No des pie a que malinterpreten tus palabras y te acusen de agente de la CIA. Total, sólo te aplaudirán los que están del otro lado del mar y cuando eso suceda ya tú te pudres en la cárcel. Recuerda el dicho: El que empuja no se da golpe.
No grites abajo Fidel, a estas alturas puede ser un grito fuera de moda y sólo lograrás que te acusen de estar revelando secretos de estado.
Mejor que eso, recuérdales que tienes hambre, que el salario no te alcanza, que no has ido a trabajar por no tener zapatos (que gastaste por no haber guaguas), que no te dejaron pasearte por la playa de Santa María, que tu padre albañil hizo el cuarto en que hoy se aprietan un ingeniero, tu esposa médico y tus hijos y sus esposas y tus nietos…
Interrumpe cada discurso y pregúntales ¿por qué…? y así los pones en apuros.
No vayas a gritar Abajo Fidel cuando te toque de nuevo el apagón, mejor que eso; sal a la calle y en el primer muro que te encuentres escribe bien grande: AVAJO FIDEL, así con V de vaca, pa´ que se lleven las manos a la cabeza y entiendan el crimen de la educación gratuita.
Na´ no vale la pena quedarse ronco. Cada cual tiene su función en esta vida y tu nombre no le queda bien a una escuela del futuro. Tú a lo tuyo, sobrevive pa´ que luego hagas el cuento.
Lo bueno que tiene esto es lo malo que se está poniendo.
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