
Es algo que siempre pasa. Una vez en el aeropuerto, después de haber hecho el booking y despedido a la familia, una vez que pasas el control de pasaporte y te sientas a esperar que salga el vuelo, descubres en algún rincón inexplorado de tu cartera un billete de 50 CUC. ¡Coño, bien podría habérselo dejado a la vieja! pero ya no hay remedio, te separa de ella una raya a la que llaman línea de frontera.
Así es como siempre a última hora cargamos las apetecidas barras de guayaba, pagadas a precio de oro en las tiendas tax-free del aeropuerto José Martí. Este año he revisado también los anaqueles de música cubana y he decidido llevarme un CD del Septeto Ignacio Piñeiro que promete ser un vacilón. Porque soy hijo de viejo, crecí oyendo la música tradicional. Los domingos me despertaba mi padre con aquel programa que llevaba la orquesta Aragón en Radio Progreso y comíamos el eterno pollo familiar uno para todos) oyendo ese otro programa de Danzones de Radio Rebelde a las siete de la noche, Felicidades creo que se llamaba.
Una vez en casa (en la otra casa), cuando todos duermen yo tomo los audífonos, no puedo esperar a oír mi más reciente tesoro…
¡Oh desilusión! Reviso una y otra vez y sí, esto es el Septeto Ignacio Piñeiro. ¡O no!, esta mierda no puede ser. Es entonces que leo que el Septeto se ha renovado y en su Ochenta aniversario ha incorporado “sonoridades modernas” que han barrido el piso con temas que parecían inmortales.
Quien haya oído a nueva formación y sus ¿arreglos? no le queda más remedio que echarse a llorar. Quien tenga la desgraciada oportunidad de escuchar la nueva voz destrozar el inmortal “Bardo” correrá a salvar el recuerdo del maestro Embale. Quien escuche el desarreglo en “Esa no son cubanas” en tiempo de timba (o tumba), encenderá una vela a Piñeiro en un altar, alejado de estos profanadores de recuerdos.
¡Cojones! ¿No era más fácil crear un grupo con otro nombre y dejar nuestra memoria intacta?
Por el momento estoy acaparando discos con versiones originales de Ignacio Piñeiro de eBay y Amazón, antes de que acaben por dejarme sin recuerdos.