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Hay dos tipos de cubanos: Los que reconocen que de alguna manera su vida está marcada en mayor o menos medida por la influencia innegable de la revolución cubana y los que mienten descaradamente. A este segundo grupo pertenece mucha más gente que las que la lógica indica. Si no fuera así, a ver quien me explica cómo es que la revolución está por cumplir ya medio siglo.
Hay que entender que desde el punto de vista de marketing, el proceso que triunfó en enero de 1959 fue un éxito total. Ningún producto se ha vendido tan bien dentro y fuera de la isla como el mismo proceso. Por esa razón no es difícil entender que para los nacidos en Cuba después de 1959 y sin otra referencia que ese modelo de sociedad, las filas de la Juventud Comunista Cubana fuera durante las décadas de los sesenta, setenta y ochenta el cause natural para demostrarse a ellos mismos y a la generación que los antecedió, la validez de las nuevas ideas y del mundo que pretendían cambiar. Los jóvenes de esa época, alentados por “lo revolucionario” del proceso revolucionario -y valga la redundancia- se incorporaban a las tareas más difíciles de manera voluntaria y de corazón quisieron ser como el Che.
Muchos de los que comparten mis tertulias en el ciberespacio, se horrorizan al saber que este servidor militó en la Unión de Jóvenes Comunistas, que cortó más caña que una combinada y recogió más tabaco que todo el que se van a fumar todas mis generaciones en siglos -para colmo no fumo. Ese mismo que hoy está tan campante a miles de kilómetros de la Revolución que una vez defendió y de las filas de la Unión de Jóvenes Comunistas a la que una vez con orgullo perteneció.
Sí, es fácil de entender. Al igual que un día nos cansamos de la mujer hermosa a la que de joven prometimos amor eterno y veinte años después nos divorciamos tirándonos los trastos a la cabeza; los jóvenes de aquellos años nos cansamos de dar el paso al frente una y otra vez y ver que lo único que había cambiado eran los viejos gordos burgueses por “jóvenes gordos barbudos”. Pero en la isla, nuestra vida seguía siempre tan anárquica e impredescible como la había sido la de nuestros padres. Desilusión tras deslusión muchos llegamos a preguntarnos si este, no era otro “proceso” tan jodío y corrupto en la lista de corrupción de nuestra maltrecha isla.
Dice una canción cubana: “La historia es espiral que nunca acaba, uno la lleva alante, otro la caga” Hace unos días unos jóvenes en la UCI asumian el papel de estrellas de siguiente capítulo propagandístico. Pero esta vez los creadores del guión fueron demasiado lejos y en vez de vender la imagen rejuvenecida de la Revolución dejaron al desnudo enfrente de las cámaras el desgaste de la vieja generación personificada en el jefe del parlamento cubano y sus desatrosos “argumentos”. Asçi y todo muchos se dejaron llevar por cantos de sirena y llegaron a predecir el inicio de una nueva era en que la rebeldía juvenil cubana reemplazaría a la vieja escuela. ¡Pobres! Yo personalmente recuerdo haber paricipado en más de una asamblea similar, fueron tiempos convulsos, en los que la Perestroika traía demasiadas preguntas sin respuestas y los dirigentes de entonces tampoco sabían responder. La diferencia es qu en aquellos tiempos no había Internet.
La historia se repite una y otra vez. De estas reuniones críticas, siempre surgen los jóvenes críticos que se convertirán con el tiempo en cuadros profesionales de la Juventud Comunista; los Adana, los Juantorenas, los Dominguez, los Robainas, los Pérez Roque, los Lages que serán críticos hasta que les crezca la barriga y sean condenados al plan pijama por otros jóvenes críticos que entrarán en el nuevo ciclo. O de lo contrario pasarán a formar parte del pelotón a los que la realidad aplastó sus sueños y al final, decepcionados como yo y como la mayoría de los que una vez militamos en esa organización sean pasto de la apatía y renuncien como renunciamos antes los militantes del pasado al glorioso carné de militantes.
La maquinaria cubana está diseñada para vender espejismos y crear como subproducto ex-militantes decepcionados. Hay cosas que nunca cambian.
