Como sombras nos movemos. Los ciudadanos que hemos nacido después del 59 en aquella isla somos sólo eso. Sombras que respiramos cuando aquellos que nos quitan la luz deciden que podemos respirar.
Otra vez, ese que ha decidido apropiarse con toda la luz que nos pertenece, levanta su voz, ahora desde ultratumba, para censurarnos, para decirnos con quién debemos juntarnos, de quien debemos hablar y sobre todo de quién debemos recibir honores.
Gracias a Dios, en este siglo que nos ha tocado vivir, la tecnología se mueve más rápida que las turbas en los actos de repudio y su voz llega más lejos que los ecos caducos de los micrófonos de la Plaza de la Revolución. Ya nadie tiene paciencia para oír discursos, ni para seguir arcaicos razonamientos de izquierda o derecha, o de partidos que se disputan el poder desde posiciones reflejadas en el espejo de la codicia. Nadie cree, ni le importa en vanguardias… Yoani ha dicho:
“No soy opositora, no tengo un programa político, ni siquiera tengo un color político, y esa es una característica de mi generación y del mundo actual: ya la gente no se define ni de izquierdas ni de derechas, son conceptos cada vez más obsoletos”.
Porque estamos en otro siglo, en otra era. Los nacidos con la Revolución, somos “El hombre Nuevo” cansado de tener que definirnos y militar en este u otro color y morir por él. Hoy no somos continuación de nuestros antecesores que nos amordazan, tenemos otros enemigos mucho más virulentos y otras luchas más tangibles que la clásica “lucha de clases”.
Quizás tenga razón nuestro senil ex-presidente, a partir de hoy el mayor mérito no está en un Premio Ortega y Gasset o una elección de alguna “Revista del Imperio”. Su mayor premio radica en que esa joven, representante de nuestra generación, haya logrado que usted se rebaje a leerla, que haya logrado que usted no pueda ignorarnos para siempre.
¿Quién le hubiera dicho Comandante, que “El hombre nuevo” se le iría de las manos? La ley natural ha hecho madurar a ese hombre que se niega a recibir más órdenes y clama por su propia luz, la que le pertenece. Este mundo ya no es el de hace cincuenta años, los cubanos no vamos a hundir la isla en el mar sólo para tener un lugar en la historia o darle un sello dramático a su desaparición.
La vida continúa Señor, usted ya es historia, pero no parte del futuro.