Cuba,cubanos,jinetero,jinetera,comandante,
Fidelidad

Posted on Jueves 13 Marzo 2008

Buenota.jpg

Nos quedamos mirando hacia el techo, desnudos uno junto al otro, sin ánimo para otra cosa que no fuera sudar. Hace cosa de hora y media no conocía nada de ella, ahora estoy al tanto de cada una de las imperfecciones escondidas bajo la gabardina, nada más. Ahora ya rocé su piel, aunque su nombre, por más que me lo repita, no logra ocupar un lugar fijo en mi cabeza. Ella sigue siendo un misterio.

Es joven aún, le sobran fuerzas. Sin embargo la vida se le ha reducido a mantener a raya a 25 empleados en una oficina de mierda durante el día y en las noches, hacer cosas tan tontas como jugar a adivinar desde su ventana el color de la ropa de la próxima persona que pase por la acera y a veces, cuando la necesidad apriete, sentarse frente al ordenador a fantasear leyendo los sitios de contacto. Así fue como llegué yo a su vida hace un par de meses: leyó mi anuncio y sin darse tiempo a recapacitar me escribió una línea. Bastó un par de email en ambas direcciones para decidirnos a probar suerte. Y no ha estado mal, realmente nada mal. Hemos acordado vernos cada viernes en la tarde, cuando ella sale de su oficina y yo acumulo otro día en el paro. Para mí eso está bien, porque cuando me mezclo con cosas del corazón, ellas se marchan poco tiempo después dando un portazo tras de sí.

Al principio pensé quedarme en su piel, pero poco a poco logré extraerle uno tras otros algunos monosílabos, otro día la hice sonreír y otro me contó cosas de su vida en vez de mirar al techo. He ganado que además comparta conmigo sus secretos. Entonces empezaron los problemas cuando mencionó de repente lo desafortunado de su matrimonio y yo, al enterarme que soy el otro, he sentido celos.

Este viernes en cuanto llegamos a la habitación le he dicho que lo deje, que se venga conmigo; pero ella rehusó mi oferta y, para colmo, en vez de tumbarse a mi lado se ha colocado la ropa y se ha marchado sin más explicación. Me ha dejado a solas en este inmenso viernes, con suficiente espacio para pensar y comenzar a odiar a mi rival. ¡Tengo que saber quién es ese que desconoce a la mujer que yo quiero, que la empuja a mis brazos con media alma destruida y la otra seca de tanto ignorarla!

La siguiente semana volvió el silencio a ocupar el lugar entre nosotros. Ni siquiera se oyeron los suspiros atropellados de fin de fiesta. Al contrario, una vez que se sintió satisfecha se ha puesto la ropa y se ha marchado tirando un ofensivo “Gracias” sobre la mesita de noche como quien deja un billete a una prostituta. No me he podido aguantar, la he seguido a través de media ciudad hasta su casa. La he visto a través de la ventana darle un beso al llegar y él la ha ignorado. Ha seguido sentado, ocupado en quien sabe qué cosas y ni siquiera le ha correspondido el beso.

Por un momento pensé cruzar la calle y acabar con la pesadilla de ella y mía, pero de repente la puerta se abrió y salió ella, con la misma gabardina impregnada en mi olor, empujando el sillón de ruedas en el que él yace postrado.

No comments have been added to this post yet.

Deje un comentario

(requerido)

(requerido)


Information for comment users
Line and paragraph breaks are implemented automatically. Your e-mail address is never displayed. Please consider what you're posting.

Use the buttons below to customise your comment.


RSS feed for comments on this post | URI para TrackBack.

 
Cerrar
E-mail It