Ahora que la Xenofobia se ha puesto de moda, ahora que los españoles han descubierto que están “a la cabeza del mundo” – dicen las malas lenguas que de piojos-, no queda más remedio que ser pragmático y reconocer en el espejo al eterno inmigrante que, entre otros defectos, ha venido a “robarle el trabajo a los nativos y aprovecharse de las ayudas del estado”. Claro que la memoria, que es una cabrona, trabaja siempre de manera selectiva y de nada vale recordarle a un gallego que España hasta hace poco era un gran exportador de gente. ¿Sería pedir demasiado que se incluya la frase “hacer la América” en el programa de estudios español de manera que los gaitos del futuro conozcan mejor su propia historia?
Y eso es en la madre patria, en el resto de Europa ni te cuento. Hace un par de años un danés se ofendió porque hablaba de racismo y xenofobia en plural y hasta me invitó a mudarme a Copenhague. Gracias al cielo no lo hice porque hoy los inmigrantes se han cansado del paraíso y andan quemando autos y poniendo patas arriba aquella comarca.
Creo que finalmente he entendido la ventaja de haber nacido en una dictadura y es que acepto que la libertad no existe, se compra. Al menos con la que todos sueñan. Las leyes de la democracia son un espejismo más o menos maquillado, hecha por quienes puede pagar un buen escribano, hechas a la medida de su trasero. ¿Cuantas veces he oído y leído en estos días la frase de “hablaré con mi abogado” o “el artículo tal del código civil y mercantil establece…”. ¡Pobres! Si yo te dijera cómo y quien me trajo a mí a la madre patria flipabas, como dicen ustedes.
Emigrar es mejorar. Así de claro. El día que esa fórmula no se cumpla hay que hacer las maletas y regresar a casa. De nada vale engañarnos a nosotros mismos con falsas libertades, con sueños que nunca llegan y que al despertar sólo nos enfrentan a la pesadilla diaria de sobrevivir. Cualquiera que visite ciudades como Berlín, por ejemplo, dará de cara con cubanos que llevan veinte años en el país y no han pasado de camareros. ¿Vale la pena? ¿Tengo que decir públicamente lo que se gana de camarero en estos países? ¿Donde está la libertad de quien se levanta temprano en la mañana y obligado por las circunstancias tiene que ir a un trabajo que no le gusta y que no paga sus sueños aunque llueva, nieve o estén cayendo raíles de punta o peor aún con fiebres de 40 grados y permanecer allí hasta la noche en un ambiente enfermo, recibiendo patadas del gordo dueño de ese local de mala muerte donde ganan lo mínimo para sobremorir? He tenido esta discusión y me ha dolido decirlo:
- Colega, usted ha perdido 20 años de sol por aferrarse a una quimera. Coja el próximo avión a La habana a ver si al menos si no recupera los años perdidos, al menos recupera color.
¿A dónde va este comentario? ¡Ah ya empecé hablando de la xenofobia y el pragmatismo del inmigrante. El emigrante sacrifica mucho, deja atrás familia, cultura, paisajes, historia, luz, amistades; pero aún así el resultado en la balanza tiene que ser positivo. De otra forma no vale la pena: Recordar la fórmula: Se emigra para mejorar.
Tienes mucha razon en lo que dices.Nosotros los cubanos muchas veces no estamos preparados para emigrar ,sobretodo hacia Europa,muchos no traen una profesiòn,ni un oficio,no saben hacer nada ,ni saben como se enciende una computadora,ni se han interesado en aprender bien la lengua del paìs anfotriòn,sin contar los malos vicios traìdos de Cuba.Entiendo los de otros paises menos preparados todavìa para un cambio asì.A veces la voluntad no basta,a veces la voluntad vence todos los obstàculos.Emigrar es un trauma que no todos pueden superan y al que nadie tiene todas las respuestas.Para mi existe una sola,en España vive de español,en francia de francès,en italia de italiano,en China de chino,de lo contrario con la escusa cultural,serás siempre en contracdiccion,de Cubano puedes vivir solo en Cuba,al menos eso pienso…..