
— Yoyo, ¡tengo una buena nueva!
La voz se cuela bajo el Cadillac del 55 que trato de devolver a la vía – o debí decir a la vida- desde hace tres días. No necesito ver la cara de El Jabao para saber quien me habla. Hemos crecido juntos, mataperreamos uno junto al otro en estas viejas calles habaneras.
— ¿Una jevita nueva y buena? Coño, usted siempre ha sido un tipo con suerte
— ¡No chico! una nueva… una noticia buena.
— Ah coño… alcánzame la llave Alen… bueno, cual es esa noticia buena ¿Te llegó el bombo?
— Mejor que eso: Jesús está al llegar.
— ¿Jesús, qué Jesús?
— Que Jesús va a ser, ¡nuestro señor Jesús Cristo!
Tengo que hacer una pausa. Algo aquí no cuadra. ¿Estaré hablando con El Jabao? ¿Ese casi criminal que vive de vender tabaco robado a los yumas, que no ha trabajado dos horas seguidas desde que nació como no sea de proxeneta? Na´ este tipo me está cogiendo pa´ eso!
— ¿Y que te dijo el señor Jesús, asere?
— Coño Yoyo, ya veo que no me crees, pero si me dejas explicarte ya te haré partícipe de esta experiencia única…
Saco la cabeza de debajo del auto. Frente a mí “El Jabao” se aprieta dentro de una camisa de mangas largas, cerrada hasta el último botón en pleno agosto habanero. Afeitada la persistente barba rala, deshecho de sus dreadlocks que le daban una apariencia de matón de barrio. En su mano un ejemplar del nuevo testamento. Sonrío. Ya me imagino por donde viene este. Desde que el período especial ha apretado los estómagos de esta ciudad, Jesús se aparece con más frecuencia en medio de la noche habanera. Y desde que la iglesia recibe ayudas de sus homólogas de del sur de Estados Unidos, el pobre Jesús no sale de La Habana.
He asistido ya a alguna diplo-misa con “hermanos llegados del norte revuelto y brutal”. Llegan sonriendo, esparciendo la palabra de “Yisus” y algunos dólares con los que apuntalar la iglesia y la creencia de la gente.
La necesidad es la madre de la invención. Meses después de “la aparición de Yísus”, El Jabao vivía en New Jersey pues, además de encontrar el camino del señor; casualmente encontró su alma gemela empaquetada dentro de una de las hermanas pelirrojas, blanquísimas con pasaporte americano que venían a esparcir el evangelio en La Habana.
¡Sí que tenía una buena nueva! Los caminos del señor siguen siendo un misterio para mí.
Por lo pronto yo sigo mecaniqueando bajo estos muertos rodantes, y canto de vez en cuando…
…Mandé mi Cadillac al mecánico hace días
Hace tanto tiempo que en verdad lo merecía
Y como necesito tanto el carro lo llevé a revisar,
Bip bip.
Quiero reparar mi Cadillac!