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Asedio (II/II)

Posted on Miércoles 5 Marzo 2008

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Vivir una huelga desde el lado de “los malos” es una experiencia sin igual, sobre todo porque te enteras de que tu lado perverso lo es aún más de lo que imaginas. Además te convences de que el mundo no va a cambiar porque cuatro gritones salgan a la calle y los periódicos muestren sus fotos enarbolando banderas de justicia. El mundo es ansí: los fuertes imponen las reglas y los débiles, después de terminado el show, ha bajar la cabeza y acatar las reglas a menos que prefiera, como los cubanos, morirse de hambre.

La ciudad ha estado sitiada durante varias semanas. Cada día, o cada noche, da igual la hora, nos despierta el sobresalto de las hordas que pretenden apoderarse de la villa, de sus mujeres y riquezas y aún más: pretenden imponer la anarquía, barrer lo logrado por el sólo hecho de saciar su afán destructivo. Protegido por los gruesos muros de la atalaya saco una flecha, apunto, disparo con precisión matemática. No hay prisas, mis flechas son más veloces que el galope desorganizado de los atacantes. Ni siquiera me detengo a ver que tras cada disparo surge otro vacío en las líneas más avanzadas. Simplemente tomo otra flecha y repito el golpe.

He echo una excepción. Dedico tiempo al teléfono para pedir a esta mujer a que ceje en su empeño. Le advierto de las pocas posibilidades de triunfo. Juro que había decidido dejarle con vida, que había asumido los daños que ella pudiese hacernos con las uñas.

A pesar de la frialdad conque realizo mi tarea, he tenido especial cuidado de no dañar a mi compatriota. Porque aún en lo alto de la ciudad no he olvidado que una vez estuve en esas filas de menesterosos. Soy un sensiblero, lo sé He tomado la determinación de evitar abatirle, centrándome en quienes le acompañaban, de manera tal que el ataque pierda fuerza por sí solo y sin necesidad de dañarla de cerca.

Pero en medio de la discusión me ha dicho: Yo jamás me he quedado callada ante nadie, ni en Cuba.

¿¡Qué!? Por más que reviso las listas de presos políticos, no encuentro su nombre. Tampoco recuerdo haber oído su voz gritando desde la multitud en la plaza desmintiendo al Comandante. ¿Tan difícil es aceptar que los que nos fuimos tiramos la toalla; reconocimos lo estéril de ser rebelde dentro de Cuba. ¿Por qué ahora? No entiendo a los neo-patriotas. Es más; me exaspera su hipocrecía.

El viento azota la cara del único jinete en pie que ha avanzado hasta casi llegar al puente levadizo. Esto no es heroismo, no es valentía; es estupidez. A lo lejos mis jefes se marchan a sus habitaciones sin esperar el resultado; se dan por satisfechos. Vuelvo al calor de mi habitación. La flecha está en camino.

Me voy a casa. Ha cesado la constante lluvia de los últimos días.

Bye.jpg

1 comentario for 'Asedio (II/II)'

  1.  
    cubanheart
    15 Mayo 2008 | 11:23
     

    interesante

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