
“Quién será más de culpar
aunque cualquiera mal haga:
La que peca por la paga,
o el que paga por pecar?”
Sor Juana Inés de la Cruz
Me han llamado por mi nombre, es mi turno. Ante mí, Dios; a su derecha… bueno ustedes saben quienes se sientan a la derecha del padre y a la izquierda y…
- Diga su nombre ciudadano.
- Yo no tengo nombre. Es decir, tuve uno como todo el mundo, pero con ese no llegué muy lejos, todo lo que hice fue trabajar como un animal sin obtener nada a cambio. Por eso lo enterré; porque el mundo es una mierda, sabe usted.
Se queda mirándome, como si yo fuera sólo un insecto al que aniquilará de un manotazo repentino. Se acaricia la sedosa barba, ya sé lo que va a hacer contigo.
La escena es fácil de imaginar: Sobre la arena el sol raja las piedras. Bajo el toldo la hilera de banquetas permanece siempre vacía. Yo ocupo como siempre mi lugar detrás de la barra. A falta de clientela, paso el trapo una y otra vez vacilando de guilleten las Yumas en topless.
- ¡Manolo! el mundo es una mierda asere.
- Dió sabe lo que hace moreno.
Nuestra charla siempre versa alrededor de lo mismo. ¡No es justo, el mundo no es justo Manolón!, ¡Dios es un comemierda! y él que no, que Dió tiene sus misterios. Este andalú sabe una pila de cosas, se hace el muerto pa´ ver el entierro que le hacen; pero yo sé que es un cabrón. Desde que llegó a principios de diciembre, se ha metido todos los días sentado en la banqueta de la esquina, de frente a la playa, vacilando una cerveza tras la otra. A veces levanta la cámara fotográfica y saca una foto a las chicas o a los chicos… ¿será maricón el viejo este? Mejor me ando con cuidado.
Yo sabía que él quería preguntarme algo; por eso aquel día lo invité, porque el alcohol es lo mejor que hay pa´ soltar la lengua…
- Gallego, pa´ que veas que tú me caes bien: hoy invita la casa – total, la casa no es mía. Puse un CD en la barra y sobre él una cerveza – Hace un calor del carajo hoy ¿no?
- Moreno, ¿qué sabes tú de aquella chica?
- ¿Y de donde voy a conocer a una yuma yo, que a donde más lejos he llegado es a esta barra en la playa, gallego?
Es bonita, aunque un poco bajita para mi gusto. Puede parecer cubana a primera vista, pero no creo que lo sea; la policía no le ha molestado y que nadie se equivoque, esto está lleno de nagües. Lo extraño es que estando esto lleno de canadienses buenas y alemanas grandes, que andan todas sueltas y sin vacunar con sus tetas al aire; se venga a fijar en una latina revigía. Bueno, para gustos se han hecho los colores, pero habría jurado que este gallego – como todos – caería tras el culo de una mulatota cubana.
No dijo mucho más. Pero bebió tanto que iba dando tumbos cuando dejó la barra a la caída del sol; dejando olvidada la cámara en el bar. Mañana seguro viene a por ella, mientras tanto yo la guardo junto con el dinero de la recaudación y cuando se la entregue a lo mejor me deja caer algo. Je je… Aquí hay que andar a la viva que el que pestañea pierde. Tomé la cámara al parecer por donde no debía pues esta lanzó un “bip” y dejó ver en la pantalla con todo detalle los hermosos senos de alguna de las rubias de la playa ¡Qué cabrón el viejo!. La foto era magnífica, ponía al descubierto todo lo que por prudencia no había podido yo pormenorizar desde mi posición: el pezón firme, la aureola rosada que lo rodeaba, el seno firme, velado por una fina capa dorada de vellos que brillaban bajo el sol. Sentí curiosidad ¿Quién no? Por eso disimulé la cámara entre las botellas que debía guardar en el pequeño almacén y una vez allí, sentado sobre las cajas vacías saqué la cámara y me dispuse a disfrutar del espectáculo. Desgraciadamente la segunda foto me sorprendió desagradablemente.
Continúa…