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¡Esto de tener brujeros, médiums y cartománticos en la familia es un vacilón! Nunca te aburres. Mi madre sólo me preguntó ¿Y tú crees es eso? ¿Y tú crees es esa?
— ¿Yo? ¡No hombre no!
Siempre he sido un tipo incrédulo. Las adivinaciones y encantamientos no logran quitarme el sueño.
Ni siquiera cuando planeaba mi fuga del país invoqué a santos o visité a Triniá por mucho que me lo aconsejasen. Había visto demasiadas cosas como para ponerme en manos de esa gente. Yo mismo, cuando apretó la cosa, le traje unos cuantos yumas para que los bautizaran en la religión… ¿Cuál religión? Por 400 fulas, bautizaban, rayaban, o lo que fuera a cualquier yuma en la religión que pidiese. El mapa Astral de Pucha, el único en el mundo con 13 constelaciones, lo dibujé yo. Al darme cuenta de mi error ella me dijo que lo dejara así, que ese número “tiene su cosa”. Y parece que sí, porque desde entonces es una máquina de dar consultas. Pero una cosa es ir a consultarse y otra bien distinta es que te den ese notición de gratis. ¿Qué interés podía tener Pucha en ponerme esa letra?
Entre visitas a familiares y amigos pasan las vacaciones al doble de la velocidad normal. No le he dicho nada a mi madre, pero no he logrado disfrutar mi estancia a plenitud. Algo me molesta, un pensamiento que no llega a preocupación me ha acompañado todo el tiempo. Aunque no lo reconozca en público no puedo mentirme a mi mismo. Esas palabras me siguen a donde quiera que vaya. ¿Y si es verda´? ¡No hombre no! Que la Pucha está buena, pero inventa cualquier historia pa´ tumbar cuatro pesos.
La víspera de mi vuelo no puedo dormir. No es fácil librarse de esta pesadilla. El piso bajo mi asiento en el avión se abre y de pronto el vacío… ¡No hombre, que no va a pasar nada! ¡Que aún me quedan 4 días…! ¡¿Ven?! Ya doy por sentado que voy a morir. Claro, todos vamos a morir, pero el lunes sólo yo… ¡me cago en Pucha!
He aterrizado sin contratiempos como era de esperar, aunque la tensión de me ha dejado desfallecido. He caminado desde La Habana a Madrid, por temor a quedarme dormido y no despertar. Es sábado, el lunes es mi último día. ¿Cómo será mi muerte? ¿Accidente? Una enfermedad fulminante ¡¿Y si estoy enfermo?! Nunca voy a ver al médico, quizás Pucha al abrazarme presintió el mal que me corroe por dentro.
No logro descansar. En la tarde salgo a dar una vuelta para no volverme loco. Me meto en un bar y bebo hasta que la cerveza me envía al baño, pero no estoy ebrio. ¡No! No me miren así, ¡No estoy borracho, estoy moribundo!
— Pues no lo parece — me dice el barman.
Cuando cae la noche bailo como un loco en una disco cualquiera, pero el Bacalao no logra desaparecer mi preocupación. Salgo del local y camino sin encontrar mejor lugar que un Puticlub. ¡Siempre pensé que estas putas son demasiado caras! Pero ya no tiene sentido escatimar el dinero. ¡Total, lo que deje no me lo van a echar en la caja! ¿La caja? El recuerdo de Triniá dentro de la caja me quita el calentón y sin dar explicaciones me pongo nuevamente la camisa y salgo dejando a la señorita a medio desvestir sobre la cama. Desde el final del pasillo la veo encoger de hombros sin decir adiós. Lo importante es que ya cobró.
La noche continúa entre botellas con el día siguiente y con la otra noche y así cuando aparece el lunes entre un mar de vidrios rotos y vacíos puedo esperar tranquilamente a la señora muerte.
Despierto de un salto. El mundo me da vueltas, me siento enfermo, ¡Me estoy muriendo! Siento ganas de vomitar. Corro. No llego al lavabo, el espejo está cubierto de vómito y este, en venganza, me devuelve mi más moribunda imagen. No lo limpio… ¿para qué? Que lo limpie el que venga atrás. Me vuelvo a sentar en la cama. Son las 9 de la mañana y no pasa nada. Me siento con ganas de morir, pero son solo ganas. Espero. Ya debía estar en el trabajo… de pronto se me ocurre una idea genial.
Entro a la oficina como un bólido.
— ¿Dónde está la jefa?
— Anda por ahí hecha una fiera. Mejor te escurres porque si se da cuenta que llegaste a esta hora…
— ¡Lo que le hace falta a esa jeva es un buen macho!
Mis colegas bajan la cabeza, quedan helados, con la vista fija en las pantallas de sus ordenadores. Por encima de mis hombros percibo el resplandor de los rayos que salen tras de mí. Me vuelvo.
— ¿Coño mami? ¿No te alegras de verme?
— ¿Ha bebido usted?
— No, me estoy muriendo y como uno no se muere todos los días no quería irme de este mundo sin decirte unas cuantas verdades…
Mi jefa está buena. Esa es mi desgracia. Vivo rodeado de mujeres buenas que no me pertenecen, mientras un servidor va masturbándose por la vida. Le he dicho todo lo que siento, he lamentado profundamente que ella esté con esa mierda que le cuelga del brazo al que no se puede llamar marido y que es para colmo más feo que yo. — Por eso siempre tienes siempre tan malas pulgas María, porque te quedas siempre a medio comer…
Los securities han llegado más rápido que el final de mi discurso y he tenido que gritarle las últimas palabras. Afuera me espera un auto de policía, bromeo durante el trayecto pero esta gente no se ríe cuando está de servicio. De pronto me siento feliz. Sin este peso de culpas, ya me puedo dedicar a morir. ¡Coño! Tan fácil que es morir que hasta le entran a uno ganas de morirse y de repetir. Todo sería perfecto si no fuera por este inmenso dolor de cabeza… Ya cierro los ojos. Bueno señores, adiós.
La luz me da en la cara. No sé cuanto tiempo ha durado el viaje a la eternidad. Frente a mí una silueta.
— ¿Estoy en el cielo? ¿Eres Dios?
— No. Soy tu abogado.
— ¿Abogado? ¿Y para qué tanta formalidad?
— ¡Vístase! No podemos llegar tarde a la Vista. El juez no creería que ha estado usted durmiendo trece días seguidos.
