final, a falta de palabras, hincar la rodilla ante ella y reverenciar a la mujer más bella del mundo.
…Quise esconder mi alma pero se me ve
ya no hay misterios, ya el misterio se me fue,
quise esconder mi alma pero se me ve
Y donde dije dos no es uno, sino tres…*
* Fragmento de canción popularizada por Xiomara Laugart, de la que no recuerdo ni título ni autor.